John Connolly: “Leer el ‘Código da Vinci’ es como comerte un Happy Meal del MacDonald’s: te quedas con apetito y un poco avergonzado”

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texto SABINA FRIELJUDSSËN

El maestro de novela negra Ernesto Mallo debate sobre realidad ficción de la narrativa policiaca con la comisaria de los Mossos d'Esquara, Cristina Manresa


 

El primer escritor en subirse a la tarima del festival de novela negra de Barcelona fue John Connolly. Llegó a la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona desplegando su simpatía irlandesa y demostró que en España se siente como en casa: en lugar del botellín de agua destinado a los ponentes, optó por un vaso de vino de tinto de la tierra. Conversó con el periodista y crítico de novela negra del diario El País, Juan Carlos Galindo. Connolly se extrañó de que los lectores –la sala con capacidad para 250 personas estaba a rebosar- lo siguieran con tanta devoción: “por raro que sea el libro que escribo, los lectores me siguen. ¡Cuanto más raro es el libro que hago más le gusta a la gente!”. Señaló que el protagonista de sus novelas, Charlie Parker –un investigador torturado por la muerte de su familia- “defiende la justicia y la decencia. Son libros oscuros, pero que siempre tienen una ventana a la esperanza”. Aunque apuntó que “Charlie Parker tiene un fondo de bondad pero no es un buen hombre. El último buen hombre que hubo en la Tierra murió clavado en una cruz”.

Al comentarle Galindo que había quien criticaba el exceso de violencia en sus libros, Connolly aceptó que podía ser cierto: “la violencia en los libros no es una ciencia exacta. A veces, uno se pasa de la raya. Sin embargo, nos culpan a los lectores por la violencia que hay en los libros, pero he recibido quejas porque eran demasiado suaves. ¡Es que los lectores la piden”. Con mucho sentido del humor dijo que le debía bastante dinero al escritor norteamericano Michael Connelly, porque muchos lectores compraban sus libros creyendo que eran de Connelly. Y, al relatar su gira promocional por Estados Unidos, en la que coincidió con la salida de El Código Da vinci, comentó jocosamente que “Leer El Código Da Vinci es como comerte un Happy Meal del MacDonald’s: te quedas con apetito y un poco avergonzado”. Una gran cantidad de lectores, algunos de ellos con varios de sus libros, hicieron cola para tener una dedicatoria de este autor de simpatía arrolladora.

El sábado, el escritor y comisario del festival Buenos Aires Negro, Ernesto Mallo mantuvo un vis a vis con la comisaria de los Mossos d’Escuadra Cristina Manresa. De pie sobre el escenario, en un formato cercano al monólogo a dos, mostraron al público la perspectiva del escritor de novela policiaca y la del policía. El resultado fue una disertación con mucho ritmo y muchas frases jugosas. Mallo afirmó que “La vida no tiene lógica ni sentido, pero la novela sí ha de tenerlo”. La comisaria Manresa fue tajante al afirmar que “es una falacia creer que se puede acabar con el crimen. Con represión policial la delincuencia nunca va a desaparecer. No se trata de eliminarla sino de controlarla”. Y Mallo apuntó que, puesto que no se puede acabar con los delincuentes, lo que hay que hacer es tener delincuentes de buena calidad: “en los sitios donde se pasa hambre, es más fácil que te maten. En los sitios más acomodados, es más probable que te estafen. Mejor que te estafen que no que te liquiden. Así que si mejoramos la calidad de vida de las personas y de la asistencia social, tendremos mejores delincuentes”. Y, naturalmente, el delincuente con dinero se libra mejor que el que no lo tiene: “las cárceles están llenas de tontos y de pobres”.

Mallo se puso serio para hablar de lacras como el narcotráfico o la trata de personas, que es un problema gravísimo del que se habla menos de lo que se debiera: “La esclavitud se abolió con una declaración hace doscientos años, pero nunca ha habido más gente en situación de esclavitud que ahora”.

Cristina Manresa, partidaria de una policía con más cabeza que armamento, señaló que “la mejor intervención policial es la que no se hace” y puso el acento en una policía donde la prevención y la mediación sean fundamentales.

 

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