¿Hay algo ahí fuera?

 

texto SABINA FRIELJUDSSËN

Las apariciones que tuvieron el padre y el hermano de Henry James lo impulsaron a escribir sus cuentos de fantasmas.

Henry James vivió rodeado de la mirada del fantasma. Su padre era un irlandés alegre y sociable, hasta que una tarde vivió un episodio espantoso que lo traumatizó. Estaba plácidamente sentado en una butaca en el salón de casa contemplando el fuego de la chimenea, cuando tuvo la sensación de que algo de una malignidad insoportable había entrado en la habitación. No era un hombre apocado, pero tuvo tal ataque de terror que su reacción fue levantarse a pedir ayuda y el propio pánico lo dejó paralizado. Fueron unos minutos de un pavor que sólo pudo describir mucho tiempo después. Esa experiencia lo dejó afectado durante años y a partir de entonces se convirtió en un hombre apesadumbrado e introvertido.

El hermano del escritor (William James) muchos años después tuvo otra experiencia no muy distinta, en la que sintió de manera vivida cómo el mal se manifestaba a su lado y un pavor paralizante que excedía toda racionalidad conocida lo invadía por dentro. Henry James no llegó a tener una experiencia semejante, pero sí tenía sueños muy extraños que lo acosaban por las noches, aunque en su caso él solía imponerse a las presencias negativas.

Por eso los cuentos de fantasmas se convirtieron en una de sus especialidades. Una de sus novelas más celebradas, Otra vuelta de tuerca, es paradigma del género de lo inquietante donde las fronteras de lo racional se funden suavemente como mantequilla en una tarde de verano. El volumen Fantasmas (Penguin Clásicos) reúne los grandes relatos del género que escribió. En la excelente introducción a este volumen, su biógrafo, Leon Edel, opina que “los relatos de fantasmas de Henry James surgieron de esas experiencias familiares y de ocultos sueños e imaginaciones, de la idea del novelista de que el hombre mantiene cierta relación con unas fuerzas impenetrables y misteriosas que escapan a uno mismo, que escapan al control humano, tal y como le sucedió a su padre o a su hermano William”.

Los fantasmas de James no son de sábana blanca ni de alarido, sino que son fantasmas a plena luz del día, son esos destellos del mal que quiebran el fino cristal de lo que consideramos “normalidad”. Y aun sin necesidad de la pirotecnia del terror gótico, consigue unos relatos sobrecogedores hasta el escalofrío. La sinuosidad de esos fantasmas, que están al filo de la cordura de quien los contempla, ponen en práctica una concepción literaria de lo sobrenatural muy propia del autor: “Si los hechos aparecen velados –explicaba el propio Henry James- la fantasía se desboca y pinta toda clase de horrores. Pero en cuanto se alza el velo desaparece el misterio”. Con su habilidad de maestro, logra que sea el propio lector con su imaginación el que haga corpóreo al fantasma sobre las hojas del libro

En De Grey, un relato romántico explica que cuando la joven Margaret está a punto de casarse con Paul De Grey es advertida de la maldición familiar que cae sobre las novias, pero no le da importancia. Incluso, la maldición se revierte y es él quien empieza a languidecer mientras ella, mayor que él, comienza a rejuvenecer como en un traspaso de vida También James aplicaba a veces el sentido del humor, como hace en La vida privada, donde asistimos a una historia entre irónica y sobrenatural sobre la doble personalidad que parte de la relación de James en algunos eventos sociales con un escritor de fama en su época, que en esas reuniones se conducía de manera frívola, procaz y alejada de todo el sentimiento que reflejaba su exquisita obra: “¡Ser un poeta tan grande y sin embargo un hombre tan prosaico”. Con esa inspiración, pensando que puede haber dos seres en el mismo cuerpo, trazó el desdoblamiento de personalidad del pintor protagonista de La vida privada.

En El mejor de los lugares despliega un cuento de magia con la aparición onírica de un joven que toca la mano de alguien y lo envía a una agradable aventura de ensueño en un monasterio lleno de sosiego. El rincón de la dicha es el título de otro de sus cuentos y es también una vieja casa de Nueva York donde el protagonista sigue el rastro del fantasma de sí mismo en un extraño juego de espejos entre él y el espectro en que puede convertirse. El alquiler del fantasma es una historia de casa embrujada canónica, pero ojo, porque la vuelta de tuerca es la especialidad de Henry James y sus cuentos siempre tienen un final que nos deja pasmados: en este caso, el atormentador, por razones que hay que descubrir en sus páginas, acaba siendo el atormentado.

Los fantasmas de James muchas veces no sabemos si vienen del más allá o han surgido del más aquí de nuestra sugestión, angustia o desequilibrio y eso los hace aún más pavorosos porque si están dentro nuestro... entonces nosotros somos el fantasma.

 

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