La tristeza de las novelas de humor

Hits: 241

Sobre el prestigio de la novelas de humor

 

 

 

Texto: MARTÍ PIÑOL

Ilustración: VIOLETA

 

¿Aún existen las novelas de humor o son animales mitológicos como el Yeti, los unicornios y los autónomos con buena pensión? Como no soy periodista de investigación, para resolver este enigma que no le preocupa en absoluto al resto de la Humanidad voy a lo fácil: buscar en Amazon la categoría de humor. Sus resultados me asustan como lector y autor de libros de humor. Hay proyectos autoeditados con portadas inclasificables, por decirlo de manera suave, libros de famosos con su foto en la portada recopilando secciones, monólogos o artículos o comentando cualquier tema que dé para libro, libros de humor gráfico de humoristas y/o ilustradores, los “clásicos” de toda la vida (algún Anagrama, la Bridget Jones y el Gurb) y poco más.

Así que cambio de lo digital a lo analógico y busco el consejo de una de las mayores expertas en humor que conozco y que me cae cerca de casa: Abigail L. Enrech, creadora y responsable de La Llama, la primera librería-galería de humor del universo explorado. Antes de abrir su tienda, Abigail ha dedicado meses a analizar el mercado literario de humor, y su meditado escrutinio apenas llena dos estanterías con narrativa exigente. Ha añadido a Kafka y recuperado a Jardiel, pero apenas ha conseguido salir de las recomendaciones habituales: el Quijote, Quevedo, La conjura de los necios, La broma infinita para los que quieran hacer pesas y Eduardo Mendoza, que siempre queda bien en cualquier parte.

La situación no me sorprende, porque como autor de 29 libros de humor, muchos de ellos novelas, me he topado con este momento incontables veces. (Sí, como la gran mayoría de autores, confieso que voy de librería en librería buscando mis obras para ver si están bien colocadas, y si no, intento ayudar a los libreros poniéndolas más visibles como el que no quiere la cosa.) Lo cierto es que estamos bien surtidos en cuanto a número de libros de humor (de famosos, de cómicos, de dibujantes, etc), muchos de los cuales brotan por Sant Jordi o Navidad y desaparecen para siempre al año siguiente, en un ciclo insano sin que su calidad tenga nada que ver. Pero en lo tocante a las Novelas, con su trama, sus personajes y su ambición literaria, cuyo objetivo principal sea hacer reír al lector... el panorama es triste. De hecho, yo mismo, como consumidor del género y visitante asiduo de librerías, apenas podría recomendar obras nacionales recientes. (Sí, seguro que esa que estás pensando la mencionaría, pero éste es un artículo genérico). Y la verdad, creo que si yo que busco activamente ese tipo de novelas no las conozco, tampoco creo que las vaya a descubrir el público mayoritario que tira de sota-caballo-rey con el bestseller del momento. Así que los nuevos autores, solos y sin ninguna moda o tendencia que nos agrupe y potencie, estamos haciendo una labor de amor que hay que encarar con mucho ánimo para que la comedia no salga amarga. Y mientras, nos preguntamos: ¿aquí no escribimos novelas de humor o es que funcionan tan mal que dejamos de escribirlas? Se me ocurren varios varias preguntas y pocas respuestas:

-¿Nos faltan autor@s con talento? Para nada. Tenemos una industria audiovisual llena de guionistas de humor que consiguen éxitos de audiencia con programas, series, películas, podcasts y vídeos de youtube. Así a lo bestia pueden ser un mínimo de 500 personas viviendo de escribir humor. Quizá el problema es que cuando son captadas por las editoriales acaban escribiendo el típico libro de encargo con su foto en la portada y perpetran un recopilatorio de textos ya vistos u oídos o una historia escrita con prisas. Y es normal que estas obras frustren a todo el mundo: ni el resultado se acerca al talento de los autores ni las ventas reflejan ni su éxito ni sus seguidores en otros campos. Si nos ponemos pragmáticos, ¿para qué van a repetir, si escribiendo guiones se gana mucho más y se llega a mucho más público? Y si nos ponemos utópicos y pensamos que le dedican por voluntad propia tres años a una Gran Obra que nace invisible y desaparece a los tres meses de las librerías, también se nos quitan las ganas de reír.

-¿Se promocionan bien? Intenta encontrar la sección de humor en cualquier librería. Sin google maps, por favor. O no está o está en un rincón, al lado de erótica. ¿Cómo van a venderse si casi ni existen? Ni suelen ser reseñadas en medios ni se les destina un presupuesto medio decente de márketing. Y tampoco se llevan a ferias ni se intentan traducir “porque el humor de aquí no funciona allí” (o eso está escrito en las puertas de los lavabos de la feria de Frankfurt, supongo.) Así, es normal que las obras con contenido cómico de nuestros autores siempre tiendan a disfrazarse con otro pelaje y a situarse en otro género, para que no ser ninguneadas (de la misma manera en la que autores “de prestigio” siempre insisten en que no escriben novela negra cuando en sus obras aparecen investigaciones y crímenes).

-¿Tienen prestigio? Pues mira, si son traducciones sí. “Descacharrante, desternillante, ácida, irónica, mordaz…” sólo lo verás aplicado a la novela si es de un autor extranjero y especialmente el típico fenómeno internacional que te tiene que gustar sí o sí. Y lo del “retrato de nuestro tiempo y crítica social”, pues más de lo mismo. La etiqueta sirve para cualquier novedad internacional de Anagrama pero no salta al resto de sellos editoriales. Ningún crítico (o reseñador en goodreads) se atreve a decir que un drama es poco dramático o que una novela de fantasy tiene poca magia, pero en cambio, cualquiera se ve con autoridad para soltar la tontería de que “esto no es gracioso”.

-¿Y los premios? Eso me pregunto yo. ¿Cuántos premios de renombre -incluid sobre todo los amañados y de mucha pasta, por favor, que es donde más se ve la voluntad editorial- recordáis que hayan premiado obras de humor en la última década? ¿Cuántos premios a novela negra y/o histórica tenemos? Unos cuantos, mientras que de humor… En catalán teníamos dos y hace años que desaparecieron. Quizá porque la mayoría de las obras que el jurado y la editorial premiaban ni eran divertidas ni ambiciosas ni estaban escritas por nadie que se dedicara al humor. Y al lector no se le puede engañar.

-Y vamos para bingo: ¿le interesan al público? Las novelas de humor infantiles triunfan en todas partes. ¿Implica eso que cuando crecemos perdemos las ganas de reír literariamente? ¿O como no hay oferta tampoco hay necesidad lectora? Aunque un simple dato nos lo hace replantear todo: Terry Pratchett era el segundo novelista más rico de Inglaterra escribiendo sólo novelas de humor. Y eso no se consigue con mil adultos comprándote.

Visto el percal, la situación mejorará cuando los premios literarios importantes descansen un ratito de dramones familiares, dramas históricos, dramas biográficos y thrillers turísticos, y premien obras que nos hagan quedar mal en el transporte público porque no podremos parar de reír en voz alta, cuando las portadas y el márketing le den una pátina de prestigio a estas novelas, cuando los lectores respondan en masa y apoyen la narrativa humorística y cuando los propios autores se tomen en serio lo de hacer reír por escrito. Mientras tanto, siempre nos quedarán las perlas en Twitter a cualquier hora.