La americana voladora

 

texto  ANTONIO ITURBE 

La editorial Macadán recupera un libro escrito por la aviadora Amelia Earhart: “Por el placer de hacerlo”

Su biógrafa, Doris L. Rich, explica que Amelia -Meelie o Millie la llamaban en familia- fue desde niña una chica de armas tomar que se lanzaba en trineo sin miedo alguno y lideraba las pandillas de chiquillos para organizar partidos de baseball. Seguramente influyó en su carácter, decidido y a la vez introvertido, la caída de su padre –al que adoraba- en el alcoholismo. Fue una joven entusiasta pero dispersa, que se alistó durante la guerra como enfermera para asistir a los veteranos que llegaban heridos de Europa y que inició varios estudios en la universidad, pero que no llegó a acabar ninguno. También en esos años se acercó al movimiento sindical más radical de la época (los Industrials Workers of the World) llevada de sus ganas de saber y a punto estuvo de ser detenida por la policía.

El oficio ferroviario de su padre los hizo mudarse de localidad varias veces y en aquella época vivían en los Angeles. Era el día de Navidad de 1920 –ella tenía 23 años- cuando su padre la llevó a presenciar una exhibición de acrobacia aérea impartida por pilotos militares con motivo de la inauguración de nuevo aeródromo de Long Beach, respaldada por el Club Aeronático del Sur de California. Amelia vio aquellos aviones moverse en el aire y su curiosidad impetuosa le hizo desear inmediatamente echar a volar. En aquella época que una mujer quisiera aprender a volar era una rareza no demasiado bien vista, pero su padre, que cuando estaba sobrio era un hombre encantador entregado a su familia, la acompañó tres días más tarde al Aeródromo Rogers, al final de Wilshire Boulevard, a las afueras de la ciudad, y le compró un billete para un vuelo. Tuvo la fortuna de que el taxista piloto era un joven Frank Hawks, que con el paso del tiempo se convertiría en una celebridad de la aviación. Cuando se bajó de ese vuelo ya supo que su destino estaba trazado en el aire.

Palanca y pedal

En Por el placer de hacerlo descubrimos no sólo a la piloto extraordinaria que fue, sino a una mujer con una gran capacidad para la pedagogía aeronáutica y ese encanto personal que hizo de ella un icono. Sus lecciones de vuelo son escuetas y precisas. Tal como ella lo cuenta, levantarse del suelo parece tan fácil como ir en bicicleta:

“Quizás ya sepas que en Estados Unidos existen pistas de carreras que son como un gigantesco tazón cuyos lados crecen y se empinan hacia lo alto. Los coches suben hacia el borde exterior en razón a su velocidad, y es bastante imposible que un coche lento logres circular por el lado más empinado del tazón. A mayor velocidad, más alta debe ser la pared y más estrecha la curva.

Un aviador debe imaginar su propio tazón y aprender a ladear las alas en el ángulo adecuado dependiendo de la velocidad y apertura de giro. Una mala maniobra significaría derrapar, perder el control por un momento en el aire no en tierra firme. A este respecto, compensar un derrape se hace igual en un avión que en un coche: se mueve la palanca o el volante en el sentido del derrape.

“Estaría encantado de volar si pudiéramos hacerlo cerca del suelo” es una afirmación que a menudo escucho de una manera u otra. Pero, de hecho, en igualdad de condiciones, un aparato que vuela a cien pies de altura se halla en una situación infinitamente más peligrosa que otro que viaja tres mil seiscientos.

Tener problemas en el aire es muy raro. Suele ser el contacto con el suelo lo que los provoca, y resulta evidente que cuanto más alto vuelas, de más tiempo dispones para elegir dónde aterrizar en caso de dificultad. Una aeronave no cae como una piedra, aunque sus motores hayan dejado de funcionar por completo sino que asume un ángulo de planeo natural que a veces suele ser de hasta ocho a uno. Esto significa que un avión que se encuentra a cinco mil pies de altura puede moverse ocho veces cinco mil pies en cualquier dirección (cuarenta mil pies) y por lo tanto tiene un área de aterrizaje potencial de dieciséis millas con el Aire en calma”.

Tras un vuelo sobre el Océano Atlántico como tripulación y un vuelo pilotando sobre Estados Unidos de costa a costa, empezó a forjarse su leyenda. Pero ser mujer era un hándicap a mediados de los años 20. En 1928 en todo Estados Unidos sólo tenían licencia profesional de piloto comercial 10 mujeres.

“Por alguna razón, sobrevolar el Atlántico me trajo muchas y variadas propuestas laborales. Cómo una expedición puede prepararte profesionalmente para una actividad del todo distinta a cualquier otra que hayas realizado antes, nunca lo comprenderé. Muchas propuestas vinieron de agencias publicitarias y de otras empresas con las que no tenía nada en común, como ocurre cuando se es la celebridad de turno. Pero hubo también algunas oportunidades para entrar en la aviación comercial”.

Pese a su talento de aviadora, el primer contrato que le ofrecieron fue en la revista Cosmopolitan, para escribir sobre aviación y abrir un consultorio para las lectoras. También le ofrecieron trabajo en la Transcontinental Air Transport (TAT), aerolínea pionera en el transporte de pasajeros. Sin embargo, en lugar de ponerla de piloto la adscribieron a un departamento de relaciones públicas y su misión más importante era convencer a las mujeres de América que volar era algo bueno: “mi labor consistía en persuadir a las mujeres en comprar billetes de avión, ya fuera hablándoles sobre los vuelos o exhibiendo datos relativos al trato de los pasajeros que pudieran ser del agrado del sector femenino. Justa o injustamente, nuestros agentes de ventas acusaban a las mujeres de ser el primer factor de resistencia. En su opinión, si ellas no compraban un billete para sí mismas, la familia no volaba. En resumen que ‘papá no vuela si mamá no quiere’”.

La inquietud de Amelia Earhart en ese final de los años 20 y principio de los 30 la lleva a interesarse por nuevos experimentos de vuelo como el autogiro, que será el embrión del actual helicóptero. No deja de ser curioso que un español, al que aquí se tiene olvidadísimo, ella lo alabe por su crucial aportación al avance aeronáutico. Explica que la historia del autogiro empieza en un libro de un joven matemático español: “Juan de la Cierva era el nombre de su autor, unas persona reflexiva, aventurera, inventiva, con un interés permanente por el vuelo y las máquinas voladoras, Fue un accidente de aeroplano lo que lo llevó a inventar el autogiro. Tocar tierra con la rapidez de un tren expreso, como resulta necesario en tantos aviones, le parecía un serio obstáculo para el progreso aeronáutico. Con calma, se dispuso a hacer lo que nadie había hecho: idear un artilugio dotado de alta velocidad en vuelo y baja velocidad, controlable, en el aterrizaje”.

Poco a poco fue realizando vuelos, batiendo récords y consolidando su prestigio de piloto. En 1931 se casó con el editor neoyorquino George Putnam. Y en 1932 fue la primera mujer en cruzar en solitario el Atlántico. En el libro cuenta con detalle su partida con el Lockheed 5B Vega desde New Jersey. “Sin duda las dos últimas horas fueron las más difíciles. El colector vibraba de lo lindo y cuando abrí los tanques de reserva descubrí que el indicador de nivel tenía una pérdida. Decidí que debía aterrizar en el lugar más cercano, donde quiera que estuviese”. Y lo hizo en mitad de un campo de Irlanda ante la mirada estupefacta del pastor de ovejas, que vio caer del cielo a una mujer con el pelo rizado como si hubiera venido de otro planeta. El Congreso de Estados Unidos la distinguió con la Cruz de Vuelo, el gobierno francés le concedió la Legión de Honor y la sociedad Geográfica de los Estados Unidos le concedió su medalla de oro. Ya nadie iba a poner en duda que era una aviadora.

En 1937 decidió hacer un vuelo, con el que tal vez se retirase de la lucha por los récords: dar la vuelta completa al mundo por el ecuador: 40.000 kilómetros de vuelo. Pero su Lockheed Electra despegó un 2 de julio en el Pacífico Sur y nunca regresó. Jamás fueron encontrados los restos del avión y su leyenda ha permanecido intacta en la mente de todos los que sueñan con volar.

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