El Premio Planeta, ¿qué más se puede pedir?

Hits: 376

Santiago Posteguillo gana el Premio Planeta con Yo, julia y Ayanta Barilli se convierte en finalista con Un mar violeta oscuro

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Foto: ARDUINO VANUCCHI

La noche de ayer iba de romanos y de wasabi. Sí, Santiago Posteguillo, conocido por sus libros sobre el imperio romano, se hacía con el galardón con una novela, Yo, Julia, a quien más de uno, puede que fruto de un lapsus colectivo, renombró Yo, Claudia. La finalista fue Ayanta Barilli. “Y ¿quién es esa?”, se preguntaba un editor completamente desconcertado al escuchar un nombre carente, al menos para él, de todo referente. Si bien estamos en la era de lo políticamente correcto, era difícil no contestar a esta pregunta diciendo que Ayanta Barilli no era otra que la hija de Sánchez Dragó. “¿Cuál de todas?”, interrogaba un escritor, uno de los pocos invitados a la fiesta y que acudía al Planeta por primera vez. “Es la que participaba en el programa de libros Wasabi… Sí, y también trabajaba en ¿Qué fue de Jorge Sanz?, donde hacía de amante sadomasoquista de Jorge Sanz”. “¿Y eso de escribir?” Debe ser genético, aunque, “no os olvidéis”, puntualizaba un periodista, “que escribió un libro a cuatro manos con su padre”, quien durante la rueda de prensa no pudo contener las lágrimas al ver cumplido el sueño de su hija. Si al recoger el Premio Posteguillo ofreció a unos asistentes que contaban los minutos para ir a fumar una clase sobre Julia Domna (170-217), una mujer amante de la filosofía y la política y de mucho carácter que forjó una dinastía, Barilli, cuya novela Un mar violeta oscuro narra la historia de una mujer que comienza a indagar en la historia de su abuela y a preguntarse qué llevó a la locura a tres mujeres de su propia familia, confesó que desde niña soñaba con ser “al menos finalista del Premio Planeta”, un sueño que, según la recién estrenada escritora -Un mar violeta oscuro es su primera novela, “todos hemos tenido alguna vez”.

Más allá de que más de uno llegó a sentirse, incluso, culpable por no haber tenido dicho sueño, “por soñar, yo soñaba con un Oscar…. No con el Planeta”, lo que realmente sorprendió -no, no fue el tema ni la ambientación escogida por Posteguillo- fue que Barilli se hiciera finalista con una primera novela, algo bastante insólito en un premio que, desde hace años, ha dejado de apostar y pisa, o al menos lo intenta, sobre seguro. Sin embargo, lo insólito no termina aquí: como la propia finalista reconoció, su agente literaria aceptó representarla “si bien nunca acepta escritores noveles”. ¡Cuánta suerte!, pensará el joven escritor que, manuscrito en mano, busca desesperadamente un sello editorial o un agente que le dé una oportunidad. Lo de Barilli es, literalmente, escribir y besar el santo…. Un santo que le reportará 150.250 euros, de los cuales “¿cuántos recuperará Planeta?”, se pregunta un periodista. “¿Cuánto puede vender Barilli? Al final, la conocemos solo los que nos movemos en el mudillo”, algo que compruebo cuando, ya a altas horas de la madrugada, decido informar a mi madre del ganador y de la finalista: “Buff…. Una de romanos, qué pereza. ¿Quién es esta Barilli?”, me escribe por WhatsApp, compartiendo ignorancia con aquel editor desconcertado y también con alguno de los asistentes. Mientras en un tuit Pilar Eyre la llamaba Atlanta, otros googleaban su nombre en busca de algún dato para añadir a unas notas de prensa, que llegaban tarde, pues la web Libros y Literatura no dudó en anunciar el nombre de los ganadores casi tres horas antes de que se hicieran públicos. Eso sí, lo hizo agradeciendo la invitación al evento, todo un detalle y es que, ¡para qué respetar el embargo, si todos llegamos al Palacio de Congresos de Barcelona con los nombres bien aprendidos! Puede que, en el fondo, su gesto fuera el más honesto de todos; adelantándose a todos, agencias incluidas, descubrían la farsa anual de encerrar a los miembros del jurado en una habitación aparte con la excusa de que están llevando a cabo las últimas deliberaciones. Sin embargo, en realidad, nadie es ajeno a esta farsa y, como decía alguien, si se juega, hay que jugar limpio.

Volviendo al ganador, Posteguillo es un claro merecedor del premio Planeta; sin salirse de la Roma antigua, ha conseguido conquistar a miles de lectores, que se han dejado entusiasmar con sus extensos y pesados libros con cubierta de best-seller. Con Yo, Julia, Posteguillo sigue en su línea, aunque reconoce que, en los últimos años, los personajes femeninos han ido adquiriendo un protagonismo mayor hasta llegar a Julia. “Roma es el mejor ejemplo de la lucha por el poder en cualquier imperio y eso está permanentemente de actualidad” afirma el autor que, en Los asesinos del emperador, Circo máximo y La legión perdida, narró las Guerras Púnicas, consiguiendo el beneplácito del público, un beneplácito que, ahora, le hace merecedor del galardón con más dotación económica de España. El grupo Planeta es agradecido, paga los servicios prestados: lo hizo con Dolores Redondo, con Javier Sierra y, ahora, con Posteguillo. Solo falta María Dueñas, aunque, como se pregunta alguien, ¿acaso con todo lo que vende no es como si hubiera ganado el Planeta ya dos, tres y, hasta, cuatro veces?

Libros aparte, la ceremonia transcurrió como siempre, con mucha farándula. El escritor novato miraba con escepticismo todo lo que lo rodeaba, “¿por qué ha venido Miguel Ángel Muñoz?”, me preguntó ya en las copas, “¿ha escrito un libro?”. Ay, si bien es cierto que aquí hay mucha gente que ha publicado un libro -¡no escrito!- sin haber leído nunca uno, el caso de Muñoz como el de muchos de los televisivos presentes responde simplemente a una razón de empresa: trabajan en Antena 3 o la La Sexta. Poco o nada tiene que ver la presencia de algunos con los libros y, menos todavía, con la literatura. Y, a pesar de que muchos pensaban que este año podía ser el año de MeToo también para Planeta, no lo fue, se quedó simplemente en el año de los “poetas” de la red: ahí estaba Brandon, el “poeta” descubierto por Risto Mejide en un talent show y cuyo libro fue el más vendido en Sant Jordi; ahí estaba también Laura Escanes, si bien publica en Aguilar, y ahí estaba la “poeta” Loreto Sesma, acompañada por el que alguien definió como la presencia más friki de la noche: Willy Bárcenas, el cantante de Taburete, el hijo del de los sobres. ¿Qué más nos podía deparar el Planeta? ¿A quién le podía preocupar que no hubiera venido la Generalitat o Pedro Sánchez? ¿Quién podía estar decepcionado por no haber conseguido, a pesar de los intentos, alguna declaración de un Máxim Huerta, que, tras más de un titubeo, había decidido finalmente asistir como cada año? Nadie. Nimiedades en comparación con todo lo demás. Ahí estaba el futuro: Taburete, “poetas” de la red y más de una presentadora de telediario, cuyo nombre aparece desgraciadamente con demasiado frecuencia en las quinielas. Este es el futuro del Premio Planeta, ¿qué puede salir mal?