La Casita Roja, nueva editorial infantil con humor y compromiso

 

texto SABINA FRIELJUDSSËN  foto B.S.K.

Bárbara Serrano: "El sector editorial no es una excepción a la precarización general: es incluso más grave"

Bárbara Serrano, que se ha lanzado al ruedo editorial con La Casita Roja, creció rodeada de los libros ilustrados de la editorial de su bisabuelo paterno, Miguel Seguí, que hojeaba y tocaba y olía siempre que podía. Los libros y la música han sido los dos hilos que han estirado de ella. Se curtió como editora, después de entrar como becaria, en el Grupo Planeta durante seis años: “aprendiendo edición de batalla y también de género (fui editora júnior de Minotauro)”. Reconoce que el de la edición es un sector difícil “No sólo desde el punto empresarial para todos los implicados en la cadena (del creador al librero), sino también para los trabajadores. El sector editorial no es una excepción respecto a la precarización general, que es incluso más grave teniendo en cuenta que, en general, muchos de los trabajos especializados, a diferencia de lo que ocurre en otros países, nunca han estado remunerados de forma proporcional al valor añadido que aportan.” Ahora, ha decidido construir su propia casita. Y es roja.

¿Qué quiere aportar de distintivo La Casita Roja a la amplísima oferta de libro infantil actual?

Es cierto que el mercado está saturado, también porque muchas editoriales que hasta ahora no publicaban libros infantiles han visto un nicho en el que crecer (durante un tiempo, el género ha resistido la crisis mejor que otros). Por eso nosotros editamos libros con unas características muy marcadas: en primer lugar, todos nuestros títulos tienen humor, porque es una buena forma de que los pequeños descubran la lectura como una fuente de placer y se aficionen a ella. En segundo lugar, buscamos que todos tengan, aunque sea de forma sutil, una estructura narrativa clásica (planteamiento, nudo y desenlace), a diferencia de muchos títulos que son descriptivos y gravitan en torno a la ilustración. En tercer lugar, todos nuestros libros ofrecen un aprendizaje, transmiten algún valor y pueden dar pie a que los padres reflexionen con los niños sobre algún tema. (Por ejemplo, se puede hablar sobre la tendencia a la acumulación, con ¡Demasiados juguetes!, sobre la amistad, con Las aventuras de Lester y Bob, Caja y Rodrigo y su mejor amigo, vencer los miedos, con El capitán Pug y El globo rojo en la lluvia, o la alegría de descubrir el mundo, como con Ovejas, muchas, muchísimas ovejas, Viaje al fin del mundo y Vida en Marte, la importancia de ser uno mismo, con ¡Guau!, o del poder de la imaginación, con La caja sorpresa, de Art Spiegelman.)

El compromiso también cuenta…

No imprimimos nunca fuera de nuestro país. He renunciado a títulos que me encantaban sólo porque me obligaban a participar en una coedición en Asia (aparte de que ello no permite tener el control sobre el proceso, todos sabemos que si algo sale más barato es porque alguien está pagando la diferencia de precio -sean los trabajadores o el medio ambiente). Además, me gusta apoyar a la industria local, que lo ha pasado francamente mal, y minimizar en lo posible nuestra huella ecológica.

Dice Jorge Herralde que la biografía de un editor es su catálogo. ¿Cómo te agradaría que fuera ese catálogo? ¿Qué podríamos deducir de él respecto a tus propios intereses personales?

De entrada, me gustaría que la gente sonriera al contemplar el conjunto. Siento debilidad por los personajes un poco tronados, el humor absurdo y surrealista, y los títulos que hemos publicado o que están en capilla tienen estos elementos, en mayor o menor medida. Querría también que el catálogo atrajera tanto a los niños como a los adultos, que todos los encontraran llamativos, bonitos e interesantes. Sin duda, el futuro del libro pasa por, entre otras cosas, su reivindicación como objeto hermoso y perdurable, y muchos queremos ayudar a que perviva.

¿Cuál es tu sueño como editora?

Me gustaría que nuestros libros se mantuvieran como títulos de fondo en las librerías y también en las bibliotecas de los pequeños lectores; por eso evito elementos caducos y las modas. Y, como todo editor, sueño con que, para libreros y lectores, e incluso profesores, puestos a soñar, La casita roja constituya una garantía de libros seleccionados y trabajados con amor, únicos y originales pero con una coherencia como conjunto. Porque, como he señalado, nos gustaría aportar nuestro granito de arena a la formación de los niños, a que tengan entre las manos buenos títulos que los ayuden a desarrollar la capacidad de abstracción, a aprender léxico y desarrollar el lenguaje, que es el que estructura nuestro pensamiento, de modo que, cuanto más rico es, más preparados estamos para comprender el mundo y para desarrollar el pensamiento crítico. Tampoco debemos olvidar la histórica vertiente del editor como agente cultural y social.

¿Y el leitmotive que te guía?

Junto con la pasión, la honestidad: no publicar nada de lo que no esté convencida ni de una forma que no me satisfaga, y respetar y valorar siempre a los lectores y a todos los implicados en el proceso, que son muchos e imprescindibles.

 

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