Francisco Robles: “hay un neo-caciquismo en las comunidades autónomas”

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Francisco Robles gana el 50 Premio Ateneo de Sevilla con “El último señorito” y Alba Ballesta el Ateno Joven con “Distinta Clara”

 

 

 

Texto y Foto: ANTONIO ITURBE

 

El Premio Ateneo de Sevilla cumple medio siglo, después de pasar por distintas etapas y ver asomarse a su palmarés a autores como Ángel María de Lera, Caballero Bonald, Carmen Conde, Mercedes Salisachs, Montero Glez o Juan Marsé. El ganador de este año, ha sido El último señorito de Francisco Robles, periodista de larga trayectoria en prensa y radio, con una veintena de libros a sus espaldas entre novelas y libros de arte, literatura y fotografía.

El último señorito, nos traslada a la Andalucía de los años 50 y a una historia largamente repetida y no por ello menos dolorosa: un joven señorito andaluz se prenda de la hija de unos criados y la deja embarazada. Más de medio siglo después, convertida en periodista, esa niña ilegítima querrá recuperar no solo su herencia sino también la verdad de sus raíces y viaja desde Barcelona al Sur del Sur, para abrir el baúl de la verdad. Sentados a la mesa del restaurante Salamanca de Barcelona, haciendo el camino peninsular inverso de la protagonista, Francisco Robles explica que “la novela parte de un hecho real: la demanda de paternidad de una hija ilegítima a un señorito andaluz de los años 50. Y saber esa verdad de lo que pasó nos lleva a trazar un relato de España y Andalucía desde la guerra civil hasta la actualidad. Porque sin mirar a la Guerra Civil, no podemos entender nada de lo que pasa ahora”. La periodista que llega a esa localidad andaluza de cuyo nombre no quiere acordarse, se encuentra en la figura del archivero local, primero un muro: “chocan frontalmente, pero después se dan cuenta de que se necesitan uno al otro”. Robles señala que “no solo somos lo que hemos vivido, sino lo que nos han contado”.

La novela también es una radiografía de ese señor feudal de cortijo que era el señorito andaluz: “la desamortización del siglo XIX hace que la riqueza de la tierra quede en pocas manos”. Al preguntarle si pervive la figura del señorito en la Andalucía de hoy, explica que “el señorito tal como era en esa época ha caído, pero no por una revolución sino por la caída de la rentabilidad de las tierras. Ahora el cortijo se ha convertido en un parque temático para turistas, donde les montan una capea y les dan a catar embutido. El señorito ya no existe, se ha borrado”. Le pregunto cuáles son ahora los poderes fácticos en Andalucía… “el único poder fáctico que existe en Andalucía es la Junta de Andalucía y se acabó. Hay un neo-caciquismo de las comunidades autónomas: si no estás conmigo, no estás. Con la trama de los ERE apareció una frase que es para la novela de El Padrino: La Junta colabora con los que colaboran”.

La presencia al final de la comida de un cuadro flamenco en este restaurante del barrio barcelonés de La Barceloneta, pone un nota de profundidad en el relato de Robles, de esa Andalucía de tiranos con buenos apellidos. Y nos recuerda los profundos vínculos entre aquí y allá, porque él mismo recuerda que “no hay pueblo de Andalucía donde no haya alguien que tenga familia en Cataluña”. La novela de Robles, en la que el archivero local andaluz y la desenvuelta catalana “chocan frontalmente, pero después se dan cuenta de que se necesitan uno al otro” resulta una metáfora de estos tiempos convulsos.

Los premios literarios que conceden ganador y finalista o, como en este caso, es un premio doble (Premio Ateneo de Sevilla y premio Ateneo Joven de Sevilla para autores de menos de 35 años) generan en sus rondas de promoción extrañas parejas de viaje. Alba Ballesta, graduada en Traducción y máster en Literatura comparada, nos sitúa en una realidad muy distinta en Distinta Clara, aunque en ambas novelas hay una pulsión por desvelar una verdad que está allá afuera, en realidad, es una manera de encender una luz en su propia verdad interior. Ballesta nos cuenta cómo una estudiante de literaturas e obsesiona con la figura de una poeta poco conocida de la que tan solo se conoce un libro, llamada Clara Dubasenca. Pero a medida que estira del hilo de la poeta y va desvelando su vida, lo que hace es ir sacando del pozo de su propio interior un montón de cosas que estaban desordenadas. Una novela polifónica, donde vamos armando las piezas del puzle de las dos protagonistas con voces y materiales diversos hasta que sus imágenes se van haciendo nítidas. Alba Ballesta explica que “es la historia de una búsqueda, un novela de formación” y también señala que “también hay una mirada muy crítica al mundo universitario. La protagonista va sumergiéndose en el desencanto del mundo académico hasta que decide que no quiere permanecer más en él”. Sobre el título de la novela, la autora señala que se trata “de un modesto homenaje a Joan Baptista Humet, cuya música melancólica tiene que ver con el tono de la narración y cuyas letras encajan con el espíritu del libro”