La Alemania nazi: aviso a navegantes de la ultraderecha populista

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texto JOSÉ ÁNGEL LÓPEZ

Tres libros de primer nivel que acaban de publicarse nos cuentan por qué Hitler llegó al poder y Europa explotó.

Con toda probabilidad la Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial sean los acontecimientos sobre los que más material bibliográfico se ha generado durante décadas-incluso más abundante que el acumulado en torno al Imperio Romano- Sin embargo, bien por mor de la labor en nuevos archivos documentales-institucionales o personales- bien por la incorporación de nuevas generaciones de historiadores ávidos de descubrimientos de nichos poco explotados, seguimos recibiendo nuevas aportaciones de gran interés en torno al tema.

El amargo sabor de la victoria. En las ruinas del Tercer Reich, Lara Feigel (ed. Tusquets) presenta un enfoque muy interesante y poco desarrollado hasta la fecha, reflejar la situación de la caída de Alemania y su situación hasta 1949, con el inicio de la Guerra Fría vista por los ojos de unos peculiares testigos: un grupo de intelectuales que ejercieron de testigos-a modo de reporteros de guerra- de las ruinas en la que quedó convertida la, hasta entonces, invencible Alemania. Personajes de la talla de Dos Passos, Hemingway, Erika Mann, Orwell, Marlene Dietrich o Billy Wilder acudieron con las tropas aliadas en su entrada al “territorio maldito” no quisieron perderse un acontecimiento histórico de aquella magnitud. Observar en directo el grado de devastación material y de degradación moral de un pueblo que había propiciado y participado en un fenómeno como la aparición y el auge del nazismo resultaba una ocasión histórica irrepetible para saciar la curiosidad intelectual de estos y otros integrantes de la vida cultural del momento. Miller o Gellhorn se preguntaban “de dónde había salido tanta maldad y en qué medida todos los alemanes eran responsables, o al menos cómplices, del horror” después de ver los cadáveres amontonados en los campos de concentración; mientras tanto Marlene Dietrich, enviada por su nuevo país de adopción-Estados Unidos- decía a los reporteros al llegar allí que “supongo que Alemania se merece todo lo que le suceda” La autora desgrana de forma amena y erudita los diferentes períodos por los que pasa, en pocos años, el Estado derrotado: la derrota final y el descubrimiento del horror “fuimos ciegos e incrédulos y lentos”; las ruinas y la reconstrucción; los juicios y el hambre; la tensión y el renacimiento y , finalmente, la división de Alemania. Todo, de la mano de este selecto grupo de espectadores.

Entre los componentes de la nueva generación de historiadores incorporada a los ya estudiosos clásicos del tema del nazismo y su protagonista-Adolf Hitler- encontramos a Henrik Eberle y Matthias Uhl. Prologados por uno de esos autores clásicos, Richard Overy, acaban de publicar en su edición en español El Informe Hitler. El dosier secreto elaborado para Stalin (ed. Tusquets) Producto de un documento de más de quinientas páginas que estuvo durmiendo el sueño de los justos en los archivos del Partido Comunista de la Unión Soviética hasta el año 2004, cuando fue encontrado y trabajado por el historiador alemán Uhl, la copia literal del documento original-cuya veracidad ha sido constatada por los historiadores rusos- ha permitido el acceso a un texto inalcanzable para ningún historiador extranjero, por encontrarse en el archivo del Presidente de Rusia. El denominado como Informe Hitler fue producto de una orden directa de Stalin: constatar por parte de agentes del NKVD-servicio secreto soviético- la muerte de Hitler. El resto fue producto del azar. El encuentro fortuito con dos ayudantes personales de Hitler que participaron en la incineración de su cadáver después de su suicidio, entre la diáspora de los prisioneros alemanes capturados por las tropas soviéticas, permitió saciar la inmensa curiosidad de Stalin sobre la figura de su máximo rival. Hasta 1949 los mencionados ayudantes de Hitler estuvieron detallando los principales elementos característicos del personaje desde 1933 hasta su muerte: desde una perspectiva político-militar pero, también, con los detalles más personales, privados y hasta íntimos. A Stalin le interesaba conocer detalles sobre los gustos musicales de su oponente, su dependencia de los medicamentos, la relación y opinión que tenía sobre Mussolini, Franco o Chamberlain y qué tipo de relación tenía con las mujeres. A modo casi de un thriller, con un componente cinematográfico innegable transcurren las páginas de este libro, con un predominio del diálogo más propio de las novelas que de un ensayo histórico muy recomendable.

Por último, no por ello menos relevante, encontramos la monumental obra de Nicholas Stargardt La Guerra alemana. Una nación en armas (1939-1945), ed. Galaxia Gutenberg

Pese a que el autor se había prometido no escribir más sobre el tema después de haber publicado Witnesses of War, con este nuevo trabajo pretendía “cómo sacar a la luz los temores y esperanzas de la sociedad de la que provenían los conquistadores y los verdugos para poder entender cómo los alemanes justificaron la guerra ante sí mismos”. De hecho el planteamiento del conflicto como algo de origen genuinamente alemán, cuyo régimen extendió a buena parte del continente europeo la guerra más atroz y los métodos genocidas absolutamente desconocidos por la humanidad, generaba una duda compartida por los historiadores y por la sociedad internacional: cómo y por qué la población alemana se embarcó en semejante proyecto de destrucción y, especialmente, su apoyo hasta la derrota final. El autor desmonta un mito extendido, la guerra fue impopular en sus orígenes y no gozó del apoyo mayoritario de la población alemana. No obstante queda evidenciado en el transcurso del trabajo que, con el transcurso del conflicto y la llegada de las victorias militares este apoyo popular fue creciendo entre capas más amplias de la sociedad. El principal valor del libro es, a mi juicio, la visión personal que del conflicto se extendía entre todos los actores del mismo desde sus más diversas perspectivas. No es una experiencia militar, desde la opinión de los combatientes; tampoco la experiencia de las víctimas civiles, ni de los grupos objeto de persecución de la demencia nazi. Tampoco de la población alemana ajena al conflicto durante los primeros años, fruto del desarrollo de la contienda militar en otros países. Es una extrapolación global, consecuencia de la aportación de testimonios provenientes desde todos los ámbitos sociales. Particularmente impactante resulta la lectura de los temores de la población alemana, especialmente la femenina, en los momentos de la inquietante espera ante la inminente ocupación soviética del territorio alemán, en el momento final de la caída del Alemania y la finalización de un conflicto salvaje y genocida.

Tres obras fundamentales que suponen un aviso a navegantes muy despistados en tiempos de auge de populismos salvadores en Europa y en otros confines.