CIXIN LIU, o la imparable CF china

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Antonio Torrubia escribe sobre Cixin Liu

 

 

 

 

Texto: ANTONIO TORRUBIA

Foto: ARCHIVO

Puede que sea exagerado decir que El fin de la muerte (Nova) haya sido la mejor novela de ciencia ficción que he leído nunca, pero al menos esa fue la sensación que me produjo al ir pasando sus páginas. No en vano las últimas 450 (de más de setecientas) las leí seguidas un domingo, parando lo justo para preparar un tentempié o para levantarme a por ibuprofeno. En serio, el bombardeo de información y de ideas que llega de la mano de Cixin Liu es abrumador. Ya en El problema de los tres cuerpos, la primera parte de una trilogía con ventas millonarias en su China natal y bautizada en Estados Unidos como Remembrance of the Past, nos traía una CF que recordaba a los grandes clásicos anglosajones del género: Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Frank Herbert, Poul Anderson... Con un ritmo lento, que parece plano, pero con un punto de vista original y salpicado de momentos geniales en los que vemos que el autor no es parco en descripciones, sino que la historia lo exige así. Puede que para algunos flaquease en la presentación de personajes, o que rizase el rizo en alguna que otra teoría física, pero ser la primera novela no escrita en inglés que ganó el premio Hugo debería darle el crédito suficiente para que llegásemos a su segunda parte. En El bosque oscuro nos encontramos un panorama bastante diferente y desolador, pero la lucha de la Humanidad por sobrevivir, los saltos hacia el futuro, los avances técnicos que explica el autor… todo es impresionante. El primer capítulo, siguiendo a una hormiga mientras camina por lo que parece un cementerio, subiendo por una lápida, cómo observa una escena clave con un punto de vista tan “marciano” como la óptica de un insecto, el planeamiento cuando avanza el libro de la “teoría del bosque oscuro”, el devenir de la Humanidad, los saltos temporales... Disculpadme que no ahonde en los hechos que ocurren en ninguna de las tres novelas; pero cualquier cosa que os cuente arruinaría en gran medida la experiencia lectora, aunque no se considerase spoiler. Al acabar la tercera parte y echar la vista atrás, repasando mentalmente sus tres tomos, me doy cuenta de que acabo de leer algo grande. Cixin Liu consigue, sin florituras en su prosa y con un estilo sencillo, acercarnos a grandes hallazgos de la ciencia futura, acercando la cámara en momentos que parecen traídos por el azar pero que en realidad están dispuestos con toda la intención para que miremos por el telescopio y nos maravillemos.

Me tomo la licencia de citar unas palabras de mi gran amigo y referente Javier Blánquez, publicadas un artículo de Primera Línea: “Como si fuera una cebolla compleja de múltiples capas, El problema de los tres cuerpos oculta en su centro –después de haber deshojado la crítica histórica al comunismo, la incapacidad social de muchos científicos, la industria de los videojuegos, las relaciones sentimentales, la historia de la ciencia como materia pop y la narración detectivesca como asuntos de la novela– un tema fundamental: qué pasaría si no fuéramos la única inteligencia que existe en el universo, y otra civilización mucho más avanzada que la nuestra quisiera contactar con nosotros. ¿Qué hacer en ese caso? ¿Manifestarnos o escondernos? ¿Es preferible una soledad silenciosa, pero segura, en el cosmos, a una comunicación con un posible mundo invasor? ¿Está preparada la humanidad para un primer contacto con alienígenas?

A partir de estas ideas es cuando El problema de los tres cuerpos se transforma, y pasa de ser una novela de ritmo vibrante, misteriosa y a la vez firmemente asentada en cuestiones científicas reales –lo que se conoce como ‘ciencia ficción dura’–, para metamorfosearse en un texto vertiginoso, metafísicamente alucinante, en algo que te deja el cerebro hecho un batido de pulpa gris. Es cuando Cixin Liu, conservando el suspense, introduce conceptos tremendos sobre física cuántica, supersimetría, descripciones del universo en múltiples dimensiones y originales variaciones del modelo einsteniano que consiguen, así, mezclar la ciencia ficción de entretenimiento con varias interpretaciones recientes de la mecánica del cosmos, los viajes por el espacio-tiempo desde distancias de años luz y nuestra pequeñez como especie animal ante tan inconcebible realidad más allá de nuestro planeta. En muchos aspectos, es uno de los libros más acojonantes del año”. Elías Combarro (@Odo), una de las figuras clave en el movimiento blogger de ciencia ficción y beta-reader de El fin de la muerte comentaba hace un par de años en su blog: “Desde que comencé a leer el manuscrito hasta que, pocos días después, lo terminé, me vi sumergido en una novela tan llena de sentido de la maravilla y de ideas alucinantes que me parecía estar en el paraíso. Os prometo que no exagero nada si os digo que estuve durante meses (de verdad, literalmente durante meses) dándole vueltas a este increíble tour de force, a este derroche de imaginación y de inventiva, a esta novela que toma la esencia de la más pura ciencia ficción especulativa y la lleva hasta límites insospechados. Todavía es el día de hoy, dos años después, que hay imágenes y frases de El fin de la muerte que aún me asaltan y me hacen quedarme unos segundos en silencio, admirando la increíble capacidad de Liu Cixin para fascinar a sus lectores”.

Con prescriptores como estos para Cixin Liu se abrió un mundo nuevo en el mercado anglosajón y la ola china ha llegado a nuestras costas. Aunque ya teníamos La historia de tu vida de Ted Chiang editada en Bibliópolis en 2004 y reeditada en Alamut un par de años antes del estreno de la película La llegada de Denis Villeneuve en los cines, el poco prolífico autor es de origen chino, pero en realidad su prosa es por completo occidental. El verdadero desembarco a España llegó con Cixin Liu y su trilogía, y con el que es su traductor al inglés, Ken Liu. De este último, el sello Runas de Alianza ha publicado una recopilación de obra corta ganadora de los más importantes galardones existentes en el mundo de la ciencia ficción bajo el título de El zoo de papel y otros relatos, así como las dos primeras partes de su trilogía de La dinastía del diente de león: La gracia de los reyes y El muro de las tormentas, en las que mezcla la imaginería y el folclore chinos con barcos voladores, monstruos e ingenios mecánicos. Planetas invisibles, antología de ciencia ficción en la que Ken Liu es seleccionador, incluye tres ensayos sobre CF china (Cixin Liu firma uno de ellos, además de un relato) y de la que me gustaría destacar dos piezas en especial: El año de la rata de Stanley Chen Qiufan y Entre los pliegues de Pekín de Hao Jinfang. Del primero se publicará en Estados Unidos, con traducción de Ken Liu, The Waste Tide, la cual espero ver pronto en español. De la segunda, que con ese relato ganó el premio Hugo en 2016, el sello fantástico-cienciaficcionero de Penguin Random House Nova CF ya ha anunciado que publicará Stray Skies. Pero la ciencia ficción china no se acaba aquí. Aunque sus obras nos lleguen con cuentagotas, pronto nos serán familiares también (espero y deseo, señores editores, que de verdad lo valen) nombres como los de Xia Jia, Ma Boyong, Tang Fei o Cheng Jingbo, entre otros muchos que debemos ir descubriendo. Ahora que por fin autores de la talla de Cixin Liu, Ted Chiang o Ken Liu han abierto la veda, dad una oportunidad a esta literatura. Mirad hacia el futuro de la mano de nuestros vecinos más lejanos de oriente, porque su mirada abre mundos.