Un charco es un océano en miniatura

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El científico y navegante Tristan Gooley nos lleva a conocer el mundo azul en “Cómo leer el agua”

 

 

 

Texto y Foto: FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO

 

Los aficionados a observar la naturaleza, los marineros, caminantes y todo aquel que sienta el poder de la vida misma en la diversidad que habita la tierra, están de enhorabuena. En Cómo leer el agua (Ático de los libros), un libro de viajes, ciencia y cultura, su autor Tristan Gooley, nos enseña a ver las señales, las pautas del agua, desde un charco a un océano. Un libro maravilloso y sabio.

Hablar con la única persona viva que ha cruzado el Atlántico en solitario tanto en barco como en avión, que ha liderado expediciones a los cinco continentes, escalado cumbres, y se ha lanzado en paracaídas desde un edificio en Australia, impresiona un tanto. Pero de inmediato, uno se da cuenta que este estudioso de los métodos de navegación de las tribus de las regiones más remotas de la tierra, tras su sonrisa tímida es una persona de tranquila y de buen trato. Y claro, la primera pregunta es el porqué de tanta aventura y estudio.

¿Es la suya una vocación provocada, instintiva o casual?

Era un niño bastante inquieto que en los montes y colinas veía grandes montañas, y un lago se convertía casi en un mar; imaginaba que aquellas cortas excursiones que hacíamos, eran en realidad grandes viajes en los que vivía formidables aventuras, y por ahí es donde vino la vocación de explorar y ser navegante.

Todo tiene un principio. ¿Cuál fue su primer viaje iniciático?

Cruzar el Atlántico, algo que tenía más de prueba que de aventura en si misma; a los veintipocos años, como otros jóvenes de mi edad me sentía inseguro, y deseaba que estas aventuras me proporcionaran esa seguridad que me faltaba. Así que me embarqué en el puerto canario de Lanzarote con otras seis personas, en un pequeño barco llamado Goldeneye con rumbo al Caribe. Durante la travesía me ocupé del timón de popa para contemplar el Atlántico a placer, y averiguar si iba a poder llevar bien la singladura. Era una prueba, porque hay mucha gente que se embarca en esos viajes y es incapaz de finalizarlos.

Usted que ha navegado por diferentes mares, observado los cambios climáticos y cruzado el cielo, qué fenómeno le ha impresionado más de cuantos haya visto o sufrido?

Fue en un viaje memorable navegando con un amigo en una embarcación de diez metros, por la parte superior de Islandia hacia Groenlandia. Habíamos zarpado de Kirkwall, en las Orkney. Quería investigar si los vikingos habrían podido utilizar las aves, los cetáceos y otras pistas naturales para determinar a cuánta distancia estaban de Islandia. Hubo momentos muy duros, pero la contemplación del sol de medianoche hizo que merecería la pena todo.

En su libro ya deja claro su admiración y respeto por navegantes como los vikingos, y también por los nativos de la Polinesia.

He estudiado los métodos de navegación de los vikingos, y también de los polinesios. He navegado por las frías aguas del Mar del Norte imaginándome cómo lo hacían los vikingos con una pericia extraordinaria y tan pocos elementos para marcar el rumbo. He estado en las islas donde los nativos de la Polinesia navegaban con esa destreza maravillosa.

Igualmente rinde homenaje al navegante, explorador y cartógrafo británico, el capitán James Cook, un gran marino sin duda. Pero resulta sorprendente que no mencione a Juan Sebastián Elcano, dado que completó la primera circunnavegación del globo a la muerte de Fernando de Magallanes, otro insigne marino.

Mi cultura es anglosajona, y por ello estoy más próximo a los navegantes y exploradores británicos. Apenas conozco a otros; sería un reto que debería abordar, y ello me costaría un esfuerzo que se escapa al contexto del libro. Leo manuales técnicos e historia naval de los que aprendo, y me son muy prácticos. Y, por supuesto, también literatura para evadirme y por placer. Leo desde la infancia novelas de ambiente marinero, por ejemplo, Robert Louis Stevenson es uno de mis autores preferidos. Y también a George Orwell desde hace mucho tiempo, creo que he leído casi toda su obra.

En Cómo leer el agua en el apartado de los remolinos menciona precisamente a Orwell en un incidente marinero que pudo ser fatal…

Como explico en el libro si las fuertes corrientes se encuentran con la topografía adecuada, las aguas comenzarán a girar y darán lugar a un remolino. El Corryvreckan, cercano a la isla de Jura, en Escocia, es uno de los remolinos más grandes y poderosos, y estuvo a punto de hacer zozobrar la embarcación en la que Orwell y su hijo adoptivo, navegaban. Teniendo en cuenta que, además, el escritor no era buen marino, tuvieron mucha suerte ese día.

Supongo que habrá leído a Patrick O’Brian, un clásico de las aventuras navales durante las guerras napoleónicas. ¿Qué le parecen sus novelas?

Es curioso que me pregunte eso, porque antes de coger el avión para venir a España busqué alguno de sus títulos en el aeropuerto, y no encontré ninguno. No solo he leído varios de sus libros, sino que estoy a punto de acabar una biografía suya de más de setecientas páginas. En ella se habla de que había sido espía, pero he procurado que lo se dice de él bueno o malo, no interfiriera en mi lectura de sus libros que sigo disfrutando. La observación de la naturaleza en sus diferentes facetas y elementos requiere mucha paciencia y, probablemente, un punto de soledad que le aísle del mundo.

¿Es un hombre introspectivo que necesita de su propio refugio para encontrar el equilibrio?

Desde la infancia me ha gustado compartir experiencias potentes, disfrutar del tiempo con otras personas; pero también, tengo ese carácter introspectivo, y aprecio pasar tiempo conmigo mismo. Ambas son complementarias; me realizo tanto al disfrutar momentos estupendos con otros, como recluirme tranquilamente en mi propia soledad cuando lo necesito o me apetece.