La izquierda radical hizo posible la llegada de la democracia

 

texto JOSÉ ÁNGEL LÓPEZ  foto ARCHIVO

Varios libros radiografían el papel de la izquierda más combativa y, pese a su división, su papel decisivo en dar la vuelta al régimen franquista tras la muerte de Franco.

En Romper el consenso. La izquierda radical en la transición española (1975-1982) de Gonzalo Wilhelmi (ed. Siglo XXI), tras un serio trabajo de investigación doctoral de su autor, se rastrea en todo el conglomerado de movimientos de izquierdas -más allá del PCE- que componían una abigarrada, fragmentada y dividida oposición al franquismo.  Abarcaba a los movimientos estudiantiles, vecinales, pacifistas, feministas, obreristas, anticapitalistas  y organizaciones cristianas de izquierda, hasta alcanzar a las más diversas corrientes marxistas, libertarias, ecologistas, en defensa de las diferentes opciones sexuales y de los intereses de los presos comunes.

Dedicada a recordar la memoria de Yolanda González, asesinada en 1980 por miembros ultraderechistas agrupados en el grupo terrorista Batallón Vasco-Español, con veinte años recién cumplidos y cuyo “delito” era militar en grupos de este conglomerado de izquierdas. La auténtica sopa de siglas que desfilan por el texto de Wilhelmi evidencia la secular división de las fuerzas de la izquierda que, en los estertores del franquismo y durante los primeros años de la Transición, no ofreció una versión distinta a la que décadas antes había mostrado durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo. Por no mencionar el intento de unir a todas las fuerzas antifranquistas reunidas en 1962 en el Congreso de Munich -Contubernio según los propagandistas del régimen-.

Este trabajo constituye un serio y riguroso trabajo académico de un tema poco estudiado y analizado desde la Historia Contemporánea de nuestro país en el que desfilan grupos políticos, asociaciones que en su momento podían ser calificados como grupos terroristas por el régimen -aprovechando el auge de ETA- cuando se trataban, en su mayoría, de opositores al régimen franquista. El año 1982, con la abrumadora mayoría del PSOE en las elecciones generales, constituye un buen punto final a las aspiraciones representadas por todos estos movimientos.

Entre la izquierda que sí participó del consenso para la realización de la Transición se encontraba el Partido Comunista de España. En La legalización del PCE, la Historia no contada (1974-1977) el historiador Alfonso Pinilla (ed. Alianza) ha realizado un trabajo de investigación inédito al poder contar con el archivo personal de José Mario Armero, auténtico muñidor de encuentros entre Carrillo y Suárez-así como de tantos otros-. Personaje que merece una biografía rigurosa por su no bien conocido relevante papel en este crítico período. Ambos líderes políticos, pese a ser -en palabras de la prologuista, Pilar Urbano- dos chusqueros de la política pero que tenían una altura de miras que sólo poseen los auténticos estadistas, consiguieron un nivel de entendimiento, fruto de negociaciones permanentes sabedores de los límites que cada uno tenía en una situación especialmente crítica para ambos.

Carrillo consideró a Suárez desde el principio apto y preparado para pilotar desde dentro la reforma del sistema y la salida hacia un estado democrático y pluripartidista, como le confesó a Areilza. Del mismo modo, Suárez supo perfectamente que una transición sin el concurso del PCE  era insostenible. El indudable valor de este libro reside en la aportación de la intrahistoria de los encuentros, de la preparación de los mismos, y del baile de personajes relevantes alrededor de los auténticos protagonistas. Pero, sobre todo, en que la lectura del mismo resulta amena, apasionante por momentos, algo que en pocas ocasiones se consigue en un libro de investigación histórica. El relato de cómo Ana Montes, esposa de Pepe Mario Armero, esquiva la tradicional comida dominical con los suegros porque va a buscar a Carrillo al piso en el que se oculta para llevarlo al encuentro de Suárez-conducido personalmente por ella y sin más testigos- forma parte de esas pequeñas historias ocultas que salpican la Historia. Además el trabajo se completa con un potente y novedoso anexo documental.

Una investigación de mayor recorrido cronológico sobre la historia del PCE es la obra De la hegemonía a la autodestrucción. El Partido Comunista de España (1956-1982) de Carme Molinero y Pere Ysàs (ed. Crítica). Los dos catedráticos de Historia de la Universidad Autónoma de Barcelona diseccionan la evolución de un partido que pasó desde constituir la auténtica-y casi única- oposición interna y externa al régimen a aglutinar a casi todas las fuerzas de la izquierda más allá del PSOE para acabar, en 1982, consumido en divisiones internas y con una exigua representación parlamentaria, propiciando la dimisión de Carrillo en una suerte de suicidio del partido. En esta última fase, las circunstancias políticas nacionales e internacionales tampoco favorecieron el mantenimiento de una ideología en repliegue frente al auge creciente de las socialdemocracias europeas. Por los diversos capítulos se analizan las purgas internas-Claudín, Semprún- el distanciamiento de la Unión Soviética, la política de alianzas y la asunción del eurocomunismo, la preparación para el post-franquismo, la legalización, la conexión con otros movimientos sociales y la relación con el sindicato del partido –Comisiones Obreras- el impacto del IX Congreso, las crisis y la conclusión con el annus horribilis de 1982. El aparato bibliográfico y documental cierra un trabajo muy riguroso; necesario además porque hay bastantes historias del PCE escritas por protagonistas políticos, personajes envueltos en la propia historia del mismo pero, en menor medida, por historiadores profesionales.

Desde una vertiente ciertamente original, la vinculación histórica de la capital  de España con un período dominante de la izquierda republicana en plena Guerra Civil ha propiciado el libro Los Años de Madridgrado de Fernando Castillo (ed. Fórcola). Fundamentado el título en la novela del mismo título de Francisco Camba publicada en 1939, describe las circunstancias históricas que hicieron de la ciudad una suerte de franquicia moscovita en España en el imaginario fascista y golpista. Circunstancia que, como recoge el autor, no obedeció a una estrategia específica de la contienda, sino que reflejaba la tradición anterior que, desde el siglo XIX era agitada por los sectores sociales más conservadores, que veían en la capital el germen de posiciones ideológicas primero liberales, y más tarde abiertamente obreristas y revolucionarias.

Estos precedentes acabaron por culminar, desde la segunda mitad de 1936, en la consideración de los voceros de los golpistas de Madrid como la encarnación de todo lo subversivo y radical que había que eliminar. Para ello, sumándose a las conocidas soflamas de Queipo de Llano desde Radio Sevilla, encontramos a toda una serie de plumas al servicio de tan encomiable tarea de acoso y derribo ideológico de un mito, de un chivo expiatorio: los Concha Espina, Agustín de Foxá, Ramiro Ledesma, Giménez Caballero, Fernández Florez y un largo etcétera. Conseguida la victoria en el conflicto bélico no cesó el aparato propagandístico del régimen. Curiosamente, Madrid pasaría en el imaginario nacional a ser criticado por vencedores y vencidos, cada uno por razones diversas: por haber representado el bastión defensivo frente a Franco o bien por ser la capital del nuevo régimen autoritario. Está muy bien recordar-y en este trabajo se hace- que la identificación de la capital de forma global con un polo ideológico obedece casi siempre a criterios utilitaristas al servicio de intereses espurios, como los de aquellos que venden que solo había anti-franquistas en la periferia del Estado y en Madrid no se padecieron las miserias y persecuciones del régimen. Argumentos insolventes pero que suelen calar en sectores sociales seguidistas de los oficialismos y poco dados al pensamiento crítico.

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