Poesía para la Feria

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Qué poesía comprar en la Feria del Libro de Madrid

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

Un paseo por la Feria del Libro de Madrid, que está ubicada en el parque de El Retiro hasta el 10 de junio, nos descubre en esta ocasión miles y miles de versos con los que curar todos los males habidos y por haber, que buena falta nos hace. Es que la poesía es mano de santo para los necesidades de los lectores y se pueda apostar por ella e invertir en ella. La poesía va al alza, no lo duden. Llega el tiempo de la poesía. Entramos en la feria y hay poetas y hay libros:

Nos encontramos con el poeta Óscar Ayala (Carpio de Tajo, Toledo, 1967), quien presenta estos días su canto III y último, Metaéxtasis (Baile del Sol), de la trilogía formada por Atanor. Parque de atracciones poéticas (Germanía, 2001), canto I, y Parajes de lo incierto (Alacena roja, 2014), canto II. En este canto, Metaéxtasis, el verso nace del azar y la necesidad, con todo su poderío verbal, en ese sentimiento poético de libertad: “Un vuelo no es un vuelo/ si da sombra”. También, hallamos por estas casetas el poemario Sum(ido) 366 (En Huida), del aragonés Jesús Soria Caro, quien hace una apuesta por el haiku: “Un universo/ ser lagrima en el cosmos/ ojo en la estrella”. La belleza de lo pequeño ante el todo, ¡qué arte! El prólogo es de Marta Domínguez Alonso y como bien dice, el poeta busca la complicidad del lector. Así, pues, tenemos toda una espléndida cosecha de silencios, tan necesarios hoy.

Por su parte, Alberto Acerete (Zaragoza, 1987) publica Nunca. Digas. Casa (Libros del gato negro). En estos poemas que dan vida y de qué manera a este libro, el autor explora los límites de la poesía: versificando la historia de una familia desestructurada, de las que todos conocemos, pues haberlas haylas: “(solo intento decir que a un lobo comeovejas lo/ habríamos querido)”. Un libro duro que habla de esa existencia otra.

También aparece el poeta Enric López Tuset (Tarragona, 1983) con su poemario Equilibrio (Polibea), en el que con preliminares de Javier Lostalé y epílogo de José Cereijo nos habla de ese perseguido equilibrio entre el ser poeta y el verbo, que fue en el principio. Este es un poeta que se lanza al abismo de la fe de ese camino místico de los grandes poetas de la interioridad, con lenguaje visionario: “Claridad, claridad absoluta en establo absoluto de lo cuidado y lo no dañado”.

Y el poeta Javier Lostalé (Madrid, 1942), que nos ofrece Cielo (Fundación José Manuel Lara). Este poeta de la consumación, de quien siempre he dicho que sus versos nos acompañarán ante el misterio, canta en este nuevo libro a los temas de siempre: el amor y el desamor, a la vida y a la ausencia que se acerca al galope. Es un poemario donde se deslavaza el yo poético para ser él en el devenir continuo: “Quien ama/ sin nunca haber sido amado/ escribe ahora este poema/ en el que se va borrando,/ mientras su escritura/ no deja de sangrar”.

Juana Castro (Villaneva de Córdoba, Los Pedroches, 1945) expone su Antes que el tiempo fuera (Hiperión), XXV Premio Ricardo Molina, donde la poeta que versifica como nadie las vivencias del mundo rural, con versos que van desde la historia del mundo a la historia de su familia, muestra su propia historia en verso. La edad, la vejez, su vejez poetizada de forma sublime. Todo con un estilo despojado de todo lo innecesario y apostando por lo esencial del lenguaje: adjetivación y economía del mismo: “Con las alas radiantes, parlotean al alba”.

Caligrafía de la necesidad (Bartleby) es el poemario justo y necesario de Cecilia Quílez (Algeciras, 1965), porque “La palabra no sabe de medidas”, los signos de puntuación han desaparecido. Volará libre el verso “Cuando solo quede/ Raíz en su memoria”. Qué grande poeta, qué arte y qué poderío en su batallar con el lenguaje limpio, sin corsés que valgan. Creo firmemente en esta poeta cuando persigue y busca “La palabra que nos nombre”. Y todo desde la mirada pura de la poesía.

Isabel Alamar, poeta valenciana, nos ofrece A la intemperie de tu boca (Playa de Ákaba) con poemas de tono vitalista, enorme canto a ese amor que celebra y festeja los sentidos de las personas. Es una apuesta existencial donde las haya; la poeta vive la vida y se emociona y se conmueve; y nos comunica ese hálito vital desde sus versos. El gozo del amor se hace emoción y entusiasmo. Creatividad e imaginación: “Entre temblores y taquicardias/ escribiré un poema que hable/ de nosotros y de nuestro amor./ Por ejemplo, éste”.

Inventario (Fabulaciones, ficciones y otras verdades)es el poemario de Rosario Pérez Cabaña (Sevilla, 1967) es un libro de madurez poética que versifica esa pluscuamperfecta verdad o esa su búsqueda. Poeta que sabe del tiempo y su memoria, de esas fabulaciones de ella, aun sabiendo que es lo que quiere poetizar: la verdad y solo ella, pero sabiendo de la existencia de la (no)duda: “No me dictéis las palabras. No sé escribir otra cosa./ Dejad que el bambú me reconozca en el silencio del aire/ cuando pase de largo y no se quede”.

Y Rosana Acquaroni (Madrid, 1964) es la evocación lírica del momento vivido en La casa grande (Bartleby). Todo poeta es infancia y pobre de aquel que no la recuerde y desde ahí, desde esa niñez, desde esa verdad, la poeta construye y de qué manera la realidad, palabra inventada, reflexionada, vivida. Una maravilla de andamiaje el que tiene esta poesía niña y madre, gozne y lejanía, posguerra y dictadura al fin. Sabiendo que la poesía es belleza: “Dejad que el corazón/ desdiga lo vivido”.

También nos salen al encuentro un par de antologías destacables y más poetas con sus libros. Así, tenemos la antología Poéticas del malestar (El Gallo de Oro), en edición de Rafael Morales Barba, con prólogo de Antonio Gamoneda, en la que se seleccionan a los poetas: Bagué, Bernier, Canteli, Curiel, Doce, Fernández Mallo, Fenández, Galán, García Román, Gimeno, Gómez Toré, Gorría, Gragera, Llera, Carvalho, López Gallego, Martín Gijón, Pardo, Peyrou, Del Pliego, Ramón, Rodríguez, Santamaría, Valero y Vilas. Hay tanto malestar en sus poéticas como en sus versos. No dejen de leerlos, pues son necesarias estas voces ante lo que se está editando. Pero si lo que buscan es divertirse leyendo no dejen de buscar la Antología de la poesía humorística española (Verbum), en edición de Esmeralda Carroza García y Enrique Gallud Jardiel, donde figuran y son todos los que están. Maestros en el arte de decir sin decir y la fina burla. Poetas españoles desde 1283 hasta 1978. Un repaso a la mejor poesía irónica, burlesca, socarrona. Un gozo de lectura. ¡No se la pierdan, lo agradecerán!

No piensen ustedes, está es solo una propuesta, pero hay muchas más: otras. Lo importante es que paseen por El Retiro y se dejen llevar en busca de ese libro de poesía que les emocione. La poesía no tiene secretos. Y un libro que tengo siempre cerca, por si les interesa, es El Levante (Impedimenta, 2015) de Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956), con traducción de Mariam Ochoa de Eribe y prólogo de Carlos Pardo; autor rumano que como tal estará en la feria, pues Rumanía es el país invitado en esta 77 edición: “Lo abre por el final y lee lo que sigue a continuación con voz débil y triste:” Cartarescu dixit