Andrés Barba y Diego Vecchio: un Premio Herralde con mucho que decir

 

 

texto ANNA MARÍA IGLESIA

 

Andrés Barba consigue el premio Herralde de novela por "República luminosa" y el escritor argentino Diego Vecchio queda finalista con "La extinción de las especies". Las dos novelas se publicarán en Anagrama en 29 de noviembre.

Dieciséis años después de quedar finalista con La hermana de Katia, Andrés Barba ha conseguido el premio Herralde.  “Autor de la casa”, tal y como lo define Silvia Sesé, Barba ha realizado su carrera literaria y ensayística en la editorial Anagrama, a la que no duda en describir como “mi casa”. Y no le falta razón, fue la editorial de Herralde quien dio a conocer al que ha sido considerado por la revista Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español y fue también Anagrama quien descubrió que Barba es mucho más que un interesante novelista: en 2007, Barba conseguía el premio Anagrama de ensayo por La ceremonia del porno, obra escrita conjuntamente con Javier Montes. Además, el autor nacido en Madrid en 1975, es autor de otros dos ensayos, Caminar en un mundo de espejos y el más que recomendable La risa caníbal. Barba, en definitiva, tiene una sólida carrera literaria a sus espaldas, en la que el ejercicio de la traducción juega, además, un papel imprescindible y, de hecho, la traducción de los cuentos completos de Joseph Conrad ha sido en gran parte el origen de República luminosa, la novela premiada. Si bien el interés por la infancia, objeto narrativo de Las manos pequeñas y Agosto, octubre, vuelve a aparecer, República luminosa es definida por su editora como “un paso adelante en la carrera de Barba, que afianza así la buena literatura a la que nos tiene acostumbrado”. Y, sí, para el propio Barba República luminosa es un paso hacia adelante y no responde perfectamente a los planteamientos de sus anteriores novelas: en esta ocasión, el escritor narra la historia de treinta y dos niños violentos de procedencia desconocida que un día llegan a San Cristóbal, “una pequeña ciudad tropical encajonada entre la selva y el río”. La llegada de aquellos niños trastoca la ciudad y pone en cuestión el orden establecido. Aquellos niños configuran una sociedad aparte, “una comunidad mental”, en palabras de Barba, que la ciudad de Sant Cristóbal no consigue entender y que termina convirtiéndose en un peligro para el modelo, primero, de niño y, segundo, de sociedad que reina en la ciudad. “República luminosa es una fábula mental”, apunta su autor, que aparte de Conrad ha tenido como referencia el documental de Los niños de Leningradsky, donde se narra la vida de los niños y los pre-adolescentes que viven en la estación de Lenngradsky, en Moscú. “Me interesaba ver cómo es una república infantil y, sobre todo, analizar cómo nos resulta difícil relacionarnos con los niños, especialmente si éstos no responden a lo que nosotros creemos que tiene que ser un niño”. Como apunta acertadamente Gonzalo Pontón, uno de los miembros del jurado, la cita de Paul Gauguin que da inicio al libro es particularmente dilucidadora: “soy dos cosas que no son ridículas, un salvaje y un niño". Los niños de Barba son niños, pero también son salvajes y la pregunta es ¿cómo puede el adulto relacionarse con ellos? “Los niños nos miran desde una perspectiva incómoda, por esto queremos que crezcan”, apunta Barba, que ha optado por un periodista como narrador. “Necesitaba oxigenar la trama. Quería un tono neutral y esto solo me lo podía dar la crónica”, continúa el autor, que, como apuntaba Pontón, construye en retrospectiva la historia de los 32 niños a través de una serie de materiales diversos y de una pluralidad de voces. “Quería que la novela fuera el relato colectivo de aquello que se narra. En este sentido, el narrador tampoco es del todo fiable”.

El finalista del Premio Herralde de este año ha sido el escritor argentino residente en París Diego Vecchio. Autor de un ensayo sobre Macedonio Fernández -Egocidios: Macedonio Fernández y la liquidación del yo-, no es de extrañar que su novela La extinción de las especies tenga como protagonista un museo de ciencias naturales. En efecto, la novela puede definirse como “la historia natural de los museos, que nacen, se expanden, se agota y se derrumban para atesorar aquello que fue, que ya no es, ni volverá a ser, pero que se obstina en persistir”. La novela de Vecchio, comenta Juan Pablo Villalobos, miembro del jurado y ganador del premio Herralde el año pasado, “plantea dilemas morales sobre la memoria y la historia” y lo hace a través de un artefacto literario difícilmente catalogable desde el punto genérico que, como reconoce Vecchio, tiene como referente último Bouvard y Pécuche de Flaubert. “Como Flaubert, quería que mi novela fuera una historia natural de la farsa, partiendo de la idea de que fuera de la literatura existen otras ficciones: la ciencia o la psicología, por ejemplo, construyen ficciones para explicar nuestro entorno o para explicarnos a nosotros mismos”. Considerada la ciencia y la historia en un relato de ficción, Vecchio cuestiona el relato científico que ha dado por natural la historia de la especie y que ha servido para elaborar un discurso racial sobre la preeminencia de determinadas culturas sobre otras. Asimismo, Vecchio cuestiona la institución del museo, “ahora todo se convierte en museo”, pues la museificación no es más que un proceso de construcción de un relato institucionalizado. Como apunta Vecchio al final de su novela: “el presente es el museo del futuro”.

El Premio Herralde llega este año a su 35 edición y con la editora Silvia Sesé comprometida a seguir la trayectoria de este premio, en cuyo jurado se ha incorporado la figura del representante de los libreros. En efecto, este año Jesús Trueba, responsable de la librería La buena vida de Madrid, ha formado parte del jurado junto a Gonzalo Pontón, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos y Silvia Sesé, que ha comentado que, en las sucesivas ediciones del premio, el lugar de Jesús Trueba será ocupado por otro librero de tal manera que haya una rotación continua. Con Andrés Barba y Diego Vecchio, Silvia Sesé se afianza como digna sucesora de Jorge Herralde y las dos novelas presentadas, en palabras del tribunal, están llamadas a dar mucho que hablar, pues, como señala Villalobos, “son fáciles de leer y complicadas de entender”. 

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