Los monstruos del año

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Manu González y dos novelas monstruosamente espléndidas de este 2018

 

 

 

 

Texto: MANU GONZÁLEZ

 

Existen muchos salones comiqueros importantes e interesantes a lo largo y ancho de la Península Ibérica, pero las editoriales suelen exponer sus mejores galas en el Salón del Cómic de Barcelona. Este año, entre alegres cosplayers y estands gigantes de producciones cinematográfica, se han publicado dos de las novelas gráficas más interesantes de 2018. Dos trabajos superlativos que ensanchan el medio en varias dimensiones, como son Lo que más me gusta son los monstruos de Emil Ferris (Reservoir Books) y La tierra de los hijos de Gipi (Salamandra Graphic). Dos cómics extensos (el de Gipi llega a las 288 páginas y el de Ferris es una primera parte de más de cuatrocientos folios) que tratan, en pasado y en futuro, en figurativo y en cruelmente real, la figura de los monstruos.

 

Lo sorprendente de Lo que más me gusta son los monstruos, de la norteamericana Emil Ferris, es que se trata del debut de una artista gráfica de 55 años de edad. Esta monumental obra recoge muchas de las historias a las que Ferris tuvo acceso durante la niñez en su Chicago natal. Era fan de los cómics de fantasmas y monstruos, y supo de la existencia de la Segunda Guerra Mundial por las historias de sus vecinos sobrevivientes del Holocausto que habían emigrado a Estados Unidos. El debut de Ferris es una historia sobre un misterio, narrada por una niña llamada Karen Reyes que se dibuja a si misma como una niña-lobo. Su vida familiar, su fascinación por los monstruos de los cómics, la pasión por el arte y un misterio en su edificio, la muerte de su vecina Anka Silverberg, se entremezclan en una obra extraordinaria que te obliga a disfrutar de cada página lentamente, pues sus dibujos están repletos de detalles y misterios semivelados. Ferris trata su cómic como si fuera el diario de ilustraciones de la joven detective-lobo Reyes, incluyendo el gran detalle de que está ilustrado en un cuaderno de anillas con sus líneas azules, cosa que ha sacado lo mejor de los diseñadores de Reservoir Books, quienes han tenido que armar una edición muy cuidada en el aspecto visual, de traducción y de maquetación en castellano. Lo que más me gusta son los monstruos tiene algunas de las frases sobre el arte más brillantes que haya podido leer nunca, como esa que dice que “los sótanos huelen a surrealismo, pero las cocinas y los jardines casi siempre huelen a impresionismo”. Esta brillante novela gráfica se llevó el Premio Ignatz el año pasado y seguro que se llevará el Eisner y el Hugo de este 2018 en su categoría. De los más prestigiosos premios norteamericanos al gran premio de la crítica de Francia.

Hablamos de La tierra de los hijos, el cómic distópico apocalíptico del italiano Gian Alfonzo Pacinotti, quien firma como Gipi desde finales del siglo XX. Tras Mi vida mal dibujada y Unahistoria, Gipi se lanza en una obra extrema en blanco y negro sobre un futuro desesperante donde un padre educa a sus hijos para heredar la tierra y convertirse en unos monstruos despiadados. Tras la muerte de su progenitor, los dos adolescentes iniciaran un viaje de horror y monstruos (mutantes y caníbales) a través de una extensa laguna que nunca parece tener fin. En un mundo en el que solo han conocido la desdicha y el odio, aprenderán que el cariño y la bondad también también pueden jugar un papel de cara a su salvación. Gipi entrega una de sus obras mejor hilvanadas y estructuradas, un título con sabor a clásico que cala muy hondo en el alma con su lectura desoladora.