“El ciudadano se ha convertido en un cliente” Erri de Luca

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Erri de Luca publica "La natura expuesta" (Seix Barral)

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 La historia comienza en Val Badia, en el Trentino Alto Adigio, entre los Alpes italianos. Ahí, donde, como afirma Erri de Luca, no son posibles las fronteras, pues, al contrario de lo que se piensa, la montaña, lejos de ser una separación, “es un intenso medio de comunicación”, vive el escultor protagonista de La natura expuesta (Seix Barral), el último trabajo del escritor y poeta italiano. Si bien en la introducción del libro, así como durante la rueda de prensa, el autor subraya que la historia que cuenta en La natura expuesta es una historia que le ha sido narrada –“A mí nunca se me hubiera ocurrido”-, en las palabras y en los gestos del protagonista es difícil no ver algún rasgo de De Luca, experto alpinista y, sobre todo, activista política que en 2015 fue acusado de “incitación de delito” por sostener que los habitantes del Val de Susa tenían el derecho a manifestarse y protestar contra la construcción del tren de alta velocidad entre Lyon y Turón por los enormes daños medio ambientales que provocaría. En La natura expuesta encontramos algunos de los temas que definido sus últimos trabajos -la inmigración, los derechos del ser humano o la justicia-, temas que aborda recurriendo al imaginario bíblico. “En italiano, la “natura” es una palabra que indica también el sexo masculino o el sexo femenino”, apunta De Luca, que ya desde el título apunta que el tema central del libro es la exposición desnuda de los cuerpos y, al mismo tiempo, la voluntad de censura de dichos cuerpos. La desnudez de los cuerpos, recuerda el autor, tiene que ver con una forma de castigo: “Hasta la Contrarreforma, siempre se crucificaba desnudos a los condenados, porque desnudarlos y presentarlos sin ropajes frente a la mirada de todos era una forma más de humillación y de castigo”; el arte fue testigo de ello, al menos hasta Michelangelo, que fue el último a retratar a Cristo desnudo, recuerda De Luca, apuntando que, a partir de entonces, “la natura” fue cubierta, pero “no se cubría por esconder el desnudo, sino por censurar el dolor”.

La relación dialéctica entre la censura del dolor y la voluntad de restitución de esa desnudez original se plasma en el Cristo de mármol sobre el que el escultor trabaja para devolver a su origen y, por tanto, para quitar la tela que cubría su “natura” y en aquellos inmigrantes a los que el escultor ayudaba gratuitamente a cruzar la frontera. Si, por un lado, la voluntad de devolver la desnudez al Cristo remite, en palabras del propio autor, al intento del Papa Francisco de rescatar un cristianismo más puro, más esencial; por el otro lado, la historia de los inmigrantes que, a la desesperada, buscan cruzar las fronteras remite a ese dolor censurado, a ese dolor frente al que Europa gira la cabeza, provocando aún más sufrimiento. Sin embargo, la responsabilidad no solamente es de los Estados, sino de aquellos que, como se cuenta en el libro, aprovechan la desesperación del otro para enriquecerse: el escultor es el único que ayuda a cruzar las fronteras a los inmigrantes sin sacar provecho de ellos, él único de su pueblo que no ha hecho negocio con ello. Él está solo y cuando esto sale a la luz pública, el escultor debe abandonar el pueblo y trasladarse a un lugar de costa, lejos de las montañas: se responsabiliza de haber hablado, de haber puesto en peligro el negocio de tráfico de inmigrantes y, por tanto, se le responsabiliza de haber desnudado los hechos, habiendo relatado aquello que realmente sucedía.

Mientras “autoridades han intentado detener los flujos migratorios”, otros han hecho negocio con ello; sin embargo, a la base hay una misma y falaz idea: la de que existen “personas ilegales” y “clandestinas” término este último que, recuerda Erri de Luca, no está presente en la Biblia, “donde solamente se hablaba de ‘extranjeros’. Ambientado en el norte, La natura expuesta traslada al lector a una Italia del norte, donde los discursos xenófobos del partido Fratelli d’Italia con Salvini a la cabeza han tenido, en los últimos años, gran arraigo, como bien se ha reflejado en las últimas elecciones. “De todas formas, antes de estas elecciones, Fratelli d’Italia ya estuvo en el gobierno: Maroni fue ministro del interior y tanto él como el partido han demostrado que lo único que saben hacer es nada”, afirma con contundencia Erri de Luca, no sin antes recordad que “Maroni fue el que empezó a llevar a cabo las devoluciones en calientes, algo completamente ilegal y por lo cual Italia tuvo que pagar una multa”. Europa intenta poner barreras, pero “en la montaña y en el mar, las barreras son imposibles. Ahí no existen fronteras”, comenta el escritor, para quien Europa no solo obstaculiza la inmigración a través de la construcción de muros, sino, ante todo, a través de un lenguaje que señala, apunta y condena de antemano a los inmigrantes: “Cuando se habla de olas migratorias se está aludiendo a un fenómeno ante el cual la tierra firme debe protegerse y, por tanto, con este término justifica el rechazo; el término adecuado es flujo migratorio”, apunta el escritor, quien recuerda que el 12% de los inmigrantes que intentan llegar a eso han muerto ahogados. “Es ridículo poner barreras, porque a esta gente nos les frena nada, ni tan siquiera el mar, porque la muerte no es un riesgo, sino una realidad para ellos”.

La llamada crisis migratoria tiene lugar ante un equívoco giro político hacia la derecha de Europa, pero, ¿y la izquierda? Para De Luca el problema está, al menos en lo referente a Italia, en que la izquierda “no encuentra su representación política”. Mientras que, en los años sesenta y setenta, “el movimiento obrero tenía la fuerza de su parte a la hora de oponerse al empresario, ahora está lógica se ha invertido. En aquellos años se combatió la tiranía del trabajo, ahora, sin embargo, esa misma tiranía se ha impuesto”. A la pregunta sobre el porqué la izquierda parece haber perdido la batalla, el escritor italiano recuerda que “la política es algo que se mueve, que cambia” y, por tanto, “es indispensable renovar constantemente el contrato social”, contrato que, sin embargo, parece haberse roto en la actual sociedad “liberal y mercantilista”. Hoy en día, señala De Luca, “los ciudadanos se han convertido en clientes. La justicia, la educación y la sanidad son derechos recogidos en las constituciones de todas las democracias, sin embargo, hoy se han convertido en servicios ofrecidos por una empresa: el estado” Convertido el Estado en una empresa, “no sólo la educación, la sanidad y la justicia han dejado de ser derechos para convertirse en servicios, sino que son servicios a la mano solamente de quien tiene poder adquisitivo. Estamos viviendo un momento de degradación”, concluye Erri de Luca, “el ciudadano se ha convertido en cliente; el Estado se ha convertido en una empresa y los derechos se han convertido en servicios”.