Un Baroja inédito a la altura de la leyenda

título Los caprichos de la suerte

autor Pío Baroja

editorial Espasa

216 págs. 19,90 €.

 

Harto de la guerra y enemistado con los dos bandos, el periodista Luis Goyena y Elorrio decide escapar a París y pasar allí un tiempo antes de mudarse a América. En la capital francesa inicia amistad o se reencuentra con otros “turistas de ínfima categoría”, e intentará esclarecer su relación amorosa con Gloria, una chica recién separada de su violento marido.

 

PÍO BAROJA (San Sebastián, 1872–Madrid, 1956) es uno de los escritores españoles más destacados. Estudió medicina, que apenas ejerció. En 1935 ingresó en la RAE. Su obra literaria abarca más de cien libros (novelas, cuentos, ensayos, memorias) y ha sido fuente de inspiración para muchos novelistas (Zunzunegui, Mendoza, Sánchez-Ostiz…).

 

Pocos novelistas clásicos resultan hoy tan modernos como Pío Baroja (“El viejo oso vascongado, el escéptico y tierno, el humilde y decente, el íntegro, el burlón”, como lo define Camilo José Cela en una de las semblanzas que recoge su Recuerdo de don Pío Baroja, recién aparecido en la exquisita Fórcola y de lectura recomendable). Su sinceridad a la hora de contar, el impresionismo con que describe tipos y paisajes, la maestría de sus diálogos, que le sirven para dar ritmo a la narración y desnudar el alma de los personajes, el gusto por la frase corta y el párrafo breve, la expresión ágil, espontánea, carente de adornos “y recovecos retóricos”, y, por qué no decirlo, sus peculiares descuidos gramaticales, son rasgos de una viva y limpia escritura apenas empañada por el paso del tiempo. La confección de sus novelas —y algunas de ellas, como Zalacaín el aventurero, El árbol de la ciencia o Las inquietudes de Shanti Andía representan lo mejor del género en España, eso por no hablar del gran interés que aún suscitan sus memorias Desde la última vuelta del camino— responde a su radical inconformismo, a su insobornable independencia, a un feroz desencanto sobre la condición humana que repinta con algunos brochazos de ironía melancólica. Baroja destila eso que se llama verdad literaria. Los caprichos de la suerte, escrita entre 1950 y 1951 e inédita hasta hoy, pone broche final a Las saturnales, trilogía sobre la Guerra Civil, formada también por Miserias de la guerra y El cantor vagabundo. Estructurada en seis partes, de tono claramente noventayochista la primera, y cada una de ellas dividida en capítulos cortos de irregular extensión (técnica típicamente barojiana), la novela parece concebida con esa falta de planificación que proyecta en todos sus libros (“A mí me parece que las novelas que son como copia de la realidad salen mejor”, le confiesa Baroja a un joven Cela en el libro antes citado). En ella, el donostiarra continúa haciendo inventario de los horrores de un pueblo —que parece anclado en la Edad de Piedra— mediante las peripecias, los paseos (en pocas novelas como en las de Baroja se camina tanto y de forma tan interesante) y las conversaciones de un manojo de almas que, trazadas con mano maestra (algunos personajes como Abel Escalante o Luis Carvajal, y escenarios como el Hotel del Cisne, son ya viejos conocidos para el lector barojiano, pues su obra está llena de concordancias internas), parecen vivir al albur de esa “suerte, que no existe, pero que funciona en la vida como si existiera”. LORENZO RODRÍGUEZ GARRIDO

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