Manuel Ayllón se asoma a la muerte de Lorca

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texto de ANTONIO ITURBE

Ayllón se acerca a la figura de García Lorca con tiento, incluso con ternura en algunos momentos, pero sin afán mitificador. Lo mismo vemos al poeta brillando ante un auditorio entregado que en la trastienda de su cotidianidad atacado por la inseguridad con descomposición intestinal. Nos muestra cómo el ambiente enrarecido de un Madrid donde la tragedia se palpa en el aire lo impulsan a volver a Granada en julio del 36, de donde ya nunca regresará. Un retrato cercano, desde múltiples ángulos, apoyado de una tarea de documentación, que nos devuelven la figura de uno de los grandes artistas que la guerra incivil le arrebató al siglo.

 

¿Cuál es su vinculación emocional con Federico García Lorca?

Ninguna, salvo el respeto y admiración a su producción literaria. Que haya abordado su muerte en mi novela es consecuencia de la relevancia del suceso y del misterio que siempre ha rodeado ese crimen. Pero esta novela pretende ser una obra donde García Lorca es uno más de los muchos que murieron en Granada en aquellos siniestros  días por sus convicciones políticas, aunque no sea estrictamente esa la causa del asesinato del poeta.

 

 

¿Hubo otros mártires olvidados? 

Que Lorca sea el más famoso de entre ellos no le da mejor lugar en el martilorogio de aquellos que perdiendo lo mismo que él, la vida,  se vieron privados además del nombre y del recuerdo. Personas como el periodista Ruiz Carnero,  el político Virgilio Castilla, el catedrático Palanco, el rector Salvador Villa, el ingeniero Santacruz, el general Campins y tantos más…hasta mil quinientos, son aquellos a los que hoy, salvo sus deudos, nadie recuerda…y para los que he escrito esta novela.

 

Es una novela, pero la documentación es importante ¿Qué materiales ha manejado?

Este es un trabajo de años donde he repasado prácticamente toda la bibliografía al respecto, ciertamente muy contradictoria,  y también fuentes documentales directas, hemerotecas, archivo histórico del Ejercito y de la Policía, tesis doctorales, cartas personales de algunos protagonistas, relatos de familiares directos de algunos de los fusilados, y mi propio archivo personal, pues mi familia viene de Granada. Debo decir, no obstante, la importancia para mi documentación de la investigación realizada por Molina Fajardo, tal vez la mas ajustada a la verdad, y la que realizó Miguel Caballero al respecto de los intereses e historia de la familia de García Lorca, primero, y sobre sus últimas horas, después.

 

 Se ha glosado mucho la figura de Lorca… ¿Qué aporta de novedoso su mirada?

 Ciertamente me he procurado una cierta distancia emocional con respecto al poeta porque  creo que con él se ha practicado más la hagiografía que la biografía. Su recuerdo y             conocimiento  es un constructum que, literatura aparte,  idealiza y mitifica un crimen hasta convertir a la victima en una leyenda. García Lorca, a mi entender, es un hombre de claroscuros, con dudas, con muchos miedos, de carácter débil, pusilánime y que pasea por una España convulsa huyendo de un compromiso inequívoco.

 

¿Ha querido huir de la mitificación?

Lorca no es el hombre construido por la mucha propaganda innecesaria que ha caído sobre sus espaldas; él es más sencillo, en nada heroico, desconcertado y con miedo. Buena prueba de ello es la entrevista que concede el 10 de junio de 1936 a Luis Bagaría en El Sol pocos días antes de salir hacia Granada donde requerido por el periodista sobre cuál es su partido dice que “El mío es el partido de los pobres… pero de los pobres buenos”. Con eso está todo dicho. He pretendido un acercamiento al poeta y a su muerte desde una posición ecuánime, no comprometida más que con los hechos, y ajena tanto a los panegíricos al uso como a las descalificaciones injustificables. He  narrado la historia de un hombre sin culpa al que las terribles circunstancias de un golpe de estado llevaron a una muerte sin más sentido que la venganza de culpas que no le correspondían.

 

Usted ya era un buen conocedor de los últimos momentos de Lorca. Pero hay algo que le haya sorprendido en su indagación?

Sí, sin duda la extrema crueldad que se le practicó y, también, la sorprendente celeridad con que perpetró el crimen, poco más de dieciséis horas entre el arresto y la muerte. Él, y sólo él, comprendió en aquella inmisericorde noche por qué moría. Saberse llevado al Gobierno Civil en el coche de Trescastro, el abogado del archienemigo de su padre, Roldán, fue la primera luz de aquella revelación. Ver que sus amigos falangistas no le pueden sacar del apuro y que al frente de la siniestra oficina se encuentra esa noche un guardia civil, Nicolás Velasco Simarro, que años atrás ya le denuncio por su Romance de la Guardia Civil, le va preparando para una muerte en que el último disparo sale de un arma que lleva un pariente suyo, Antonio Benavides Benavides.

 

¿Podría decirse que su muerte se debe al cruce de adversidades?

Eran tiempos de muerte fácil y él, entonces, no tuvo suerte; había muchos intereses cociéndose tras él. Cedistas contra falangistas, las familias de la Vega contra la de su padre, su propia imprudencia al retratar en La casa de Bernarda Alba las vergüenzas  de sus parientes del campo, su condición homosexual rechazada por tantos, todos esos y un cúmulo de casualidades fatales fueron los mimbres que tejieron el cesto por el que se le escapó la vida.

 

¿Tiene la impresión de que si Lorca se hubiese quedado en Madrid se habría salvado?

Sin duda. Era amigo de todos y nadie quería dañarle; en Madrid era un escritor respetado. Si hubiese permanecido en Madrid habría salido pronto hacia México, como tenía previsto, donde le esperaba Margarita Xirgú para después viajar a Argentina. Su intención era quedarse allí para siempre. De hecho él compró billete para salir en barco desde Cádiz el día 16 de agosto, precisamente el día que le detuvieron en Granada.

 

En el debate sobre la localización y exhumación de los restos de Lorca ¿Está a favor o en contra?

A favor, claramente y sin reservas. Resulta injustificable que no se hayan exhumado todavía, y más con la propaganda, esfuerzo y dinero aplicados, pero más injustificable aun es que su familia, la poderosa e influyente Fundación, se oponga radicalmente a ello. ¿Por qué? ¿Qué de malo o peligroso tienen esos huesos tan llorados? Sobre ese misterio y las razones que no se explican nunca claramente para oponerse a la exhumación estoy preparando otro trabajo que saldrá pronto.