Yasmina Khadra ya no es un “cabronazo”

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texto y foto ANTONIO ITURBE

El excomandante del ejército argelino presenta A qué esperan los monos (Alianza)

Yasmina Khadra ha estado estos días en España coincidiendo con el lanzamiento de la traducción al catalán de A qué esperan los monos (Què esperen els micos, también en Alianza) y ha desgranado algunos jugosos detalles sobre la peripecia que lo llevó de ser un oficial del ejército argelino a convertirse en un escritor traducido en 45 países.

Hijo de una mujer nómada bereber y de un enfermero del ejército, fue inscrito en la Escuela Nacional de los Cadetes de la Revolución con 8 años. Allí se formó y vivió los duros años de enfrentamiento militar entre el gobierno del Frente de Liberación Nacional, que había llevado al país a la independencia colonial de Francia, y los islamistas del FIS. Pero por dentro le pugnaba la pulsión literaria y, a los 18 años, empezó a escribir novelas, aunque tardó varios años en publicar.

Explica con sorna que esas primeras obras le trajeron complicaciones en el ejército. “Después de publicar una novela me hicieron una entrevista que se publicó con fotografía en el periódico. Mi jefe se puso como loco al ver allí, en el periódico que desplegaba cada mañana junto a la bandeja del desayuno, a un subordinado. En diez años me cambiaron once veces de destino. Iba de aquí para allá sin darme tiempo a adaptarme a ninguna parte”. Explica que “me impusieron un comité de censura militar. Pero lo peor fue mi propia autocensura al saberme observado por los mandos”. Fue entonces cuando decidió empezar a publicar con pseudónimo. Su esposa le dijo: “Tú me has dado tu apellido para la vida, yo te voy a dar mi nombre para la posteridad”. Y añade con humor: “Ella no es muy romántica, pero esta es realmente una frase preciosa”. Pero se pone serio al decir que “utilizar ese pseudónimo es un homenaje a mi mujer, que ha asumido los mismos riesgos que yo. Y un homenaje a todas las mujeres argelinas, que sufren en una sociedad machista”.

“La fabulación sobre el pseudónimo me salvó. Se especulaba si era judío, francés… si era un traidor. La gente andaba despistada. Y resultaba que yo estaba en el ejército. Algunos oficiales me preguntaban arrugando la nariz sobre ese autor misterioso y yo respondía «¡Es un cabronazo!». Algunos dentro del ejército empezaron a recelar de que pudiera ser yo, pero entonces decían: «No, no puede ser que tenga tanto talento»”.

En el año 2000, el comandante Mohammed Moulessehoul abandonó el ejército y Yasmina Khadra salió a la luz, con notable escándalo. Actualmente vive en Francia. Fue director del Centro Cultural Argelino de París, pero su inesperado paso al frente para presentarse como candidato a la presidencia de Argelia en las pasadas elecciones supuso su cese del cargo. Novelas como Morituri, Las golondrinas de Kabul o El atentado lo han situado como una de las voces que con mayor agudeza está retratando la sociedad de Argelia y Oriente Medio. Comenta divertido que “cuando llego a Argelia soy como una estrella del rap. La última vez había tanta gente que la policía creyó que era una manifestación no autorizada”. Pero no todo el mundo está de su lado, claro: “Soy un personaje molesto para el régimen. Temen a una persona que actúa como la conciencia del país”.

A qué esperan los monos es una novela negra en la que la comisaria Nora Bilal ha de resolver un turbio caso de asesinato que salpica a las elites políticas, metidas en la corrupción hasta las orejas. Además de enfrentarse a los problemas del caso, ha de luchar contra la dificultad de ser una mujer –y lesbiana– en una comisaría de hombres con una mentalidad de machos en celo permanente. A medida que se va deshaciendo el embrollado nudo del caso, el autor hace una radiografía de la sociedad argelina. Aunque nos parezca una sociedad muy distinta a la nuestra, los problemas se repiten: el gobierno también tiene un afán por privatizar los servicios públicos, y allí se privatiza incluso el depósito de cadáveres.

Su mirada hacia la intelectualidad es bastante ácida. Escribe que “cuando dos intelectuales argelinos se entienden, siempre le toca recibir a un tercero”. Sin embargo, en persona es más optimista respecto a la situación cultural en el país: “Hace diez años, la feria del Libro de Argel estaba dividida entre literatura general y libros islámicos. La parte de literatura islámica estaba muy concurrida y no había casi nadie en la otra. Ahora eso se ha equilibrado e incluso hay más gente interesada en la literatura que en los libros islamistas. Eso es algo muy positivo y hace que uno vea el futuro con más optimismo”.