Montero Glez y Pablo Iglesias hablan de libros

 

texto MONTERO GLEZ / REDACCIÓN   foto DANI GAGO

 

En el número de marzo de Librújula, el secretario general de Podemos cuenta que sigue releyendo “El guardián entre el centeno” y “1984”

 

El número 12 de la revista Librújula llega de la mano de Luis Landero en su portada. El escritor extremeño charla con Javier Pérez Andújar sobre su nuevo libro, La vida negociable. Levantamos el vuelo con Por el placer de hacerlo, de la mítica aviadora Amelia Earhart. Acompañamos al hispanista Ian Gibson hasta los pies de un toro de Osborne a pie de carretera, conversamos con el premiado y malhumorado Steve MacCurry, molesto por la polémica que levantó su uso no confesado del Photoshop. Viajamos hasta el Pirineo a los territorios de Luz Gabás. Conversamos en Burgos con Kirmen Uribe y en el espacio cibernético con Esther García Llovet. Nos colamos en el estudio del pintor Gonzalo Goytisolo y nos vamos hasta el espacio con una conversación con la divulgadora científica Dava Sobel. Y se reúnen, en sede parlamentaria, el escritor Montero Glez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, para hablar a fondo de libros. Reproducimos un extracto de esta larga conversación libresca en la edición impresa de Librújula.

Montero Glez: ¿El guardián entre el centeno es el libro que más veces has releído?

Pablo Iglesias: Sí y 1984 de George Orwell. Lo que más he releído han sido ensayos que es entonces cuando el diálogo es más bestial. El propio Lenin, por ejemplo. No es lo mismo leer a Lenin con catorce o quince años, cuando militas en las Juventudes Comunistas que leerlo cuando eres un dirigente político y dices, qué bueno, si esto es ahora todavía más valioso. Se entienden cosas... Otro de los libros que he leído más veces ha sido El Príncipe de Maquiavelo y por lo menos hay tres lecturas. La primera lectura friki de Maquiavelo, la de “...es mejor ser temido que ser amado”. La segunda lectura, ya como politólogo, ya en la Facultad haciendo el doctorado, recuerdo un curso en el que trabajamos a Maquiavelo con Fernando Vallespín y luego una tercera, una reciente, ya como secretario general de Podemos y la que más disfruté fue esa, la tercera. Además, una edición con comentarios de Napoleón que es una maravilla.

Montero Glez: ¿De Napoleón?

Pablo Iglesias: Sí, es una edición con los comentarios de Napoleón que él va haciendo mientras lee El Príncipe de Maquiavelo. Maravilloso. Es una edición que necesita a su vez ser editada para que un experto en la Revolución Francesa te aclare algunas de las alusiones que hace Napoleón. Porque Napoleón lo utiliza todo, lo mezcla todo en su propio beneficio.

Cabe aquí hacer alusión al ensayo de Pablo Iglesias dedicado al consejero florentino y que lleva por título Maquiavelo frente a la gran pantalla. Se trata de un homenaje a las amistades políticas peligrosas que con su fidelidad inquebrantable nos hacen compañía. Está escrito a base de ejemplos didácticos que vienen a demostrar que la política es algo más que un enjambre de instituciones estatales. Porque la política también existe en ese espacio generador de los imaginarios. Lo que sucede es que el cine ha sido secuestrado por una industria cultural que ha hecho de él un mero instrumento para despolitizar las relaciones. Sobre la vieja capa de Maquiavelo se van proyectando las películas y con estas cosas, seguimos preguntando a Pablo Iglesias.

Montero Glez: ¿Novela, ensayo, poesía, que preferencias tienes?

Pablo Iglesias: La literatura es como el cine, lo que te forma el espíritu y tu visión de muchas cosas. Además, pienso que la novela te puede llevar mucho más lejos que el ensayo en ciertas cosas. Me ha costado mucho leer poesía pero me gusta mucho escuchar poesía. La poesía se debe escuchar, no está pensada para ser leída, está pensada para ser recitada, para ser cantada. Mi padre recita muy bien. Ha sido actor de teatro y desde el principio me ha gustado mucho escuchar recitar. Desde pequeño me enseñaron a memorizar versos de Lorca o de Machado y eso ha hecho que, aunque leer poesía me convence menos, escuchar poesía me entusiasme.

 

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