El padre del surrealismo Raymond Roussel solo fue valorado después de muerto

 

texto Sabina Frieljudssën 

Tuvo que pagarse la edición de “El doble” de su bolsillo. Ahora se publica por primera vez en castellano 

 

Forma parte de esos intelectuales geniales y desgobernados de principio del siglo XX, que durante su vida no recibió apenas reconocimiento y no fue hasta después de su muerte que su leyenda empezó a crecer y a ser reivindicado como uno de los grandes de la literatura del siglo XX. Fue un poeta, novelista, dramaturgo, músico y ajedrecista, y en todas sus obras algo de todo esto se entremezcla. Precisamente por ese sentido suyo de la dilución de géneros y el malabarismo inteligente de las palabras se convirtió en referente para los surrealistas y los juguetones autores del OuLiPo.

La primera novela del genial Raymond Roussel, autor de obras de referencia como Locus Solus o esa novela de aventuras físicas y lingüísticas que es Impresiones de África, ha permanecido inédita en castellano hasta ahora. No es fácil traducir a Roussel con sus juegos de manos con el lenguaje –ese es uno de los impedimentos en dar a conocer más su obra fuera de Francia- pero es una garantía que esté al cargo de esta edición María Teresa Gallego Urrutia, Premio Nacional de Traducción.

Tampoco en su época Roussel fue entendido en los primeros tiempos, más allá de un círculo muy restringido. De hecho publicó La Doublure en 1897 pagando la edición de su bolsillo. La obra no tuvo ninguna repercusión y fue un fracaso comercial, cosa que afectó profundamente al autor: «El fracaso me provocó un golpe de una violencia terrible. Tuve la impresión de precipitarme hacia el suelo desde lo alto de una prodigiosa cumbre de gloria.” El resultado del batacazo fue una enfermedad nerviosa que padeció durante mucho tiempo. Esta edición incluye, precisamente, el informe de su médico, el psiquiatra Pierre Janet, que nos ayuda a entender la personalidad de este singular escritor.

No fue hasta después de su muerte que Roussel se convertiría en autor de culto, con influencias reconocidas sobre artistas y literatos como Salvador Dalí, Miquel Barceló, John Ashbery o Enrique Vila-Matas, entre muchos otros. El Centro de Arte Reina Sofía le dedicó una exposición histórica en en 2011, donde se hacía patente la larga estela dejada por Roussel en el entorno artístico. Para tal ocasión, el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, definió apropiadamente la obra de Roussel como «gabinete de maravillas».

El doble (La Doublure) es una narración en verso ambientada en el carnaval de Niza protagonizada por Gaspard Lenoir, un actor suplente de pésima fortuna. Gaspard sale al escenario en un pequeño teatro de París. El actor principal está indispuesto y él ha sido llamado a sustituirle. Cree que por fin ha llegado su momento de gloria y está dispuesto a darlo todo para que el público reconozca su talento artístico. Pero en el momento clave

de su escena es incapaz de envainar la espada que porta su personaje, yerra una y otra vez cada vez más apurado y el público estalla en risas y aplausos irónicos. El actor se retira derrotado a su camerino, completamente hundido.

Aquella misma noche, su amante, Roberte, con quien se ven a escondidas, le propone un viaje al sur de Francia para olvidar aquel fracaso y poder disfrutar por fin de unos días juntos. Así, en un arrebato, juntando los ahorros de meses de trabajo, se plantan en el carnaval de Niza. Las luces y color tratan de ocultar bajo capas de maquillaje el tozudo peso del desencanto.

Es probable que parte del ansia de éxito del personaje de Gaspard esté impregnado del mismo afán de reconocimiento artístico del propio Roussel. De hecho, el final al que Roussel condena al personaje, resultó profético para él. Cuando publicó la obra, un año después, la indiferencia de los lectores fue total, y ese fracaso fue una bola de hierro atada a su pie que arrastró siempre.

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