El académico fervor de Pérez-Reverte

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texto MILO J. KRMPOTIC' foto MARIO KRMPOTIC'

Los hombres buenos son dos y su ansia de iluminación, en las postrimerías del siglo XVIII, los va a llevar por senderos tan terrenales como tortuosos. Se trata del bibliotecario Hermógenes Molina y del almirante Pedro Zárate, miembros ambos de la Real Academia Española, y su misión consiste en recorrer las 265 leguas que separan Madrid de París para, una vez en la capital francesa, hacerse con la primera edición de la Encyclopédie de D’Alembert y Diderot, ni más ni menos que veintiocho volúmenes, y conducir esa llama del saber universal a la institución a la que pertenecen.

A este lado de los Pirineos, no obstante, Carlos III se convertía en símbolo del despotismo ilustrado. Y como el despotismo ilustrado podía pretenderse lo segundo pero no dejaba de resultar lo primero, las fuerzas amigas de mantener una cierta oscuridad contratarán a un sicario de nombre Pascual Raposo para evitar por todos los medios que Molina y Zárate puedan llevar su misión a buen puerto.

Aventuras, historia y ansia de saber son, pues, los tres elementos principales de Hombres buenos, una novela que nos sumerge en ese París fascinante (pero también lleno de peligros) donde las tertulias filosóficas en los salones se daban la mano con la vida libertina, y bajo cuya superficie se iban gestando los movimientos que conducirían a la Revolución, episodio que marca un antes y un después en la historia de Occidente. Todo ello contado por ese espadachín de nuestra narrativa que es Arturo Pérez-Reverte.