Mariano Quirós o la Argentina de la periferia

Mariano Quirós gana el Premio Tusquets de Novela con "Una casa junto al tragadero"

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

“Si levantas una piedra te salen un montón de escritores argentinos… y todos buenos”, comentaba hoy una periodista nada más llegar a la rueda de prensa en ocasión del premio Tusquets de Novela. Alguien podrá decir que no es para tanto, que algún escritor argentino poco memorable también hay, pero lo cierto es que, si hace pocos días Diego Vecchio -nacido en Buenos Aires y afincado en París- quedaba finalista del premio Herralde, hoy Mariano Quirós, nacido en Resistencia, recibe el Premio Tusquets de Novela por Una casa junto al tragadero. Con seis títulos a sus espaldas, Quirós no es nuevo en el mundo de las letras, mundo que conoce no sólo como autor, sino también como editor: hace algunos años, creó la editorial Mulida, con en Resistencia, ciudad que, si bien no puede competir literariamente con Buenos Aires, centro de casi todo, “tiene mucha vida, es gonchinchera”, bulliciosa.

Lejos de la orilla, en el interior de Argentina, ahí se inscribe la novela de Quirós, descubriendo, en palabras de su editor, Juan Cerezo, un territorio argentino bastante desconocido para el lector español. “Una casa junto al Tragadero nos descubre otra Argentina”, apunta Cerezo, subrayando que parte del protagonismo lo tiene precisamente el paisaje, un pueblo rodeado de naturaleza agreste a pocos quilómetros de Colonia por donde pasa el río Tragadero, que, según cuenta la leyenda, se “tragaba” todo aquello que caía al río. Animales, personas, nadie parece librarse del río Tragadero, cuya presencia sirve al autor para evidenciar todavía más el carácter hostil de la naturaleza, carácter que termina reflejándose también en la relación que se establece entre el hombre y la propia naturaleza. “Sí, no es una novela para ecologistas”, reconoce Quirós. En el texto, no hay nada de bucólico, todo lo contrario, el paraje es oscuro tanto como el protagonista, El Mudo, un hombre que llega al para quedarse a vivir en una casa en medio del monte. Como indica su apodo -nadie conoce su nombre- El Mudo no habla, no se relaciona, vive en una extraña y, en ocasiones, delirante soledad. “Lo que sabemos de El Mudo lo sabemos por Insúa”, comenta Quirós, refiriéndose al otro protagonista de la novela: se trata del dueño de una tienda con el cual, de forma excepcional, El Mudo se relaciona. “Todo lo que sabemos de El Mudo son las historias que, primero, Insúa y, luego, los otros vecinos inventan sobre él. El hecho de que El Mudo no cuente nada hace que todos comiencen a hablar de él y a inventarse historias, tachándole incluso de mago, de loco o de pervertido”. El protagonista de Quirós es tan inquietante como el paisaje, que es narrado, solo aparentemente, de forma realista; “Yo no conozco particularmente bien esa zona”, confiesa el autor, que ha construido gran parte del relato a partir de las leyendas que envuelven esa zona en el norte de Argentina. En este sentido, a la pregunta de si hay algún elemento fantástico en la novela Quirós asiente, pero matiza: “he querido que la literatura se apropiara de estas leyendas y las he vaciado de folklore”. Y sí, aunque no sea una “novela intelectual” o, como diría Rodrigo Fresán, “una novela que nace de la biblioteca”, Una casa junto al Tragadero es una obra en la que la forma se impone a la trama, ante todo, a través del lenguaje: “Tenía curiosidad por ver cómo el público español recibiría esta novela, por el uso que hago de un castellano regional,  periférico como el espacio narrativo, un castellano en el que introduzco expresiones incorrectas para reflejar el habla de la zona”, señala Quirós, en cuya prosa ha querido introducir guiños a una serie de autores que conforman su educación sentimental: ahí está el propio Rodrigo Fresán, está Onetti, están Puig y Piglia. “Piglia consiguió unir las dos tradiciones, la de Borges y la de Puig, y gracias a esto los narradores de ahora somos más libres. No tenemos que afiliarnos a una u otra tradición, sino que estamos atravesados por ambas”, concluye el autor, que, gracias al Premio Tusquets, publica por primera vez en España.

Siendo editor y habiendo creado su editorial en el momento de auge de las editoriales independientes en Argentina, es imposible no preguntarle qué opina sobre las restricciones que impuso Fernández de Kirchner para la exportación de libros a Argentina: “El Kirchnerismo apoyó mucho la creación, con unas subvenciones que Macri ha eliminado. Nosotros como editorial nacimos, en gran parte, gracias a esa política”, comenta el autor, para quien la restricción para la exportación de libros fue una medida óptima “porque permitió que nacieran muchas editoriales, reforzó el mundo editorial y literario argentino y aseguró puestos de trabajo”. “Con estas restricciones tu novela, Una casa junto al Tragadero tendría dificultades o incluso no llegaría a Argentina”, comentamos, “No importa, no puedo pensar en mí, tengo que pensar en la colectividad. Es mejor que mi libro no llegue a que muchos pierdan su puesto de trabajo”  

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