Matías Candeira se pregunta cuánto pesan los muertos

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texto ANTONIO ITURBE  foto DAVID CAMPOS

Matías Candeira, una de las voces emergentes de la narrativa española, ahonda en Fiebre en uno de los temas predilectos de la literatura de las últimas décadas: el duelo. La novela arranca con un hombre a punto de morir en un hospital y la turbación del hijo, Caníbal. Su padre nunca quiso ejercer de padre y, tras el fallecimiento, va a iniciar una indagación que el narrador califica de “autopsia blanca”, una disección de sí mismo que no le ofrece respuestas a esa frialdad y distancia. Caníbal no es tampoco alguien corriente. Tiene una irresistible atracción hacia lo ritual y posee una sensibilidad que le hace tener una percepción de cercanía con el mundo animal nada común.

La novela tiene el toque de opresión atmosférica y la pincelada de poesía narrativa que van conformando las señas de identidad de la narrativa de Candeira. Nos movemos siempre en una ciudad sin nombre, en sitios que en realidad son no-lugares: un hospital, la casa de Caníbal, que en realidad es el piso de su primera novia, muerta poco antes de casarse... La búsqueda de respuestas sobre su padre llevan a Caníbal a un camino que nos adentra en la novela negra con ribetes fantásticos, pero también nos acerca al erotismo, el viaje, lo inquietante... El autor no ve del todo mal la comparación con las atmósferas al estilo David Lynch y reconoce una influencia importante de Kafka, pero también de poetas de estilo narrativo como Mark Strand. También del Melville de Bartleby: “El padre, al renunciar a su función de padre, tiene algo de ese ‘preferiría no hacerlo’”. La faceta de guionista de Candeira también le sirve para trabajar con escenas muy visuales e intensas que dotan a la historia de un aire cinematográfico, como si trabajara por tomas.

Candeira comenta que “es una narración donde se puede sentir el peso de los muertos”. Respecto a las intenciones, señala que quería reflexionar sobre “cómo el personaje necesita un relato del padre para que llene ese vacío, cómo necesitamos la ficción para rellenar los huecos”. Esta es su primera novela tras haber cosechado críticas muy positivas con sus anteriores libros de relatos y lo ha hecho con un relato complejo de largo aliento que resulta arriesgado y perturbador. Afirma que: “los escritores nos tenemos que buscar las vueltas”.

La novela es fruto de la II beca Han Nefkens de creación literaria, en colaboración con el Máster de Creación literaria de la Pompeu Fabra codirigido por José María Micó y Jordi Carrión junto a la editorial Candaya, que publica el libro. Carrión se mostró muy contento por el resultado de la obra, que calificó de “novela mutante”. La beca ha consistido en una dotación de 16.000 euros para que el autor pudiera dedicarse en exclusiva a la escritura de la novela durante año y medio, además de una matrícula gratuita en el Máster y la edición del libro en Candaya. El escritor, coleccionista de arte y mecenas Han Nefkens, que apoya con entusiasmo diversos proyectos culturales en Barcelona, se mostró también muy satisfecho con el resultado final de la novela becada y se mostró feliz de poder “ayudar a escritores para que puedan crear con la tranquilidad suficiente”. Lástima que no cunda el ejemplo de Nefkens entre la gente con posibles de este país.