Versos para este caluroso verano

Hits: 860

Poesía para el periodo estival

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

Tontos motivados en sitios destacados; anémicos cerebrales dirigiendo no saben bien qué; hemorrágicos verbales en grandes hemiciclos y un más que caluroso verano… con más circo que pan. Tal y como está todo es justo y necesario leer poesía, pues esto supone un cambio radical en el proceso de transformación personal, no lo duden; y más si mientras leemos nos acompaña una caña de cerveza bien fría y unas aceitunas, que no solo de pan vivimos. Y antes de que los críticos de buen ojo poético nos avisen de la próxima burbuja haremos un repaso de los poemarios que han aparecido en estos últimos meses. Esta poesía que aquí citaremos, además de los ya reseñados, les aseguro que no es poesía biodegradable. Es poesía potente, libre y nada cursi, para leer a la fresca.

La poeta Bibiana Collado Cabrera (Burriana, Castellón, 1985), autora de El recelo del agua (Rialp), accésit del Premio Adonáis 2016, con versos como este: “vivo el colapso del referente”, sorprende con el recién editado poemario Certeza del colapso (Complutense), que ha sido Premio Complutense de Literatura 2017, donde hay versos de este calibre: “Observo la victoria de las piedras/ y sospecho de mí”. Asimismo y con la mejor selección de su poesía se presenta Trozos / Cachos. Poemas 1986-2018 (Saltadera), de Berta Piñán (Cañu, Asturias, 1963), en edición bilingüe de la propia autora y con prólogo de Noni Benegas. Versos como estos, de tanta enjundia, hacen que sigamos apostando por la poesía: “la escritura sutura los/ huesos/ rotos,/ días como éste,/ heridas como ésta”. Y hablando de trilogías y sueños, el poeta Manuel Juliá (Puertollano, Ciudad Real) publica Trilogía de los sueños (Hiperión), donde reúne sus tres magníficos y grandiosos poemarios del sueño. Versos de gran belleza y dolor que son como latigazos cerebrales, pues “los dedos de la oscuridad me han tocado la memoria”.

Además, también es otro sueño cumplido ver editada toda la obra poética bajo el título de su inédito cuaderno Poemas de cal y arena (4 de Agosto) de Carlos Sierra Pérez (Alagón, Zaragoza, 1962-2016). De la publicación se ha ocupado el cantante y escritor Daniel Sancet Cueto. En la parte última del libro se recogen los testimonios de amigos, que le conocieron bien: Ramón Acín, Mariano Castillo, Antón Castro, Esther Fernández Molina, Emilio Gastón y M. Carmen Gascón, Ángel Guinda, Raúl Herrero, Ángela Ibáñez, David Liquen y Daniel Sancet. Los versos de Carlos Sierra son “el golpe suicida del mar/ contra el arrecife”. No se los pierdan.

Recién publicados están los versos de la zaragozana Goya Gutiérrez (Cabolafuente, 1954) bajo el título Y a pesar de la niebla (In-verso): “BELLEZA, líbrala de la ira y del odio, señálale el camino de las calles estrechas” y el poemario Poesía en Roma (Los libros de la frontera), del barcelonés Santiago Montobbio: “(…) Es Roma/ misma quien te hace sentirla/ y en ese sentir te trae/ cosas por decir”. Por otro lado, también cortan el mar y vuelan estos poemarios: Cómo vivir juntos (Prensas de la Universidad de Zaragoza) de Pablo Lópiz Cantó: “como la caligrafía extrañísima de los pájaros”. A la vez que José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) vuelve a soprender con sus Lunas de oriente (Dauro), traducidas al árabe por Meimouna Hached Khabou. Con versos tan rotundos como estos: “libre al fin todo voz/ de azul mediterráneo”.

Con Traspiés voluntarios. Construcción o derribo de una conducta (Adeshoras) aparece Julio Jurado (Madrid, 1958). Textos con fina burla para leer a la sombra: “Quien no reflexiona sobre los sueños que tiene o/ padece se transforma sin tapujos en una marioneta”. La toledana María Antonia Ricas presenta Invisible en la piedra (Celya): “otro universo ocupa la medida/ de la luz y el color; casi es secreto”. A la vez que Antonio de la Orza Tortosa (1964) publica Poeta de terraza (Neopàtria), donde hay versos como los siguientes: “que ni el viento enmiende/ ni la luz borre”.

Con La gran oscuridad (El Desvelo), José María García Nieto obtuvo el Premio Internacional de Poesía Gerardo Diego, Gobierno de Cantabria 2016, con versos que duelen y sanan: “Sigo siendo lo que soy/ aún después de la gran oscuridad”. También en esta editorial aparece La mujer abolida de Vicente Gutiérrez Escudero, con prólogo de Esther Ramón. Versos duros, comprometidos con la causa mujer, pues: “Ella lava las estrellas y los horizontes,/ renueva cada mañana las llamas del sol”. Además, del poemario Autorretratos del gran poeta Kepa Murua quien se retrata desde su yo otro, para dentro de los contrastes esperados, todo es luz y sombra, hasta su rostro en la portada del libro, dar cuenta de esto, de ese blanco y negro, que conlleva frío, miedo, dolor, miradas, esperanza: es la vida, su vida vivida. Un poemario entusiasta y que entusiasma, la siquiatría queda descabalgada y desde este momento: la poesía gana: “la vida podría ser hacer cosas y salvar retos,/ y la felicidad estar más que vivo”. ¡Qué poderío, incluidas las ilustraciones y retrato del poeta de Ángel López de Luzuriaga!

Alberto Blanco (Málaga, 1966) con El caballero del cisne. Los mitos de Wagner (Sloper) e ilustraciones de Rubén Chacón nos desafía y advierte que “La verdadera realidad/ está en la música”; pero la poesía es “la herida que siempre sangra: el amor,/ la herida que da sentido a la muerte”. Por su parte, el poeta Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952) lanza sus aforismos líricos de la vida misma en Palmeras solitarias (Renacimiento), donde con su alegre seriedad existencial explica que “El último verano de nuestra juventud mejora mucho con el tiempo”. Y otro grande como Gsús Bonilla (Don Benito, Badajoz, 1971) publica GardenJunkies (Anecdotario, cuaderno de notas, cuaderno de campo o qué se yo) (Tigres de papel). Textos que tiene el atractivo lírico de la poesía certera, libre, con enjundia y alguna que otra espina: tan necesarias para la belleza de la rosa. Prosa, poesía, anotaciones diarias… la impronta vital de una experiencia textual es lo que el lector cómplice encontrará en esta huella literaria. En esta nuestra prestada realidad: palabra inventada.

El poeta Juan Manuel Uría (Rentería, 1976), autor del portentoso Harria. Piedra (El Gallo de Oro) y de Transformaciones (Baile del Sol) publica K’AMERKUARHU (Luces de Gálibo). Una cincuentena de haikús de inspiración mexicana, con una veintena de ilustraciones a la tinta y la versión purépecha de Ignacio Márquez Joaquín, Pireri, recientemente fallecido. Singulares estos trazos señeros que ilustran estos versos que nos hablan de: “La resonancia/ de una piedra lanzada/ al agua muda”. El también poeta Luis Miguel Rabanal (Riello, Omaña, León, 1957) expone en Matar el tiempo (Trea) su azar y necesidad, su temor y temblor. El poeta debe escribir de lo que conoce, de los más cercano a él y esto es lo que hace Luis Miguel, pero desde una óptica no confesional y si literaria, en estos poemas en prosa, donde se desnuda y habla de sus días de insatisfacción del ser y el estar en este “Vivir,/ mera anécdota de los usurpadores”.

Y terminamos este recorrido por el verso veraniego hispano con un poeta aragonés, José Antonio Conde (Sierra de Luna, Zaragoza, 1961), Palabras rotas (Los libros del gato negro), con prefacio de necesaria lectura de Antonio Pérez Lasheras. El poemario camina por todos y cada uno de los dolores y de ese sufrir vivo de la memoria de la pasada guerra del 36-39, relato al que le falta todavía mucha luz y justicia poética. Este poeta es capaz de mirar y ver y de qué manera, pues una vez tomada conciencia de esto, ya nada puedes ocultar, ni del espacio ni del tiempo, pura metáfora del desajuste entre realidad y deseo: “Por aquí pasó el tiempo con sus finales y fue/ amargo al recorrer lo desigual, al cargar en la/ memoria un libro inédito de yugos, un viejo/ cuaderno de sufrimientos”.

Poesía europea e hispanoamericana

En cuanto a poetas extranjeros e hispanoamericanos pues otros dos notables libros: Sanzetti (Navona) de William Ospina (Padua, Tolima, 1954). Un poeta que sabe plasmar de dónde viene la poesía: “La infancia con sus lluvias que no se fueron nunca” (del poema El secreto, de justa y necesaria lectura). Y Ditto 84.17. Selección de poemas, fragmentos y apuntes (Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura, 2017) de Rubén Chávez Ruiz Esparza Aguascalientes, México, 1967). Autor de poemas en prosa que nos trae preguntas como esta de estos versos: “Si de amores no sabemos. A qué puerta pertenece este ojo cerradura”. Y Liliana Ancalao (Chubut, 1961) publica Resuello (Marisma). Escritos en mapuzungun y castellano estos poemas y ensayos dan cuenta de la necesidad de una vez por todas de apostar por la madre Tierra y sus habitantes: “subiremos con mi perro/ la balsa se deslizará en la tarde/ hacia el oeste”. Para no caer ni ser olvido, pues es la palabra de los poderosos, como bien dice Liliana, del pueblo mapuche de la Patagonia argentina.

También, otro de los poemarios más interesantes es Trilogía del Hacedor de sueños (Libros del Innombrable), de Jan Erik Vold (Oslo, 1939), con prólogo, traducción y edición de Francisco J. Uriz. Abren el libro unas significativas palabras del propio poeta noruego sobre estas sus meditaciones: “(…) Y taparon/ la entrada/ con varias toneladas de piedras. Todo para negar/ lo que todos sabemos”.

Si leer poesía es la mejor aventura de la vida. Es impirtante recuperar la esencia de la misma y dar valor al verso, no al espectáculo. Esta es mi propuesta para estos meses. Seguro que hay otras. Paseen, visiten las librerías antes de que las cierren y busquen poesía. No lo lamentarán.