Pablo Iglesias: “me critican mucho en Twitter porque subrayo los libros, hasta las novelas”

 

texto MONTERO GLEZ   foto DANI GAGO.

Montero Glez indaga en la vida de lector del líder de Podemos, que habla de su afición a las novelas de Pepe Carvalho o la poesía recitada

Pablo Iglesias nos recibe en este sitio del Madrid antiguo que en otro tiempo albergó industrias menores -gestorías, picapleitos y callistas- y que hoy es un apéndice del edificio del Congreso, donde el bronce de unos leones anuncia la entrada.

Aparece de frente, abriendo la puerta de un despacho que aún huele a barniz. La luz llega de la única ventana posible; la que da al patio interior. Sobre la mesa del despacho hay cajas sin abrir todavía. También hay una botella de agua, folios en blanco, un bolígrafo suelto y una pila de libros donde destaca el último del Nega, por encima de todos. Se titula “La clase obrera no va al paraíso” y Pablo Iglesias se lo presentó hace poco, en una noche encendida y con una entrada a rebosar. Tanto fue así que a los medios del Canal Único de Información no les quedó otra que dar la noticia en páginas de cultura. Los titulares venían pidiendo guerra. “Ahora, el nieto de esa mujer que sirvió en muchas casas fregando, está en la tribuna del Parlamento, cagándose en sus muertos”. Con tal expresión discursiva, hablando pronto y bien, la dialéctica quedó servida.

Antes de que se enfríe, vamos a hablar con él acerca de revolución, biblioteca y familia.

-Mi padre tiene una biblioteca inmensa -nos dice Pablo-. Por dos razones. Porque mi padre lee una barbaridad, se dedica básicamente a leer y luego porque mi padre heredó la biblioteca de mi abuelo, que ya era otra biblioteca inmensa. Mi abuelo era un abogado represaliado, era socialista, prietista. Condenado a muerte, había salvado la vida de milagro porque había hecho amistad en la facultad con Pedro Gamero del Castillo, a la sazón ministro de uno de los primeros gobiernos de Franco. Gracias a este hombre, a mi abuelo le llegó la conmutación de la pena de muerte. Le salieron treinta años, de los cuales cumplió cinco. Era un hombre de clase media, de clase media represaliada.

Ahora su nieto está en el Congreso, donde le miran igual que los cabreros y las Maritornes miraban a don Quijote, con recelo ante el tipo que mete las narices en un territorio al que no ha sido invitado. Bien mirado, tampoco se necesita invitación para arremeter contra el molino satánico de las tres aspas. En todo caso, indignación. Por lo visto las ruedas que se encargan de moler la Historia no se lo van a perdonar a Pablo Iglesias. Tal vez sea por eso, por lo que aprovecha y hace memoria y sigue hablándonos de su abuelo.

Mi abuelo tenía un trabajo en el Ministerio de Trabajo donde conoció a Elorza y a José María Maravall y luego hacía otros trabajos raros.

-¿Raros?

-Sí, de vez en cuando iba a una cosa, como a firmar unos registros en unas cacerías y volvía a veces con dos perdices. Mi abuelo no cazó en la vida. Era de ese tipo de curros para complementar el salario. Llegaba y le daba todo el dinero a mi abuela pero se reservaba una pequeña parte, exclusivamente para comprar libros. Tenía una biblioteca enorme y mi padre tiene todos esos libros y los tiene subrayados. Mi abuelo tenía la costumbre de subrayar y hacer comentarios en los libros. Por ejemplo, leyendo unas memorias de alguien apunta que esto, efectivamente, fue así porque yo estuve allí y este otro es un mentiroso por tal y cual.

-Por lo que cuentas, tu abuelo establecía un diálogo con los libros, por escrito.

-Sí y en la lectura de esos libros de mi abuelo, leídos por mi padre, mi padre dialoga con mi abuelo y yo he podido trabajar algunos libros subrayados y comentados, primero por mi abuelo y luego por mi padre. Eso establece un diálogo y una manera mía de ser con los libros.

-Sin embargo, esa manera tuya de ser con los libros, subrayándolos, hay gente que no la entiende.

-Sí, me critican mucho en Twitter porque subrayo los libros pero yo subrayo hasta las novelas porque me parece una manera de dialogar. Cuando tú le dejas a alguien un libro que tú has trabajado es como decir, mira, no solamente te regalo un libro para que lo leas sino para que juguemos un poco y eso me parece de una riqueza enorme. Lo he vivido con más gente. Con Enrique Olivas, un profesor de filosofía del derecho maravilloso. Cuando te dejaba un libro subrayado, te decía mira, este libro está trabajado. Eso es una cosa que me gusta. Los libros que he leído, salvo excepciones de libros que se leen muy deprisa, es muy habitual encontrar en ellos un comentario final y la fecha en la que están terminados... Y me gustaría tener un hijo o una hija alguna vez que dijera, mira mi padre lo que subrayaba... Sería algo bonito.

-¿Qué recuerdo guardas de los libros que obligan a leer en el colegio?

-Hay un año que creo que es muy peligroso y en el que pueden acabar con la motivación de la lectura de cualquier niño; ese era el de 2º de BUP; las clases de literatura española donde te hacen leer cosas y yo creo que no tienen sentido hacer leer a un adolescente y que pueden alejarlo de la lectura para siempre. Yo leí El Quijote, un libro que no es para que lo lea un adolescente, un niño de 14 o 15 años, es una barbaridad, igual que los clásicos de la literatura que te hacen leer a esa edad. Yo todavía doy clases, ahora en un máster y pido a mis alumnos que me digan cinco películas que les han marcado y cinco libros. En las novelas, muchos de ellos ponían las novelas que habían leído en bachillerato, por lo cual eso quería decir que no habían vuelto a leer una novela desde entonces. Eso es peligrosísimo. Pero hubo algunas cosas dentro de eso que nos obligaban a leer y hubo dos o tres que me tocaron: Sonata de Otoño de Valle Inclán, Noches Blancas de Dostoievski y las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. Yo había leído las Leyendas que son entretenidas pero hay una época en los 14 años, en la adolescencia, en la que la poesía te gusta. Una de las primeras que me divirtió, que luego después vi en el teatro hecha por El Brujo, fue El Lazarillo de Tormes.

-¿Te parecen interesantes las versiones de El Quijote, esas que hay ahora, amputadas de narraciones o adulteradas con lenguaje actual?

-No las conozco. El Quijote es un tema pendiente. Hay dos veranos que tengo que reservar a leer dos libros que me faltan. Quiero leer El Quijote en serio. Aún tengo recuerdos de esa lectura de 2º de BUP pues ahí se te marcan muchas cosas. Quiero reservar un verano a El Quijote y otro a La Regenta y no tengo interés en versiones que adulteren o que dulcifiquen. Vi una cosa de El Brujo, otra vez El Brujo- dice Pablo por lo bajo, sonriente- una obra titulada El hombre de la Mancha, en la que él mismo establecía una suerte de crítica a que nadie se ha leído el Quijote a pesar de hablar continuamente de El Quijote. Mi padre, que es mi referencia intelectual para casi todo y en especial para la literatura, es el que me dice, “tienes que dedicar a leer todo un verano El Quijote que lo vas a disfrutar” y La Regenta es otra obra maestra y que tengo ahí el libro y que digo, es de verano, esto es de verano.

-¿Y de libros no obligados, de esos que le buscan a uno, cuáles te han marcado?

-1984, de Orwell. Un mundo feliz de Huxley. El Guardián entre el centeno de Salinger. Clásicos que te marcan y recuerdas siempre. En el caso de Salinger, volví dos veces. La leí una vez de jovencito, la leí otra vez en la veintena y luego, estando viviendo en Cambridge, me la metí entera en inglés para practicar el inglés y como ya la había leído y como sabía de qué va, pues lo disfrute un montón.

-Para practicar inglés, el más apropiado es Hemingway. Su relato, El viejo y el mar parece escrito para eso mismo.

-The Sun Also Rises la leí en inglés. Me enteré de qué iba pero no podría juzgar si Hemingway escribe bien en inglés o no porque bastante hago con enterarme de lo que dice. Sin embargo, con Salinger como ya me lo había leído en castellano, me interesaba mucho más.

-¿Entonces El guardián entre el centeno es el libro que más veces has releído?

-Sí y 1984 de Orwell. Lo que más he releído han sido ensayos que es entonces cuando el diálogo es más bestial. El propio Lenin, por ejemplo. No es lo mismo leer a Lenin con catorce o quince años, cuando militas en las Juventudes Comunistas que leerlo cuando eres un dirigente político y dices, qué bueno, si esto es ahora todavía más valioso. Se entienden cosas... Otro de los libros que he leído más veces ha sido El Príncipe de Maquiavelo y por lo menos hay tres lecturas. La primera lectura friki de Maquiavelo, la de “...es mejor ser temido que ser amado”. La segunda lectura, ya como politólogo, ya en la Facultad haciendo el doctorado, recuerdo un curso en el que trabajamos a Maquiavelo con Fernando Vallespín y luego una tercera, una reciente, ya como secretario general de Podemos y la que más disfruté fue esa, la tercera. Además, una edición con comentarios de Napoleón que es una maravilla.

-¿De Napoleón?

-Sí, es una edición con los comentarios de Napoleón que él va haciendo mientras lee El Príncipe de Maquiavelo. Maravilloso. Es una edición que necesita a su vez ser editada para que un experto en la Revolución Francesa te aclare algunas de las alusiones que hace Napoleón. Porque Napoleón lo utiliza todo, lo mezcla todo en su propio beneficio.

Cabe aquí hacer alusión al ensayo de Pablo Iglesias dedicado al consejero florentino y que lleva por título Maquiavelo frente a la gran pantalla. Se trata de un homenaje a las amistades políticas peligrosas que con su fidelidad inquebrantable nos hacen compañía. Está escrito a base de ejemplos didácticos que vienen a demostrar que la política es algo más que un enjambre de instituciones estatales. Porque la política también existe en ese espacio generador de los imaginarios. Lo que sucede es que el cine ha sido secuestrado por una industria cultural que ha hecho de él un mero instrumento para despolitizar las relaciones. Sobre la vieja capa de Maquiavelo se van proyectando las películas y con estas cosas, seguimos preguntando a Pablo Iglesias.

-¿Novela, ensayo, poesía, que preferencias tienes?

-La literatura es como el cine, lo que te forma el espíritu y tu visión de muchas cosas. Además, pienso que la novela te puede llevar mucho más lejos que el ensayo en ciertas cosas. Me ha costado mucho leer poesía pero me gusta mucho escuchar poesía. La poesía se debe escuchar, no está pensada para ser leída, está pensada para ser recitada, para ser cantada. Mi padre recita muy bien. Ha sido actor de teatro y desde el principio me ha gustado mucho escuchar recitar. Desde pequeño me enseñaron a memorizar versos de Lorca o de Machado y eso ha hecho que, aunque leer poesía me convence menos, escuchar poesía me entusiasme.

-¿Lees autores del otro lado de la trinchera, lees a los enemigos?

-Sí, más artículos que libros pero sí y digamos, en toda la época del doctorado. Es imprescindible leer al enemigo. Eso es necesario.

-Hablando del enemigo ¿Qué piensas de Von Hayek?

-A mí me interesa Hayek y sus desviaciones, me interesan los economistas que inspiran a la Escuela de Chicago y sus relaciones con Latinoamérica, a los responsables de la economía de la dictadura de Pinochet que vienen de esa matriz del ultraliberalismo de Hayek y los suyos como Friedman. De alguna forma son un exterior constitutivo. Yo los he tenido que conocer para entender lo que significó la Teoría de la dependencia. Les digo a mis alumnos, “tenéis que entender la Teoría de la modernización, tenéis que entender la Teoría de las etapas. Tenéis que entender que las distintas perspectivas en las ciencias sociales son una reacción, es un contra algo”. Para entender lo que significa André Gunder Frank, tenéis que comprender a quiénes estaba contestando André Gunder Frank.

-¿Qué libro estás leyendo ahora?

-Estoy ahora con uno sobre el Ibex 35 que llevo apenas cuarenta páginas y me está gustando mucho. Llevo tres semanas en las que estoy sacando menos tiempo para leer del que me gusta porque para mí la lectura ha de ser algo permanente. Tengo la desgracia muchas veces de tener que concentrar la lectura en el fin de semana porque llevo jornadas diarias tan difíciles que apenas puedo leer. Yo no soy de los que lee en la cama. Yo cuando me meto en la cama estoy reventado y me meto en la cama para dormir y sustituyo el tiempo de lecturas por las noches, por ver series. Siempre veo, por lo menos, un capítulo de una serie antes de dormir y el tiempo de lectura se reduce a las tardes que consigo para quedarme en casa y luego el fin de semana que suelo encerrarme a leer.

-Alguno que te hayas leído antes de ese.

-El del Rey, una biografía de Juan Carlos I. Es un libro que yo ya conocía y que se editó a principios del siglo XXI y que tuvo que firmar con pseudónimo Patricia Sverlo y que se llamó Un Rey golpe a golpe y ahora lo reeditado Akal y ha quedado largo, muy largo. Yo creo que no hay que hacer libros tan largos. Es mejor hacer dos o tres libros que uno tan largo. Circulaba clandestinamente y a pesar de que discrepo de algunas cosas con su autora, pienso que también se le nota su evolución. No es la misma la que escribía hace quince años que la que escribe ahora. Es un libro de información, para mí, enormemente valioso.

-¿Lees los libros de uno en uno o de dos en dos?

-Puedo leer de dos en dos. Si es de dos en dos, procuro que sea una novela y un ensayo. Leer dos novelas a la vez no soy capaz. Puedo leer varios ensayos a la vez porque eso no requiere tanta dificultad pero te pone de frente a no terminar de acabar ninguno, entonces, si combino, lo hago con una novela y con un ensayo. Los ensayos los suelo combinar pero nunca más de dos porque estás mucho tiempo sin terminar ninguno. Pero nunca combino dos novelas simultáneamente.

-¿Dejas los libros a medias?

-Para mí era tabú. Era incapaz de dejar los libros a medias. Pero ha llegado una etapa de mi vida en la que seguí un consejo de Juan Carlos Monedero que me decía, “mira tío, con la vida que llevamos no se puede perder el tiempo”. Algunas cosas que he dejado a medias ha sido porque he dicho, esto no me interesa lo más mínimo y hasta aquí hemos llegado.

-¿Cuál?

-El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura, ese lo dejé porque hay un momento en el que Caridad Mercader asesina a un cachorro como si eso fuera un ejemplo de la dureza y de la disciplina comunista. Entonces dije “hasta aquí”. Luego este verano pasado me reconcilié con Padura leyendo El Hereje que son tres novelas en una y que habla de la historia de los judíos en la Habana, en Miami, en la Holanda del siglo XVI y que me gustó mucho. Intentare coger de nuevo la de El hombre que amaba a los perros, en algún momento.

-¿Qué te parece su detective con nombre de delincuente, Mario Conde?

-Yo para eso soy muy fiel, yo cada vez que leo una novela de detectives, vuelvo a mi Pepe Carvalho y ninguno está a ese nivel. Este verano he leído a Lorenzo Silva, leí una de las primeras novelas que escribió de Chamorro y Bevilacqua y me pareció que era una novela honesta que avanza como tiene que avanzar, entretenida, con una trama sencilla. No puedo juzgar al autor pues solamente he leído esa novela y por lo que tengo entendido, hay otras mucho más famosas y de más éxito pero ningún detective está, ni de lejos, a la altura de mi Pepe Carvalho, ni siquiera el Belascoarán que me gusta, que es el de Paco Ignacio Taibo II.

-Héctor Belascoarán Shayne, el detective mejicano.

-Sí, un detective que ni prueba el alcohol, un detective que solo bebe refrescos. Yo entiendo que esto será muy mejicano, pero el alcohol es algo necesario para un detective. Como decía Pepe Carvalho, “hay que comer para olvidar y beber para recordar” y de alguna manera paso a todos los detectives con los que me encuentro por el examen de mi Pepe Carvalho, ex policía, ex comunista y un gourmet que me sigue interesando. Me quedan muy poquitas novelas de Carvalho por leer y me las voy reservando pues me hace mucha ilusión.

-¿Cuál fue la primera que leíste del detective Pepe Carvalho?

-La primera que leí que me gustó y creo que la hubiera disfrutado más que si la hubiera leído más tarde fue Los mares del sur y luego la que me encantó y he leído dos veces, una vez de jovencito como militante de las Juventudes Comunistas fue Asesinato en el Comité Central y la volví a leer en Grecia, hace dos veranos que la volví a disfrutar otra vez un montón. Vázquez Montalbán me entusiasma. Quizá es uno de los autores que más he leído. He visto cosas suyas de teatro, lo he leído mucho en ensayo.

-¿Viste la serie de Pepe Carvalho que echaron por televisión con Eusebio Poncela de prota?

-No y me temo que no tengo muchas ganas.

-Parece que Vázquez Montalbán no quedó muy contento

-En España es muy difícil encontrar una película o una serie que haya funcionado. Hay casos, yo te diría como La Colmena, que a mí la película me parece que tiene un puntito de nostalgia que no tiene la novela. Creo que La Colmena, de Cela, envejece bien porque los años de posguerra son muy interesantes vistos desde el futuro pero creo que la película, en algunos casos, llega más lejos que Cela.

-Miremos al futuro ¿Lees en soporte digital?

-No, pero mi padre, curiosamente sí. En su casa no hay paredes, hay libros. Pensaba que iba a ser un talibán del libro impreso pero tiene un Kindle y está feliz. Como lector empedernido que es, le entusiasma poder tener miles de libros allí dentro. A mí me cuesta, yo nunca he sido capaz.

-¿Escuchas música cuando lees?

-No. En la época en la que escribía guiones o spots electorales, me ponía música para que me condicionara un estado de ánimo pero, para la lectura, no necesito la música, me concentro bastante bien. Sí que me viene muy bien la música cuando tengo que escribir o cuando tengo que pensar, planificar un discurso o una intervención. Me gusta mucho escuchar música cuando hago deporte o cuando conduzco. Salir a correr escuchando música es un placer enorme. Incluso, hubo una época en la que iba a nadar y conseguí unos tapones de los oídos conectados a un aparato sumergible para escuchar música mientras nadabas.

-¿Lees los periódicos?

-Sí, por las mañanas el equipo me manda una cosa que está muy bien. A ellos les fastidia mucho hacerlo pero yo les obligo a que lean muchos, muchos y muchos artículos de opinión y editoriales. Entonces les pido que los que entiendan que me tengo que leer enteros, pues enteros y los demás les pido que me hagan una selección de párrafos y que me indiquen en una línea, “el marco”.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo. “Marco”: “Atacar a Podemos”. “Marco”: “El populismo es peligroso”. “Marco”: “La crisis del PSOE”. “Marco”: “El PSOE lo ha hecho muy bien” y eso digamos, ese dossier en el que después me analizan lo que han dicho las televisiones y las tertulias, me hace tener una visión más amplia. Luego aparte tengo el desayuno, en el que veo todas las portadas y todos los titulares. Nunca he estado tan informado. Luego, por mi cuenta, para relajarme miro mucho los deportes. Sobre todo el baloncesto de la NBA que me gusta y eso es una cosa completamente ociosa que hago para , digamos, pensar en otra cosa. Es una cosa que ni me va ni me viene pero me entretiene un ratito y ahora, el Twitter, además que permite vídeos cortos y eso me gusta mucho para ver las jugadas que se ha hecho Sergio Rodríguez. Eso me relaja y luego, el tema de las series que para mí es fundamental. Estoy viendo series excelentes

-¿Cuál estás viendo ahora?

-Estoy ahora viendo Peaky Blinders ambientada en Birmingham, en la Inglaterra posterior a la primera guerra mundial y cuenta la historia de unos mafiosos gitanos, de Tommy Shelby que es el jefe, en un contexto de movimiento obrero, de agitación comunista. Ya se ha producido la Revolución Rusa, entonces hay contrabando de armas con lo que Churchill, ministro del interior, trata de apoyar a los blancos y pacta con estos mafiosos. A su vez hay un policía irlandés que ha trabajado en el Ulster. Está el IRA, los acuerdos del gobierno británico con los irlandeses y las luchas internas con las diferentes facciones independentistas en Irlanda. Está muy bien. Luego estoy viendo, cuando voy al pueblo, a Casavieja, estoy viendo Mad Men que es estupenda también y este verano he visto Fargo, que es una maravilla. Soy muy friki de las series. Me tienen entusiasmado.

-¿Regalas libros?

-Sí, además, casi siempre, los que regalo los he leído ya. Casi nunca regalo un libro que no haya leído. Me gusta regalar libros que he leído yo para luego comentarlo.

-¿Qué libro le regalarías a Juan Carlos I?

Pablo aquí se lo piensa. Tras unos segundos en silencio, va y dice:-El de Rebeca Quintans que comentábamos antes. La biografía no autorizada del Rey. Es un libro que le cabrearía porque la autora tiene muy mala leche pero estoy convencido que, cuando lees a alguien que escribe hablando mal de ti, cuando no estás acostumbrado a eso porque en España muy pocos se atreven a escribir ciertas cosas del Rey, cuando buena parte de lo que han escrito sobre ti lo revisaba Sabino Fernández Campos y decía, esto sí, esto no; leer a una tipa a la que no le resulta simpático y que tiene tanta mala leche y que saca cosas de tu vida que nadie se atrevería a sacar, creo que le resultaría curioso y estoy convencido de que no le molestaría tanto. Hay cosas que salen de la relación con su padre...Creo que siendo un libro que, a priori, es abiertamente hostil, creo que le podría resultar interesante.

-¿Qué libro regalarías a Gabriel Rufián?

-Algo que le incomode, algo que le creara, de alguna manera, contradicciones. Tendría que pensarlo.

- ¿Qué libro le regalarías a Eduardo Madina?

-Le aprecio mucho y me parece un tipo enormemente culto, inteligente y compartimos una fascinación por la misma serie, por The Wire. Le regalaría alguna novela de Vázquez Montalbán, por ejemplo, El Premio, que es cuando Carvalho vuelve a Madrid.  

-Por último, una mujer: Andrea Levy ¿Qué libro le regalarías?

-Le regalaría El Cura y los mandarines. Yo creo que Andrea es una tipa lista y culta y creo que no es culturalmente sectaria, para nada. Creo que ese libro le podría resultar interesante a ella. Creo que además, Andrea Levy tiene, no sé si fascinación, pero mucha curiosidad por nosotros y por lo que representamos. Le gusta un cierto flirteo como intelectual, como que le interesamos, como que le parecemos no simples adversarios, sino que le provocamos interés y creo que podría aprender cosas con ese retrato intelectual descarnado de España que hace Gregorio Morán.

Nos despedimos de Pablo Iglesias. Hasta la próxima. Ahora le dejamos en el Congreso, el sitio donde todo está por ganar y el mismo sitio donde todo está previsto para que los Quijotes pierdan.

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