Javier Sierra, Premio Planeta 2017

 

 

texto REDACCIÓN

Casi cada año, en la rueda de prensa previa al Premio Planeta, José Creuheras suele subrayar la importancia de este galardón, que este año llega a su edición número sesenta y seis, al situar, al menos por un par de días, el libro en el centro de la información. Y razón no le falta, visto el número de periodistas que congrega el premio que, desde que fue instaurado, se celebra el 15 de octubre, día de Santa Teresa, en homenaje a Maria Teresa Bosch, mujer del fundador del que hoy es el primer grupo editorial en lengua castellana. Este año, sin embargo, se presenta extraño por la tensión política que se vive, como diría Unamuno, ante la “cuestión catalana”. La supuesta o no tan supuesta declaración de independencia del pasado 10 de octubre conllevó el anunció del traslado de la sede social del Grupo Planeta a Madrid y no fueron pocos quienes en la rueda de prensa del sábado bromeaban o aseveraban que la ceremonia de hoy sería la última que tendría lugar en Barcelona. A pesar del desmentido de Creuheras y su insistencia en conceder el protagonismo “al libro y a la literatura”, la política parece ser hoy la protagonista.

A diferencia de otros años, a lo mejor porque el foco de interés estaba en otra parte -algo más que evidente dado el gran número de periodistas de política y economía enviados a cubrir el Premio-, las apuestas no fueron particularmente animadas y, si bien es cierto que el secretismo es cada vez mayor ante las filtraciones de años precedentes, el nombre de Javier Sierra no tardó en aparecer. Eterno candidato, al menos para los hacedores de quinielas, Sierra estaba a punto de convertirse en el Murakami del Planeta; tras ganar el ya inexistente premio Torrevieja en 2004 con La cena secreta (Plaza y Janés), Sierra se convirtió en autor del sello Planeta y dentro de ese sello se convirtió en uno de los autores más leídos, reportando a la editorial más que beneficiosas ventas. El maestro del Prado, publicada en 2013, ha sido su mayor éxito hasta el momento y su consagración dentro del género esotérico. En efecto, Sierra es experto en ocultismo y en esoterismo: fundador de la revista Año cero, el autor de La pirámide inmortal, publicada en Planeta en 2014, ha colaborado con Iker Jiménez en Cuarto milenio y, actualmente, prepara un programa para Canal #0, Hay otros mundos, pero están en este.

Tras el seudónimo de Victoria Goodman y el título La montaña artificial, Javier Sierra ha conseguido el premio con más dotación en España, 601.000€, con la novela El fuego invisible, la historia de experto de la Universidad de Dublín, aunque de raíces españolas, que llega a Madrid y se ve implicado en un grupo de estudio un tanto extraño que sigue el rastro del Santo Grial, en la literatura y en arte. Como ya sucedió el año pasado con Dolores Redondo, premiar a Javier Sierra no sólo es premiar a un autor de la casa, sino también a uno de los autores que más lectores y ventas ha reportado al grupo editorial; en otras palabras, es reconocer a Sierra como un autor indispensable dentro del sello Planeta. Si, por un lado, las ventas de este año han demostrado que, a diferencia de otros casos, algunos no muy lejanos en el tiempo, la elección de Dolores Redondo fue afortunada, al menos en lo económico, pues su novela ha alcanzado las 17 ediciones, por el otro, la apuesta por Sierra subraya la voluntad de repetir ese mismo tiro.

Por lo que se refiere al finalista, en esta ocasión no se ha ido a buscar en la autoedición, como sí sucedió el año pasado con Marcos Chicot, el autor más leído en Amazon España, sino que se ha ido a buscar en el catálogo del otro gran grupo editorial, Penguim Randon House. Allí fue descubierta Cristina López Barrio, una abogada especializada en Propiedad Intelectual, con La casa de los amores imposibles, su primera novela para adultos tras ganar el II Premio Villa de Pozuelo de Alarcón de Novela Juvenil. Con la historia de Clara Laguna, una joven que, como su madre, está condenada a sufrir de desamor, López Barrio se hizo un hueco entre las autoras más vendidas, consiguiendo además ser traducida en 15 idiomas. Tras aquella primera novela, López Barrio ha publicado otras dos, siempre en Plaza y Janés, El cielo en un infierno cabe y Tierra de brumas, esta última publicada en 2015.  Ahora, dos años más tarde y tras el pseudónimo de Bella Linardi, la escritora ha conseguido alzarse como finalista del Premio Planeta con una novela titulada Niebla en Tánger. La obra cuenta la historia de una ama de casa aburrida que tiene una aventura fugaz con un hombre misterioso en una habitación de hotel y solo tiene de él un amuleto y la novela que estaba leyendo. Y a través de eso ella trata de recuperarlo de alguna manera, hacer alguna indagación sobre qué tipo de hombre es, y eso la lleva a Tánger y allí descubre la desconcertante coincidencia entre la vida que parece ser de este hombre y la reflejada en la novela. Si Luz Gabás llevó a sus lectores hasta Guinea Ecuatorial en Palmeras en la niebla y Maria Dueñas hasta Tetuán en su novela El tiempo entre costuras, López Barrio traslada la acción a Tetuán, sugiriendo así seguir un perfil de novelas de gran éxito entre el público.

En definitiva, un premio Planeta que, ante la zozobra política actual, ha querido apostar sobre seguro, sobre todo o casi exclusivamente en lo que a ventas se refiere. Y es que si el año pasado funcionó el modelo, ¿por qué cambiarlo?

 

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