Juan Cruz, adicto al periodismo

 

texto y foto ANTONIO ITURBE 

En “Un golpe de vida” enlaza literatura, vida y el abismo que se abre a sus pies al enfrentarse a la extrañeza de la jubilación del oficio invencible

Juan Cruz es un adicto al trabajo de periodista. Y, adicto como es también a contarlo, en sus libros hemos ido siguiendo sus altos y bajos, los momentos luminosos de las grandes entrevistas a los editores más relevantes o los encuentros con grandes autores, de Cabrera Infante a García Márquez, Susan Sontag o Pahmuk. En su nuevo libro, Un golpe de vida, relata con un excelente toque literario –entre otros muchos golpes, de fortuna y de infortunio- una reciente estancia acompañando al premio Nobel Vargas Llosa en una visita al Israel de los check points y los territorios ocupados por el odio , y muestra de nuevo esa mano educada en el periodismo narrativo que convierte la información en mirada y relato.

Juan Cruz, canario melancólico, niño asmático que como no podía levantarse de la cama para jugar, soñaba. Que creció acompañado de la radio y en vez de bombero o futbolista, ya desde niño quiso ser periodista. Este es su libro más ensombrecido; en esos partidos suyos contra la melancolía disputados en su escritura, que solían acabar en empate o en una victoria ajustada de la nostalgia, aquí la tristeza gana por goleada. Arranca la escritura y el relato en una Italia luminosa, en una regia residencia cerca de Peruggia donde se beca a artistas para que durante un tiempo tengan espacio y sosiego para sus obras. Pero ahí Juan Cruz, incluso en ese lugar idílico de Italia, sólo está pendiente de ese teléfono que lo conecta con Madrid, con la sede del diario, esperando que le encarguen esto o lo otro, no resistiéndose a la idea de que han pasado los años y empieza a ver el final de su tiempo de periodista de Redacción. Ya ha excedido la edad de jubilación, y de hecho ejerce un estatus de semi-jubilación que cuando se la ofrecieron en el diario El País fue una ducha fría de realidad. Pensaba que la vida iba a acabarse en algún momento, pero el periodismo nunca. .. “un periodista jubilado es una contradicción en sí mismo” escribe.

Desde que en los agitados años 70, entró en la redacción de El País en el principio del principio –cuando Juan Luis Cebrián era un periodista en lugar de un magnate, esto lo digo yo- estuvo de corresponsal en Londres varios años. Y ahí se inició una historia de amor casi obsesiva, que ha durado más de cuarenta y años. No se le puede pedir a Juan Cruz autocrítica con el periódico de su vida. No puede. Para él El País es como esa muchachita que fue nuestro primer amor y que siempre veremos con una perfección luminosa, inmarcesible, eternamente pizpireta, aunque se haya echado encima cuarenta años y cuarenta quilos. El gran error que ha cometido El País en estos años ha sido no poner a Juan Cruz de director. Una gran oportunidad perdida. Pero ya sabemos que la gente de la sección de Cultura en los periódicos mandan lo que mandó Clavijo: la punta de un pijo.

Ya en un libro anterior había relatado su primer costalazo con el periódico. Cuando fue enviado en comisión de servicio a dirigir la editorial Alfaguara –entonces del grupo PRISA que edita El País- lo hizo con diligencia. Incluso se lo pasó muy bien unos años. Pero al cabo del tiempo quiso volver al periodismo, a principio de los años 2000. Y fue un retorno que notó un poco forzado, como si nadie lo esperase ya. Lo que más lo afectó fue que le dieran un despacho sin ventana, como si fuera un Zipi y Zape castigado al cuarto de los ratones. En el libro habla de otros periodistas como él, aferrados al espacio físico de la Redacción, como Feliciano Fidalgo, al pie del cañón o de la mesa hasta el último instante, incluso cuando ya se desmoronaba. A veces en la Redacción se olvidan de él y ha de llamar para postularse en esto o lo otro. Sin quererlo, por edad, por conocimiento y afectos con la gente del mundo de la cultura, se ha convertido en el decano de la necrológica. Casi todas las escribe él. Si alguien relevante del mundo del arte o las letras ha fallecido, Juan Cruz lo trató y de la misma manera que los niños coleccionan cromos él colecciona anécdotas con gente importante.

Encuentro a Juan Cruz en Barcelona, ciudad a la que viene mucho, donde tiene mil amigos o conocidos o saludados. De hecho, estuvo hace poco a escribir un reportaje sobre enfermedades raras infantiles. Aún le brillan los ojos: “Me conmueve la fragilidad de los niños”, me dice. “Hay 9 posibilidades de tratamiento para 76 niños y que tu hijo pueda quedar fuera es más importante que cualquier historia que nadie pueda contar”.

Igual que Saint-Exupéry en su correspondencia, que cuando escribía a su madre finalizaba a menudo las cartas con un “Mamita, quiérame mucho”, Juan Cruz, por debajo de la coraza del periodista y tertuliano arrollador y egocéntrico, tiene esa vulnerabilidad que le hace en sus libros volver una y otra vez a su madre y sentir que una vez más acude a su cama de niño enfermo en Tenerife y lo conforta: “Yo no me siento nada seguro de lo que hago. Tengo una inseguridad de niño”. Pero en este libro la vida insiste en ponerle un espejo delante para que vea el adulto en que se ha convertido, especialmente por el aprendizaje del dolor cuando esos seres queridos que uno creía eternos, acaban yéndose. Y eso también hace que su mirada a ese periodismo al que él llama el oficio invencible, sea más sombría: “el oficio invencible parece vencido por la posverdad” se lamenta. Le digo si no cae en la tentación del abuelo cebolleta de: “después de nuestra generación, el abismo”. Agita la cabeza para decir que no: “Yo trabajo en una redacción con muchos jóvenes. Me encanta la gente joven. Yo sólo evoco la pertenencia a una manera de hacer el oficio de periodistas como Feliciano Fidalgo, muy apegadas al trabajo, y contar una época. Yo no estoy en contra de lo nuevo para nada: yo estoy en contra del olvido”. Sí reconoce que las redacciones han cambiado, que se han hecho más silenciosas, más individualistas… “Ha llegado a las redacciones un ensimismamiento mórbido. ¡Les hablas y se asustan! La pantalla los ha apantallado. Pero a mí también me ha pasado Un día iba por la calle absorto mirando el móvil y atravesé una calle sin mirar: un autobús me pasó rozando. Todos estamos ensimismados”.

Le digo que habla de ese oficio del periodismo con idealización, si no falta autocrítica… “Pues seguro. Yo me siento una persona honesta y no creo que siempre lo haya sido. Pero para bien o para mal, la vida me ha enseñado cosas inesperadas: lo importante que es respetar los hechos y lo importante que es dudar”.

Juan Cruz podrá tener despacho con ventana o sin ventana, o ni siquiera despacho, o ni tan solo mesa. Pero, niño curioso como es, a ratos egoísta y a ratos tierno, siempre será periodista allá donde vaya.

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Comentarios (2)

  • Invitado - Daniel Tassotti

    Juan Cruz, hermosa nota, escrita con el corazón. Comparto contigo y tu gente el último video especial: para Jorge S.que nos necesita, por eso consideré urgente realizarlo y compartirlo para que, entre todos podamos darle una mano. Todo ayuda. Superar el cáncer, la Fibrosis pulmonar. Alimentos alcalinos,
    https://www.youtube.com/watch?v=8qKLcU2qkfg

  • Invitado - Miguel

    Buenos dias, leo el articulo sobre Juan Cruz, y supongo que el autor está bien informado sobre el curriculo del sr. Cruz, yo no le he seguido tanto, lo que si he observado son sus posturas criticas sobre todo lo que expone Podemos.
    Será que llevado por su amor a Prisa, se auto define como defensor de «su verdad».....y es una pena, que una persona supuestamente tan sensible en todos los ambitos de la vida, sea tan burdo y escriba con una brocha gorda contra Podemos.....le han permitido dar su opinión en su propia voz en la SER, y repite a diario su predisposicion a cumplir con las «recomendaciones» de su empresa o del sr. Cebrián.
    Algo parecido a lo que le sucede a mi admirado Iñaki Gabilondo.....que es muy gráfico en describir lo que sucede a su alrededor, salvo cuando entra en contradicción con la linea del sr. Cebrián....que pena que no guarde su opinión,y criterio ainque no coincida con el de su jefe o ex jefe. Saludos...;)