Osamu Tezuka, el Dios del manga

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El dibujante japonés de manga Ozamu Tezuka vuelve a las librerías de la mano de Planeta Cómic con una Antología, con Black Jack y con Astroboy.

 

 

 

 

Texto: MANU GONZÁLEZ

Ilustración: OSAMU TEZUKA

 

Con autores totales como el japonés Osamu Tezuka (1928-1989) todos los epítetos se quedan pequeños. En su tierra natal le llaman el Dios del Manga (cómic japonés), y tienen mucha razón para hacerlo así. Con una carrera de más de cuarenta años, Tezuka no solo asentó las bases de un estilo de narrar imitado en todo el mundo, sino que inspiró a miles de jóvenes autores a desarrollar sus propios cómics y llevó el manga (y, también el anime, cuando se convirtió en productor de animación) a ser una de las grandes industrias de Japón, similar a la bandes dessinées franco-belga o al cómic de superhéroes norteamericano. Este año se conmemora el noventa aniversario de su nacimiento, y en Planeta Comics lo celebran a lo grande editando un cómic de más de novecientas páginas llamado Osamu Tezuka Antología, recogiendo varias historias autoconclusivas, ocho tomos de su serie médica Black Jack (1973-1983) y una nueva edición de su clásico Astroboy (1952-1968). Estas obras se añaden a otras publicadas en España, como Ayako (1972), Fénix (1956-1989), Buda (1972-1983), Adolf (1983-1985), El libro de los insectos humanos (1979), La Canción de Apolo (1970) o Dororo (1967). Aunque los tomos de estas colecciones nos ocuparían varias estanterías de casas no es ni una mínima parte de todo el material publicado por Tezuka en sus cuarenta años de historia. Su obra completa, llamada Tezuka Osamu Manga Zenshu, consta de cuatrocientos volúmenes y comenzó a publicarse en Japón en 1970, finalizando en 1997. Con esta gran producción es normal que sea muy difícil encasillar a Tezuka, quien realizó mangas de todos los estilos posibles: aventuras, adultos, noir, humor, ciencia ficción, históricos e, incluso, de medicina, su otra gran pasión.

 

 

Osamu Tezuka Antología incluye cuatro de sus obras autoconclusivas situadas en los primeros años de su carrera. Son La nueva Isla del Tesoro (1947), Lost World (1948), Metrópolis (1949) y Next World (1951). Es decir, el primer manga superventas de la historia y la llamada trilogía de ciencia ficción, publicada antes del éxito de Astroboy, el niño-robot. Aunque se trate de cómics juveniles, ya comienza a notarse en la obra de Tezuka un interés por introducir elementos más adultos y distópicos. Inspirándose en Arthur Conan Doyle o en Fritz Lang, Osamu situó un mundo prehistórico en el espacio, en el perdido planeta Mamango, que viaja hacia la Tierra (Lost World); habló de mutantes radioactivos en un mundo post-apocalíptico seis años después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki (Next World); y reflejó la evolución humana y la inteligencia artificial un año antes de que Isaac Asimov escribiera su Yo, Robot (Metrópolis). Es cierto que son con bromas, persecuciones divertidas y muchas aventuras, pero se trataba de un medio que comenzaba a dar sus primeros pasos en Japón y lo hizo con fuerza gracias al trazo minimalista de Tezuka, que potenciaba la acción muy cinematográficamente en pocas viñetas y a un ritmo frenético, inspirado en los cortometrajes de los hermanos Fleischer (Popeye el Marino) o el primer Walt Disney. Este novedoso estilo de narración se puede apreciar en las primeras páginas de La nueva isla del tesoro. Aparece un coche conducido por su protagonista, Pete, y el punto de vista se va acercando viñeta a viñeta hasta su rostro, que reacciona al encontrarse con un perro en medio de la carretera. El problema con este cómic es que no sabemos muy bien si se trata de una idea original de 1948, pues la versión que nos ha llegado es la copia que el propio Tezuka realizó en los años 1970 porque la obra fue mutilada cuando se publicó (se recortaron sesenta páginas del original y se rehicieron algunas viñetas) y el material original se había perdido. Tezuka copió las viñetas de la obra publicada alargando algunas acciones como recordaba en su cómic original.