Poesía para cambiar el mundo

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Isabel Tejada, una nueva manera de hacer poesía

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

La poeta Isabel Tejada Balsas (Jaén, 1973) ha sido la ganadora del I Premio Esdrújula de Poesía con Lugares para el insomnio (Esdrújula). Y por una vez y sin que sirva de precedente estoy totalmente de acuerdo con el jurado, formado por las poeta Ángeles Mora y Nieves Chillón y los poetas Luis Melgarejo y Antonio Praena. Y según el jurado este poemario goza de metáforas e imágenes poderosas, con una voz muy personal que se reconoce en todos los poemas y con gran coherencia en las cuestiones formales. El poemario, que cuenta con poemas breves de 2 a 19 versos, está dividido en tres partes: el ruido (15 poemas), el hambre (15 poemas) y la lucidez (12 poemas), y nos habla de todos los temas de la poesía universal: amor y dolor, vida y muerte, esperanza y desesperanza; pero desde esa gran lucidez que tiene esta poeta jienense, que llama la atención y que a nadie dejará indiferente, pues su verso como “el sol silabea indolente los tejados”.

Ella, la poeta Isabel Tejada, afirma que “la vida es un bordado maravilloso, que si se mira de frente ofrece una imagen y, sin embargo, si lo miramos por detrás, la imagen que percibimos es totalmente distinta, llegando a carecer, en la mayoría de ocasiones, de lo que se podría entender por belleza. La poesía es la capacidad de mirar más allá del bordado y contemplar, describir e incluso llegar a entender el entretejido de sus hilos de su cara posterior y eso, entre otras muchas cosas, es para lo que creo que sirve (si es que tuviera que servir para algo) la poesía, para darnos la oportunidad y la bendición de ser más conscientes”. Porque tiene las cosas muy claras, Tejada asegura que “cuando me hablan de canon literario no puedo evitar relacionarlo con el canon estético al que se ve sometida la amplia diversidad de cuerpos y que, al igual que yo, como cuerpo no normativo, no quiero que me hagan un huequito en la norma, sino coger esa norma y romperla en mil pedazos para que todos los cuerpo sean libres y sean deseados no por cómo son sino por lo que son; y como mujer, tampoco quiero que me abran las puertas y que me dejen un sitio sino dinamitar el edificio entero y que nos sentemos todos bajo los olivos de mi tierra a escribir, que es lo que importa aquí”. Al respecto de la poesía y el poder, la poeta no duda a la hora de afirmar que “quien escribe poesía, como pretendiente de la verdad, difícilmente puede ir de la mano del poder, que acaba por corromper todo lo puro, sino más bien todo lo contrario, la poesía ‘es’ para desarrollar un punto de vista crítico sobre las cosas y eso sólo se puede conseguir en independencia, autonomía y libertad”. La poesía de esta poeta de Jaén es invasiva; ella, la poeta, sabe bien que la poesía no es ocio. Al contrario, Tejada sabe que la poesía exige, más todavía siendo mujer quien escribe; sabe que la poesía es lo que queda tras el incendio, tras las ruinas, es aquello que aparece cuando se ha derrumbado todo lo que es mera apariencia, cuando se ha venido abajo, tanto exterior como interiormente, lo aparente, ese ornato vacío que todo lo envuelve. La poesía, lo sabe Tejada y lo sabemos sus lectores, es hoy más necesaria que nunca, sí, puede que hoy la poesía sea, incluso, más necesaria que ayer: en aras del pensamiento y proyección de futuro; en aras de educar al patriarcado, en aras de derrumbarlo en busca de un mundo otro que no consiga materializarse, salir de los versos que lo evocan y hacerse tangible, dejar de ser ese "otro" para ser el mundo primero, el único conocible. La poesía, lo dice bien Tejada, es necesaria por su gesto fundacional, por su carácter transgresor, por su carácter subversivo: 

 

"ser lo mejor del otro

y que todo esté mejor

y quedarme ahí" 

Es importante recuperar la esencia de la poesía, dar valor al verso no al espectáculo, aunque también. Solo hay que ver y oír declamar a esta poeta de voz y memoria prodigiosas. Y no me cabe la menor duda de que para Isabel Tejada escribir un poema es una declaración ética y estética, a la vez que una aproximación mayor al mundo en el que vivimos: “de que algunas veces las cosas salen bien”. No hay que perder de vista que los poetas son ciudadanos, no están fuera del mundo, y la poesía es un camino muy saludable para entender este mundo complejo. Lean a esta poeta, una mujer poeta comprometida con la realidad, ese otro modo de ser poeta:

un taxi bajo la lluvia me trae de vuelta a casa

no hay nada más triste

una pareja se besa en un cajero automático

mientras contemplo la belleza de su asedio

un taxi bajo la lluvia me trae de vuelta a casa

atravieso el pasillo su garganta cenicienta

el tubo fluorescente de la cocina me señala los huevos rotos

como prueba de mis crímenes sin mérito

un grifo gotea

y siento la vida que se me escapa

la memoria de los espacios su claro reproche

todo aquello que no he vivido

lo que pudo suceder en mí y pasé por alto

la extinta espesura de mis sueños