Fin de curso con Virginia Woolf en el recuerdo

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texto NATALIA NOGUERA foto SEIX BARRAL

“Los edificios se caen, incluso la tierra perece. Lo que ayer era un campo de maíz es hoy una cabaña; pero las palabras, si se utilizan correctamente, parecen capaces de vivir para siempre". Virginia Woolf conocía el poder del lenguaje. Y Elena Ramírez, la directora editorial de Seix Barral, echó mano de esta heredada potestad en su breve presentación del fin de curso editorial.

Durante el ya tradicional encuentro, la editora repitió esas palabras en el discurso de agradecimiento dirigido a escritores, agentes literarios, editores y periodistas, y ofreció un recuento de los autores que han pasado por su casa literaria, desde los más nuevos hasta los consagrados: Juan Vico, Elvira Lindo, Eduardo Mendoza, Enrique Vila-Matas… además de ofrecer un panorama de las propuestas que llegarán en septiembre: la chilena Paulina Flores y el regreso a la ficción de Jonathan Safran Foer, por mencionar un par.

El aniversario número 75 de la muerte de la escritora británica sirvió como pretexto para que personalidades del mundo de la literatura española se encontraran en el patio del Claustro de Santa Isabel de Barcelona, con el fin de hacer balance antes de las vacaciones veraniegas, y compartir tentempiés, cava y bebidas. Justo en el centro del patio, como sirviendo de aliciente para las conversaciones, sobre un escritorio reposaban algunos ejemplares de Horas en una biblioteca, una compilación de ensayos de Woolf que dan cuenta de su faceta más crítica. La selección, traducida por Miguel Martínez-Lage, incluye piezas sobre textos de Dostoievski, Joseph Conrad y Jane Austen.

Al encuentro asistieron los escritores Ignacio Martínez de Pisón, Gabi Martínez, Enrique Vila-Matas, Matías Néspolo, Sergio Vila-Sanjuán, Juan Vico, Cristina Morales, Clara Usón y Jorge de Cominges, entre otros, así como los editores Luis Solano, Malcom Otero, Eduardo Hojman, Juan Milá… y los de la casa anfitriona, con Elena Ramírez, Teresa Bailach y Pere Gimferrer a la cabeza. En espera de próximos reencuentros, nos quedan varias “horas Woolf” para leer en vacaciones.