Poesía para la primavera

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Poesía para esta primavera

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

La poesía aprovecha la primavera para conquistar lectores en el paseo cálido de la mañana y/o de la tarde; para que no se diga, que entre todos la mataron y ella sola se murió. De eso ya se encargan cantautores, concursos de televisión y de los otros, editoriales y demás, que apuestan por una poesía biodegradable. Una poesía cerilla que pasará sin pena ni gloria. Pero, ante todo esto no queda más remedio que romper una lanza por los que se baten el cobre con el lenguaje, con esa palabra sujeta a ritmo. Y uno de los libros que más me llama la atención, además de los ya reseñados en esta web de librujula.com es la edición bilingüe de Elegía de Marienbad (Linteo), de J.W. Von Goethe en traducción e introducción de la profesora Helena Cortés. Donde Goethe se pregunta: “¿Qué podré esperar ahora yo del reencuentro,/ qué de la flor aún cerrada del día?/ Abiertos te están paraíso e infierno” Día de rosas o claveles y libros, depende del lugar que nos encontremos.

Y otro libro que me ha sorprendido gratamente es el del poeta granadino Antonio Enrique (1953), La palabra muda (El Gallo de Oro), donde con las palabras del alfabeto hebreo escribe sus 22 poemas referidos al holocausto. Es un viaje al horror y al terror, con poemas desoladores, donde la agonía se encarna, para con lenguaje desgarrador y directo nombrar aquello que nos sacude y despierta: “Te amo porque te estás muriendo/ al mismo ritmo que yo”. Más un epílogo donde da rienda suelta a esas imágenes que sí tienen fe y esperanza: “un sueño de oro, una pasión de diamante,/ la insigne libertad del águila y la armonía/ vertical, cadenciosa y blanca del clamoroso cisne”. Y en la misma editorial también aparece el libro del gaditano Javier Sánchez Manéndez (Puerto Real, 1964), De cuna y sepultura, sexto libro de su gran obra Fábula, donde “Hablas con las presencias y responden las ausencias”. El poeta ejerce de propagador del misterio poético y con sus versos indaga en la realidad, esa palabra inventada, y es con la palabra fértil, con la que llega al conocimiento de lo oculto, para ver esa belleza perseguida, anhelada: “Contemplar, atender y entender”.

Así, pues, en este recorrido por los grupos de libros de la mesa y alrededores, cabe destacar en estos días de luz mediterránea La balada de Rutger Hauer (Amargord), de Ángel Sobreviela (Zaragoza, 1974), autor de aquella Epístola desde Cimeria (Huerga & Fierro), que pasó desapercibida. El poeta escribe versos como: “Amanece, y las barcas levitan en la luz”, en esta balada que es una serie de poemas épicos largos, con tono reflexivo, sobre las películas reconocidas del famoso actor neerlandés. También, Seis sextetos (Siltolá) de Juan Carlos Elijas (Tarraco, 1966), con prólogo de Eduard Bosch, y si el poeta alemán se preguntaba, Elijas no se pregunta, afirma al perseguir la belleza poética: “Porque todo estuvi ahí desde el origen./ El proyecto de ser y la voluntad de estar;/ la piedra en el fango bajo las aguas y sus ondas:/ conocerla será iniciar el sendero de la muerte”. Y dos libros que festejan la poesía desde su óptica son Del fondo (Vinalia Trippers), del leonés Vicente Muñoz Álvarez (1966), con prólogo de Jesús Palacios y epílogo de Pablo Antonio García Malmierca y con ilustraciones de Andrés Casciani, posiblemente el mejor libro ilustrado, en blanco y negro, que yo he visto: “pero prefirió guardar silencio/ y se negó a admitir otra verdad”. La poesía siempre busca la belleza, sea como sea: aunque sea en un abismo. Y el otro es el del poeta, que con su poesía da un salto al vacío, sabiendo también de su fe y de su esperanza, el zaragozano Sergio Algora (1969-2008), de quien Chaman Ediciones ha publicado su poesía completa, Celebrad los días, en edición de Anaís Toboso y Pedro Gascón: “De la dama que no hablo/ es el trazo dañino del azul”. Un poeta sin igual, de enjundia, en este tiempo de banalidades, donde con sus versos torpedea todo lo habido y por haber, pues “El mar es sencillo como un hombre. Le es más fácil matar que amar”.

Otros poetas que llaman la atención de este lector son el barcelonés Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, 1975) con su Medio mundo en luz, con versos existenciales, que llegan en estos momentos de tanta incertidumbre, como: “Toda mi vida en la vida/ viviéndola sin vivirla/ (¿acaso he dicho vida?)”. Rafael Benegas (Barcelona, 1989) con su Segundo domicilio, donde se recrea en el poder sanador de la poesía: “Mírame, mira aquí, mira de nuevo:/ ¿ves a este animal que aun te sueña,” y Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) con Nuestra orilla salvaje, quien escribe versos tan certeros como “Estamos demasiado lejos de la piel”. Todos ellos editados por la prolífica editorial sevillana La isla de Siltolá. También está presentes de esta editorial, Siltolá, los poemarios Siglo XXIII del madrileño Álvaro Guijarro (1990), III Premio de Poesía Joven Antonio Colinas, quien acaba el poemario con estos versos: “He llegado aquí por obligación.// Ahora me espera vuestro espíritu.” Noir del cordobés José Daniel García (1970): “Vuelvo al ciberespacio./ Navego por las redes en tu busca”; Navajazo del albaceteño Julián Cañizares Mata: “Que la vida corta, lo saben los árboles, los quijotes”; Estado líquido del también albaceteño Antonio Rodríguez Jiménez (1978): “pero ahora estoy hablando desde un presente cierto”; quien prologa La danza de la vieja de la asimismo albaceteña Ana Martínez Castillo (1978): “Paseo,/ y los nudillos de la luna/ suenan huecos en mi espalda”.

Por su parte, Bartleby presenta el duro Cuaderno ruso de Alfonso Armada (Vigo, 1958): “Digo que la muerte es de carne y hueso.” Comiendo de una granada de Esther Muntañola (Madrid, 1973): “Comenzamos el otoño/ comiendo de una granada;/ otra vez el tiempo acelerándose/ jinete del vacío”, con prólogo de Marisol Sánchez Gómez. Y, De soledad, amor, silencio y muerte (Poesía reunida 1964-1968), de Pablo del Águila (Granada, 1946-1968), con edición y estudio a cargo de Jairo García Jaramillo. Y destacar los poemarios de Las razones del agua (Adeshoras), de Francisco Javier Guerrero: “no he sembrado los versos en roderas de azar” y bellamente ilustrado por Lola Castillo, asombrosos dibujos. Lovely (Saltadera) de la balear Antònia Vicens (Santanyí, 1941): “No solo era el perfil de su cuerpo ausente”, con traducción de Carlos Vitale, en edición bilingüe. Elogio de vivir (Antología poética: 1979-2013) (Linteo) de Xavier Seoane (A Coruña, 1954): “en el tranquilo sosiego de la luz/ y la desnuda inocencia del canto de los pájaros”, edición bilingüe, con traducción del propio autor e introducción de Xosé María Álvarez Cáccamo. Belleza atemperada (Trea) de Juan Massana (Barcelona, 1950): “Solo hay reposo en el arte,/ descanso en la belleza”. Y La semilla del óxido, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana 2017 (Devenir), de José Luis García Herrera (Esplugues de Llobregat, Barcelona, 1964): “y nada escapa del óxido mortal de sus ruinas”.

 

Hispanoamericanos y traducciones

Por otra parte, y porque vale su lectura para todos los públicos, no se lo pierdan, de la editorial Vegueta, es El cielo se está cayendo a pedazos, ecopoemas de Nicanor Parra, con prólogo y selección del profesor Niall Binns. Es la urgencia por despertar ante y por la naturaleza o nos vamos todos al desastre: “Para que los acontecimientos/ No ocurran todos de una vez”. Otro poeta de raza, peruano español, Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, 1962) publica su Em frente do mar emudeci/Ante el mar, callé (Labirinto): “Asumo sueños en la densidad de mi frente viva”, es un hermoso poemario bilingüe, español portugués, versión portuguesa de Eduardo Martins Aroso. Poemas que hablan de los momentos importantes de y en la vida. También el poeta portugués Joao Rasteiro (Coimbra) publica Poemas em ponto de osso/Poemas en punto de hueso (2001-2017) (Ianua Editora): “no soy sino la mano que escribe”, con traducción de Xavier Frias-Conde. Son textos líricos donde demuestra su madurez poética, plasmando la gran metáfora que es la vida. Además, Osvaldo Sauma (San José Costa Rica, 1949) publica Terapia de locos (Antología 2012-1983 y poemas inéditos): “había perdido la noción del silencio/ con tanto grito tuyo a mi alrededor”, en edición de Javier Sánchez Menéndez y prólogo de Luis Chaves.

Además, Bartleby edita La célula de oro de Sharon Olds (San Francisco, EE.UU., 1942); “y después como un dios me di la vuelta y los traje al mundo”, en edición bilingüe, con traducción y prólogo de Óscar Curieses; Baile del Sol publica Esbozos inacabados de una revolución del reconocido e incómodo poeta esloveno Brane Mozetic (Ljubljana, 1958): “y el mundo cambia, una amiga llega a ser mucho más”, con traducción excelente de Marjeta Drobnic. Un texto de gran dureza, tal cual la vida, con los ecos de la revolución, guerra y del sexo como ejes; y Linteo edita Poesía completa del poeta norteamericano Robert Frost (San Francisco, 1874-Boston, 1963): “La cosa era emocionarse cada tanto”, con traducción, introducción y notas de Andrés Catalán y Flores de un momento (Poemas breves) del coreano Ko Un (Kunsan, 1933): “En el camino de regreso,/ los árboles me observan”, con traducción de Sug Chul Suh e introducción del poeta y director de la colección Antonio Colinas. También, acaban de aparecer en el mercado Un acuario (La Garúa), de Jeffrey Yang, con traducción de Jordi Doce: “lejos del agua viva el alma se deseca”. Y A la manera de Lorca y otros poemas (Salto de página), de Jack Spicer (Los Ángeles, 1925-San Francisco, 1965): “La luna tiene dientes de mármol/ ¡Qué vieja y triste parece!” Esta es una propuesta emocionante de lectura; pero, seguro que hay otras. Buena primavera, y cuiden esas alergias; pero, recuerden que en la esquina del verso anida el verano y las bicicletas están en el garaje. No olviden que quien lee poesía vida tiene.