Susan George, contra los ricos

Hits: 463

"Lo mejor que puedes proporcionar a los pobres es información sobre cómo operan sus opresores"

 

 

 

 

Texto: Lara Hermoso

“Estudia a los ricos y poderosos, no a los pobres y desempoderados… Dejemos que los pobres se estudien solos. Ellos ya saben lo que falla en sus vidas, y si de verdad quieres ayudarles lo mejor que puedes hacer es proporcionarles más información sobre cómo operan sus opresores y cómo pueden esperar que funcionen en el futuro.” Lo escribió Susan George (Akron, Ohio, 1934) en ‘Como muere la otra mitad. Las verdaderas razones del hambre en el mundo’, un libro publicado en 1976. Sobre esa idea, convertida ya en lema, ha cimentado George su carrera, centrada en realizar una crítica al Capitalismo argumentando que la pobreza es la consecuencia lógica del sistema. Filósofa, politóloga, pero sobre todo activista, Susan George, que comparte nombre con una famosa actriz, es un referente del movimiento altermundista y anticapitalista. Poseedora de un extenso currículum ha sido también miembro del comité de dirección de Greenpeace. Ejerce como presidenta del comité de planificación del Transnational Institute de Ámsterdam y como presidenta de honor de ATTAC Francia –la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y la Acción Ciudadana-.

Pero más allá de cargos el verdadero objetivo de esta pensadora inclasificable e incombustible ha sido siempre el de agitar conciencias, el de meter el dedo en la llaga y señalar a los poderosos. Su libro más ambicioso hasta la fecha continúa siendo ‘Informe Lugano’. Un documentado ensayo que nos presenta ante una especie de apocalipsis en el que dibuja un terrorífico escenario ecológico, laboral y económico. Un ejercicio de prosa depurada en el que George plantea un atractivo juego literario en el que mezcla datos reales y personajes de ficción. A saber: un grupo de hombres poderosos, bautizados como Solicitantes, encarga un informe secreto a diez sabios de diferentes especialidades sobre qué debe hacer el Capitalismo para sobrevivir en el siglo XXI. Un grupo de expertos radicado a orillas del lago suizo de Lugano, cerca de Davos, que primero realiza un diagnóstico: “Actualmente, el sistema liberal, basado en el mercado, no proporciona la felicidad, ni el consuelo ni cierto grado de seguridad a la mayoría de la humanidad; tampoco lo hará a la población prevista en el futuro: son datos conocidos y hay que admitirlos (…) Incluso en los países más ricos, no todos pueden poseer y acumular capital o triunfar como empresarios que asumen riesgos; mientras que el mercado laboral no sea más que eso: un mercado que obedece las reglas del mercado”.

El ritmo de explotación de recursos naturales en una población mundial creciente nos sitúa ante un drama ecológico. A eso hay que sumar el sistema general no para de generar excluidos de los procesos productivos. Una realidad que es igual en países del tercer mundo que en países desarrollados porque los que producen no cederán nada a los improductivos. La autora dibuja un panorama en el que no queda más remedio que reducir la población mundial para que no crezca el número de excluidos del sistema: “El siglo XXI debe elegir entre disciplina y control o tumulto y caos. La única forma de garantizar el máximo bienestar para el mayor número posible de personas, al mismo tiempo que se preserva el capitalismo, es reducir el número de personas (…) nuestro mensaje es que la cultura occidental y el sistema liberal de mercado deben, en el siglo XXI, elegir entre los fines y El Fin”.

En el anexo de este ‘Informe Lugano’ George rechaza las conclusiones de los Solicitantes y plantea soluciones alternativas. En un ejercicio calificado por algunos de provocación y no exento de críticas escribe: “La alternativa es el totalitarismo y la solución Lugano; hay que elegir entre sus reglas y las nuestras. Estamos en una situación similar a la de los estadounidenses o los franceses de mediados del siglo XVIII. Ellos también caminaban a tientas, sin estar del todo seguros de cómo salir de una monarquía absolutista”.

Una lectura provocativa desde el prisma de la izquierda del fenómeno de la Globalización en el que subyacía una importante advertencia: “El riesgo de que se produzca un importante accidente financiero se intensifica: de hecho, nos sorprende que no se haya producido aún”. Tras la caída de Lehman Brothers muchos dieron a la investigadora la categoría de pitonisa al haber previsto la crisis económica mundial una década antes de producirse. A esa ola se subió la politóloga convertida en miembro del grupo de intelectuales referente de los movimientos antiglobalización que ha publicado estudios contra las políticas del Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Aunque lo cierto es que el movimiento antiglobalización se dio a conocer a nivel mundial mucho antes del crack de las subprime. Fue en la denominada batalla de Seattle en el año 99, de la que hubo incluso versión cinematográfica. En la ciudad norteamericana debía llevarse a cabo la Conferencia del Milenio o, lo que es lo mismo, la reunión de la conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de la que se esperaba que surgieran numerosos compromisos multilaterales que debían traducirse en el fortalecimiento de la normativa supranacional comercial. Entonces miles de personas salieron a la calle, al margen de todo partido político, y alzaron la voz hasta hacer fracasar la Ronda del Milenio. Aquello solo fue el comienzo y un año después consiguieron que se cancelara una reunión conjunta del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Praga y otra en Barcelona en 2001, meses después de la muerte de un manifestante en la contracumbre de Génova.

Esos fueron algunos de los triunfos de intelectuales como Susan George y, aunque se trata de un movimiento que ha perdido fuerza, lo cierto es que no ha conseguido que esta doctora en Ciencias Políticas deje de batallar por una sociedad más justa, de denunciar los entramados de los lobbies internacionales de poder.

Se levantó contra el TTIP, el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos. Y argumentó las razones por las que había que “odiarlo” comparándolo con un vampiro. Según George ese acuerdo se traduciría en la pérdida de un tercio de los agricultores europeos que no podrían competir con los estadounidenses; acarrearía un deterioro de la salud pública porque el acceso sería más difícil y caro y las empresas farmacéuticas acabarían con los medicamentos genéricos; el TTIP jugaría en favor de la escuela privada frente a la pública y provocaría un retroceso en el campo científico. Además ese tratado, según George, supondría un duro golpe para la legislación progresista e incrementaría la presión sobre la democracia porque, sostiene, serían las compañías las que crearían normativas y reglas y no los legisladores electos. A todo eso, remata, hay que sumar que se aceleraría el incremento del cambio climático –otra de sus grandes preocupaciones- por el impulso del petróleo.

Se levantó contra las políticas de austericidio en Europa denunciando que ejecutivos como el español o el griego habían renunciado a gobernar para los más jóvenes. Ese es uno de los campos de batalla de la carrera de esta incombustible activista abuela de cuatro nietos que pasan de los veinte años: espolear a las generaciones más jóvenes, incluso a las ya movilizadas, para que no se conformen con el orden establecido.

George lleva décadas haciendo pedagogía social para que la política del pueblo llegue al pueblo. Ha compaginado su labor en foros y conferencias de todo el mundo con una intensa actividad académica. Una década después del primero llegó a las librerías el ‘Informe Lugano II’, en este caso con el epígrafe ‘Esta vez, vamos a liquidar la democracia’. De nuevo una reunión secreta en territorio suizo, de nuevo los Solicitantes piden respuestas a un consejo de sabios que en esta ocasión se enfrenta a nuevas preguntas: ¿vivimos una progresión inevitable de crisis, decadencia y caída final del mundo occidental tal como lo conocemos?, ¿será esta la gestación de un renacimiento del sistema capitalista que saldrá fortalecido del proceso?

La infatigable investigadora vuelve a deslizar argumentos ya conocidos en la segunda entrega del Informe Lugano y defiende que a mayor gasto público en inversión social mayor desarrollo, productividad y eficiencia para el desarrollo. Vuelve a realizar una crítica feroz a los lobbies financieros que, asegura, están arrancando grandes ventajas a la Comisión Europea y cuya opinión se está teniendo en cuenta en la elaboración de leyes. Muestra un cúmulo de estafas de grandes empresas e instituciones financieras y carga las tintas contra la Unión Europea, señala la activista estadounidense que se ha dado un golpe de Estado sin violencia y con acuerdos “hablando en merkeliano, vinculantes y eternos”. Una situación que ha conducido a un callejón sin salida: los gobiernos no pueden elegir en qué invierten el dinero de los contribuyentes.

El libro se abre con una cita de Warren Buffett, el segundo hombre más rico del mundo: “Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando”. En los últimos tiempos George ha asegurado en numerosas entrevistas que en la actualidad ya no se puede hablar de crisis, sino de un nuevo capítulo de “la lucha de clases”.

Enormemente crítica con el sistema establecido George votó en las primarias del Partido Demócrata por Bernie Sanders. En las últimas elecciones presidenciales, y frente a Donald Trump, lo hizo por Hillary Clinton. Pero mientras medio mundo se sacudía la sorpresa por la victoria del magnate ella razonó que era el comportamiento más lógico. La reacción a cuarenta años de neoliberalismo. Un neoliberalismo al que, denuncia, se ha entregado Europa. Alerta Susan George del riesgo de desaparición de la socialdemocracia, un sistema que ella defiende que si realmente se cumple es perfectamente aceptable porque, a su juicio, mercado y capitalismo no son lo mismo. El problema, según la politóloga, es que la socialdemocracia ha caído en las garras del neoliberalismo.

Estadounidense de nacimiento Susan George tiene pasaporte francés desde 1994. Define a Emmanuel Macron como un neoliberal de manual y, sin embargo, en una entrevista concedida recientemente a Públic confesó que había votado por él: El verdadero debate en la izquierda era si votar a Macron, abstenerse o votar nulo. Creo que votar es muy importante, yo siempre voto. Decidí votar a Macron para evitar la victoria de Le Pen, pero no todo el mundo pensó igual. El auge de la ultraderecha, como la que representa Le Pen, le parece algo normal en este contexto económico en el que, afirma, muchos ciudadanos se sienten abandonados por sus políticos. Caldo de cultivo perfecto para la aparición de los movimientos radicales y los populismos.

La politóloga hace un llamamiento, una vez más vuelve a conjugar el verbo unir, para tratar de concienciar a la sociedad de la importancia de luchar unidos contra el cambio climático. Asegura que podría ser el virus que supusiera el principio del fin de la raza humana. La activista francoamericana hace suya aquella frase de Paul Valéry al final de la I Guerra Mundial: “Nosotras, las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales”, y recuerda que no habrá riqueza que nos salve de las consecuencias provocadas por el cambio climático. Nos vuelve a situar Susan George al borde del lago de Lugano; al borde del abismo.