Poesía para el otoño

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Poesía para leer en estos meses de otoño

 

 

 

 Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

Siempre hay libros que se quedan por los rincones o en la esquina de la mesa, para más tarde, y nunca sabes muy bien el porqué. Y como el otoño es un paisaje de dudas es un buen momento para retomar la lectura de los mismos: libros que los lees una y otra vez, los dejas y siempre vuelves, y no los pones en la caja para regalar: tienen algo que te llama la atención, pues tal es la belleza de alguno de sus poemas y musicalidad de los mismos. Es poesía de la de siempre: natural, atemporal y elegante, de la que a uno le gusta. Pero las prisas del momento, o vaya usted a saber qué, te llevan a dejarlos ahí y la poesía siempre sabe esperar.

Un caso de estos es el último poemario del periodista y poeta Miguel Veyrat (Valencia, 1938), quien lo presenta bajo el título de Diluvio (Siltolá). Lo primero que llama la atención es que deja los poemas abiertos, no les pone punto final: así se explica que busque la complicidad del lector. Son versos con eco, que se prolongan en quien los lee o recita. Es el lenguaje quien toma vida en estos versos. Es la poesía quien anda por ellos y su más que vasta cultura y sus muchas lecturas, solo hay que leer las citas que abren y cierran el poemario. Un poeta que no defrauda: “a la clara noche donde regreso”. El prólogo que invita a leer este libro es de Marta López Vilar: “Pocas veces nos encontramos ante un paisaje donde la quiebra sea la única manera de nombrarnos”. También, dos libros en un volumen, que me tienen admirado son Transversal. Opus Morbo (Marisma) del poeta chileno Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975-2015). Dos libros que dan la talla de qué es poesía: “poema tuyo sin forma, sinónimo de muerte: háblame, tú, y dime que ves”. Montealegre es como Jabès: un extranjero con, bajo el brazo, mucha poesía en hojas volanderas. Es ciudad y su paisanaje, es su voz y sus otras voces: hasta una quinta esencia del verso, es puro vértigo su lenguaje, es el ser extraño ante lo que le rodea: ante lo cotidiano. La poesía era para Montealegre su manera de estar en el mundo. Transversal es de 2007 y el póstumo Opus Morbo de 2017. El volumen cuenta con dos prólogos de justa y necesaria lectura: el de Begonya Pozo que es general y el de Antonio Méndez Rubio, con el que se abre Transversal. No se los pierdan: los inteligentes prólogos y el poemario doble. Poesía que deja huella. Todo se precipita (Huerga & Fierro) de Gonzalo Pernas (Madrid, 1981) es un libro donde el poeta habla de los temas que ofrece su vida, su cotidianeidad, dice lo que ve, lo que experimenta, ama y pierde en esa su búsqueda por la belleza de la palabra, del lenguaje. El verso, el poema, la poesía nos hace recuperar la brújula de nuestra existencia; pero, la que está en contacto con la madre tierra, que cada vez la perdemos más de vista y así nos va: “La tierra, íntima y ajena,/ lamida por la niebla,/ hundida en la mañana”. Además, están los Aforismos e ideas líricas (Siltolá) de Juan Ramón Jiménez (Moguer-Huelva, 1881-San Juan, Puerto Rico, 1958) en edición de José Luis Morante. Los aforismos de JRJ son de tal intensidad que dan cuenta de la talla y magna obra suya, que tan bien explica en su prólogo Morante. Estos aforismos son un verdadero regalo para el lector, donde encontrará esa fuente de conocimiento, de honda y clara luz, de enjundia sin par: “EL verdadero talento es asceta, como la verdadera virtud; se nutre de la soledad y del silencio” y otro: “MI vida nunca tiene un presente bello. Lo mejor de ella está en el recuerdo y en la esperanza”. ¡Menos redes sociales y más leer a Juan Ramón!

Versos traducidos

Y dado que el otoño está ya cabalgando entre nosotros y la poesía de nuevo busca, la poesía de siempre persigue la belleza, y esto es lo que hacen estos poetas traductores en estas sus versiones otoñales: buscar, perseguir el verso firme sin tiempo ni espacio. Y sí algo les une a todos es su apuesta por la poesía escrita en otras lenguas, pero que a ellos les ha impactado y se la acercan al lector en lengua española para que él despierte, descubra y goce de esos centenares de versos y de esta forma sea más llevadero este otoño extraño, como el que vivimos, que nos tiene un tanto amarrados al duro banco. Estos son momentos poco dados a la poesía verdadera, la buena, la que no se vende a peso, y más por lo tan expuestos que estamos al circo sin pan. ¿Es posible que sea necesario un planteamiento poético de la poesía?

Si leemos poesía despertaremos a la vida y arderemos en preguntas, pues como ya escribió Yeats (1865-1939): “Los mendigos han cambiado de lugar, pero el látigo continúa”. Esta traducción es del poeta Hilario Barrero (Toledo, 1946), quien ha publicado A quien pueda interesar (Antología de poesía en inglés) (Siltolá), donde con un criterio excelente prima “el fogonazo deslumbrante del poema”, aunque no olvida “la maestría del poeta”, como bien dice su prólogo. Inteligente y lúcida apuesta de este poeta y traductor. Me gusta mucho su traducción, tan acertada, que hace de El camino no tomado de Robert Frost (1874-1963). Edición bilingüe: 282 páginas de una muy buena poesía y excelentemente traducida. ¡Qué acierto tan grande leer esta apuesta poética de Hilario Barrero! Y qué decir de John Donne (Londres, 1572-1631) y su Poesía erótica (Navona), traducida impecablemente, edición bilingüe, por Luis C. Benito Cardenal, que no se haya dicho ya. Pues que el verano y su canícula es el mejor momento para (re)leerlo: “Ya que tal es el natural movimiento del amor”. Me admira el pulso que el poeta le echa a la pasión desde su conocimiento intelectual, donde nada de su mundo le era ajeno, tal era su curiosidad por lo que le rodeaba. Son sus versos muy curiosos, de gran fuerza verbal y el ritmo. ¡Que no es poco!

También, bajo el título de El poema extranjero (Silotlá), de Juan Peña (Paradas, Sevilla, 1961) se muestran, edición bilingüe, las traducciones que el autor ha realizado de los grandes poetas como Hölderlin (un poema), Keats (cuatro), Leopardi (dos), Budelaire (uno), Yeats (cuatro), Kipling (uno), Rilke (uno) y Dylan Thomas (uno). Todo lector que abra esta selección de poemas notará ese fuego sagrado ardiendo en su corazón, que decía Hölderlin y alzará el vuelo con las invisibles alas de la poesía (Keats). Otra estupenda versión en la que “en ocasiones, sin premeditación, se me ha impuesto la traducción de una emoción más que la traducción literal de las palabras que crearon esa emoción”, Peña dixit. Aparece Huelga general. Antología (Marisma), del poeta gallego Daniel Salgado (Monterroso, Galicia, 1981) con selección de Alberto García-Teresa y traducción de Miriam Reyes. La antología es un florilegio de los poemas del autor, más varios inéditos. La obra poética de Salgado es dura, denuncia la manipulación y el miedo en el momento actual, de más espectáculo y apariencia que realidad. Tal vez, con la lectura de estos poemas nos demos cuenta de que vivimos en un mundo salvaje y roto, donde no hay reflejo que valga, donde hay que llamar a las cosas por su nombre y dar testimonio: tiene mucho de franciscanismo esta su poesía, al poetizar el dolor donde parece que no exista. Creo que García-Teresa acierta en esta selección y en todo lo que dice, anhelos y esperanzas, en su prólogo; pues, sus versos son verdaderos latigazos cerebrales. Es una poesía para valientes que se atrevan a cambiar el mundo: “Entre dos guerras se define/ una escritura que no respira”. La traducción realizada por Reyes, que es digna de todo elogio, acertada y rigurosa. Y lo digo desde el gallego que aprendí de la mano de Rosalía de Castro y más cuando quise saber por lo ocurrido en aquel banquete del Conxo, celebrado en 1856.

Y otro poeta que me tiene enamorado es Fernando Pessoa (1888-1935) de quien Francisco Barrionuevo traduce y prologa de forma inteligente sus 35 sonetos (Siltolá), en edición bilingüe: inglés español, que fueron publicados en 1918. Leer estos sonetos es justo y necesario y más atendiendo al apunte de Barrionuevo: “Recordemos que los 35 Sonetos comienzan afirmando que al escribir, hablar o mostrarnos solo mostramos la apariencia. Desvela así una de las preocupaciones recurrente en esta serie de poemas: la incomunicación de la persona hacia el mundo exterior y hacía sí mismo, cuya identidad real desconoce.” Es que Pessoa ya intuía, sabía, de las redes sociales y su adormidera: “Extraña lengua hablamos, somos sólo/ un habla que confronta lo real.”

Leer es vivir comprometido. ¡Buen otoño, a todas las personas lectoras, y que nada nos sea ajeno y menos la poesía, siempre al alza!