Luminoso cierre del Edinburgh Book Festival

 

texto SOFÍA BALLESTEROS  foto: EIBF

“Las personas nos definimos a partir de todo tipo de cronologías,” dice Ali Smith acerca de su novela Autumn, publicada en octubre del año pasado. Es la primera entrega de un cuarteto “estacional” en el cual la autora planea jugar con las distintas ideas y maneras que tenemos de experimentar el tiempo. Los protagonistas, Daniel y Elisabeth, tienen una amistad que sobrepasa los límites generacionales. Se conocen en 1993, cuando él es un coleccionista de arte de sesenta años y ella una niña de ocho. Daniel tiene en su colección obras de Pauline Boty, quien fue una de las fundadoras del pop art británico. La artista aparece por toda la novela de manera recurrente, como símbolo de todos los que son “ignorados. Perdidos. Redescubiertos años más tarde. Luego ignorados. Perdidos. Redescubiertos otra vez años después. Ignorados de nuevo. Perdidos. Redescubiertos ad infinitum.” Los ciclos nos protegen a la vez que nos impulsan a seguir adelante. Varios críticos de publicaciones como The Guardian y New York Times consideran que Autumn es la primera novela post-Brexit. El presente que se asoma entre los sueños y recuerdos de los protagonistas ocurre después del referéndum para salir de la UE y todo el país se encuentra repleto de murmullos de gente que tiene mucho que decir y poco tiempo para permitir que algo se convierta en diálogo. Los personajes de Smith son siempre de espíritu rebelde. Elisabeth y Daniel se abren a nuevas identidades en una época en que la política trata de encerrarnos, de la misma manera que Pauline Boty, en su época, se negaba a sucumbir a las convenciones de “lo que debían hacer” las artistas que también eran mujeres. Smith explica que las historias existen gracias a la voz. Nos adentramos en la oscuridad, como decía Margaret Atwood, para encontrar una voz interminable. Y entonces existimos más allá de nosotros mismos. Smith revela que recién terminó Winter y que nada más le falta la revisión final antes de publicar. Que la nueva novela tendrá una relación cercana con Un cuento de Navidad de Dickens. Nos deleita con una lectura sorpresa de las primeras dos páginas. Una lectora le pregunta si el feminismo tiene importancia en la literatura. “He heredado los cambios de los últimos cien años y sé que las cosas pueden mejorar,” responde Smith, “estoy furiosamente comprometida con hacer que la historia continúe para las mujeres y niñas que vengan después de mí.”

 

Explorar la naturaleza del genio fue el tema del diálogo entre Ethan Canin y Paul Beatty. A los pocos minutos de la conversación, es evidente que el presentador no está preparado para conseguir que los autores se involucren con gusto en un intercambio de ideas porque las preguntas que les hace son muy superficiales y no consigue más que respuestas cínicas y escuetas. Beatty, quien el año pasado se convirtió en el primer norteamericano en ganar el premio Man Booker por The Sellout, dice que escribe desde su propio cinismo porque la sociedad que le rodea está llena de bazofia inmutable. Para él lo más importante es divertirse al escribir y transmitir eso a sus personajes. Se inspira en los cómicos Sarah Silverman -a quien conoce desde que era una pequeña de diez años- y Richard Pryor, personas que dicen sus verdades a través de mentiras. Beatty tiene una manera brillante de jugar con el lenguaje. No solo inventa palabras, sino crea personajes a los que se les ocurren más de veinte neologismos al minuto. Su genialidad consiste en ser ingenioso y divertirse. Y ahí está su frescura y su estilo inigualable. Es una pena que no se le haya dado la oportunidad de demostrarlo.

Richard Ford, aclamado por su maestría en construir frases concisas y profundas a la vez, viene a presentar Between Them, una memoria novelada sobre sus padres. En ella escribe lo que sabe y las especulaciones vienen señaladas con una nota al lector. “Debo escribir acerca de las cosas más importantes que sé, o no será un buen libro,” dice. Sus padres empezaron a construir su vida juntos quince años antes de que él naciera, así que gran parte del libro viene de testimonios de otras personas que los conocieron: sus tías y tíos, primos, amigos, gente del pueblo donde vivían. “Las ausencias han de contemplarse igual que todas las demás cosas,” añade Ford. A veces un novelista es como un policía porque hace que otras personas hagan lo que él quiere, bromea con sus ojos azules chispeantes y risueños. Cuando le preguntan si leerse lo que escribe en voz alta es una técnica que le funciona para conseguir ese equilibrio entre concisión y profundidad, nos da una respuesta muy equilibrada: “leer en voz alta ayuda a simplificar las cosas. A veces uno necesita que algo tenga un poco de densidad.” Añade que es importante asegurarse de darle a los lectores algo que merezca la pena su atención y eso le motiva a mejorar con cada cosa que escribe. Escribir es más que una profesión para él, es una vocación. Es el único trabajo en el que se le puede obsequiar a los lectores “momentos de iluminación y júbilo, momentos que eleven su calidad de vida.”

El 28 de agosto, último día de todos los festivales de Edimburgo, se celebró con fuegos artificiales que se pudieron verse por toda la ciudad, por tanto era más que adecuado que una autora de imaginación pirotécnica, Heather O’Neill, presentase su nueva novela The Lonely Hearts Hotel al final del festival de los libros. De inmediato, la autora nos cuenta que escribió la semilla de la novela a los nueve años, en un relato de cinco páginas que entonces tituló The Romeo Hotel. Tras una vida itinerante por todo Estados Unidos su madre decidió enviarla a vivir con su padre a Montreal. O’Neill creció en un barrio lleno de gángsters y prostitutas. Escribir era su refugio, y su experiencia en las calles le trajo una habilidad o determinación por encontrar lo maravilloso en los lugares o situaciones menos esperadas. O’Neill crea un mundo nuevo para esos personajes redescubiertos en los cuadernos de su infancia, Rose y Pierrot, que crecen juntos en un orfelinato y sueñan con crear el mejor circo del mundo. Montreal en la década de 1920 era una meca de criminalidad -a los niños que nacían fuera del matrimonio los abandonaban- y, en la novela, la violencia y la fantasía conviven, sin alternarse, de manera natural a la vez que sorprendente. Hay imágenes que inquietan y deleitan simultáneamente, filtradas a través de la sensibilidad excéntrica de la autora: un ratón muerto en un frasco “flotando con las patitas estiradas, como si estuviera realmente maravillado por la vida.” Los protagonistas descienden al inframundo para encontrarse el uno a la otra. O’Neill nos lee el pasaje en el que Pierrot consume heroína por primera vez. La sustancia hace que sienta comezón en la espalda pero luego le brotan alas y todo lo que le rodea se vuelve etéreo. La conversación con la autora después llega al tema de lo indígena en la literatura canadiense. Ella afirma que lo que escribe viene de su relación personal con el tema, por lo que no tiene personajes indígenas en sus novelas. Sus personajes son supervivientes de situaciones difíciles, al igual que ella. La literatura canadiense tiene muchos problemas de apropiación cultural y muchos escritores blancos son criticados por escribir sobre personajes indígenas. “Ellos tienen su propia cultura y están en su derecho de representarla por sí mismos,” dice O’Neill, “y lo que nosotros podemos escribir sobre nosotros es algo enorme también. Mientras ellos tienen sus cuentos que vienen de la tradición oral, nosotros tenemos a Margaret Atwood, la primera gran autora de literatura canadiense blanca contemporánea, a quien adoramos y queremos tatuarnos su nombre por todo el cuerpo.” The Lonely Hearts Hotel es una novela que contiene un poco de todo: hay realismo turbio, commedia dell’arte, escenas como de cine noir, distopía y cuento de hadas. Y va más allá del romance para convertirse en una novela feminista porque al personaje de Rose las circunstancias le recuerdan constantemente que su destino está marcado por su papel biológico. Y su desafío a dicho destino nace de su curiosidad por “saber qué pasaría si nadie quisiera casarse con ella.” ¡Vaya explosión de ideas!

 

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