Historias y juegos en Badalona

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Una tarde con las niñas y niños de La Fundació Salut Alta

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

El barrio de La Salut de Badalona recibió ese nombre porque se pensó inicialmente como un lugar de reposo para la gente adinerada de Barcelona. Pero prosperó en un sentido distinto. Acogió la gran ola de emigración del resto de España a la capital catalana en los años 1960 y 70. En las últimas décadas, se ha convertido en el lugar de residencia de los nuevos inmigrantes llegados en los años 1990 y 2000. Empiezas a entender el nombre del barrio La Salut Alta cuando caminas por algunas de sus calles empinadas. Salud no faltará, pero calles en pendiente, tampoco. Aquí la vida es cuesta arriba. Llego hasta el colegio Josep Benet una tarde nublada que es más de invierno que de primavera. Pero, a pesar del viento desapacible, en el patio del colegio las chicas y chicosjuegan indiferentes a las rachas de aire. Unos al fútbol con unas porterías pintadas en la pared. Otros, en el tobogán. Algunos van y vienen risueños. Ellos tienen su propio clima y su propio parte meteorológico, donde no existen los días malos. Anna Martínez, responsable de comunicación de la Fundación Salut Alta, me cuenta que la fundación da apoyo a 130 niños y adolescentes del barrio de veinte nacionalidades distintas: “No solo hay itinerarios educativos y de ocio, sino también un trabajo emocional y una especial atención a involucrar a las familias en las actividades. Al menos una vez al mes pasamos la tarde juntos. Es importante que los hábitos que adquieren aquí tengan continuidad en casa”. La Fundación Salut alta tiene un equipo de diecisiete profesionales, casi todos ellos educadores, y cuenta con el apoyo de la Fundació La Caixa. Esa tarde están a pie de patio tres educadoras: Mar, Isa y la coordinadora del proyecto ApreniJoc, Nuria.

A esa hora, cerca de las seis de la tarde, muchos chicos lo que están deseando es salir por la puerta del colegio como un huracán y no regresar hasta el día siguiente. Pero estos vienen aquí voluntariamente, dos o tres horas diarias. Le pregunto si no vienen a regañadientes, si después de la jornada escolar preferirían no estar monitorizados. Y no. “Están contentos de venir porque en la calle ya están mucho tiempo. Todos los fines de semana, las largas vacaciones… a veces llegan a casa y no hay nadie. Y aquí se encuentran acompañados y con gente que está pendiente de ellos. De hecho, cuando llega el final de curso algunos exclaman: '¡Qué rollo, las vacaciones!'. Porque muchos de ellos no van a ningún lado. Nosotros, durante el mes de julio organizamos actividades. Una actividad que tiene mucho éxito es algo tan sencillo como ir a la playa; para ellos es una fiesta. En cuanto me giro, estoy rodeado de niños que me hacen preguntas con esa falta de preámbulo y rodeo de Historias y juegos en Badalona

Una tarde con las niñas y niños de La Fundació Salut Alta los que no han aprendido el sublime arte de la hipocresía: “¿Eres el escritor? ¿Cuántos libros has escrito? ¿Cuántos años tienes?”. La escuela de primaria a esa hora fuera del horario lectivo tiene un inusual silencio, pero mantiene el olor a friegasuelos y lápices de todos los colegios. Junto a la puerta hay una librería en el lugar más visible del centro y han convertido las columnas de la entrada en troncos de árboles de colores. Librújula ha venido esta tarde a abrir una ventana al mundo de la narración con un pequeño taller en el que un grupo de niñ@s de primera etapa de primaria y otro de segunda etapa confeccionarán un cuento. Mi papel ahí es el de incitador, para que ellos tracen la historia, y de escriba, para que se vaya plasmando en la hoja líquida del ordenador. Una pantalla conectada al PC hace que puedan ver cómo van creciendo las líneas y puedan añadir o quitar lo que consideren. Los escritores son ellos.

El grupo de los pequeños es numeroso, pero están atentos a la actividad. Aunque tienen poca edad, tienen buenos hábitos de sentarse alrededor de la mesa y participar. En vez de alzar la voz, aprovecho el teclado conectado a la gran pantalla para que la máquina los salude con una frase escrita de bienvenida. Eso les divierte. La ventaja de hacer actividades con niños es que no hay que darles explicaciones y lo entienden todo enseguida, porque su territorio natural es el juego. Son expertos en jugar. Construir una historia también es un juego. Primero, poner nombre a los personajes. Ahí empieza el primerdebate risueño “¡Pedro!”. “Pedro no, ¡Pepe!”. “¡María!”. Me llama la atención que los nombres que más les gustan sean los más sencillos. A veces, los adultos, cuando nos dirigimos a los niños, pensamos para motivarlos en actividades enrevesadas a ser posible con nombre en inglés y asuntos rebuscados cuando, en realidad, son los reyes de la sencillez. Los complicados somos nosotros. Ellos convierten un viejo tobogán en un parque de atracciones.

Enseguida ponen los nombres a los protagonistas y les dan a cada uno características: María es estudiosa, Pepe es bromista… Pero entonces llega la primera dificultad, la primera pantalla difícil de pasar del juego: les digo que una historia necesita un asunto, algo que resolver, una situación que altere la normalidad para captar la atención. Por si no se les ocurriera nada, yo llevo en la recámara algunasideas listas para deslizarlas en caso de necesidad. Innecesario. Resuelven el problema en cuestión de segundos, se les ocurren montones de situaciones mucho más rápido que a mí. Una de las chicas dice: “Ha habido un robo”.Y todos se suman. “Sí, sí. ¡En el colegio!”, dice otro con unas divertidas gafitas de pasta. Así que los cuatro amigos que componen la historia llegan a la clase y se encuentran con que ha habido un robo. Los dedos empiezan a teclear. Miran la pantalla con un gesto de orgullo. Sus palabras se han convertido en frases.

¿Y qué han robado? Alzan los brazos varios a la vez, con tanto entusiasmo que parece que la mano estire de ellos y los levante de la silla. Responden enseguida en tromba, varios diciendo lo mismo a la vez porque parece obvio y el escritor nose entera, ¿qué van a robar? Pues cosas importantes: “¡Han robado lápices de colores y libretas!”. Luego uno añade: “Y un ordenador”. El caso avanza. En el aula está la puerta cerrada y la ventana abierta. Empieza a haber otros robos en el barrio y parece que pudiera haber un peligroso ladrón por esas calles, e incluso entra a robar en las casas de dos de ellos. Hay un robo en casa de Pedro. A María le desaparece elteléfono móvil… Su imaginación desborda la historia, la ramifica hasta que puede parecer que se desboca. Pero no. Cuando es momento de reunir los cabos sueltos para ellos es como hacer el nudo de los zapatos: peor o mejor, pero las zapatillas de deporte no se pierden. Y, finalmente, pese a las cosas disparatadas que suceden,la historia se resolverá de una manera lógica: ¿no se había dicho que Pepe era un bromista? No había tal ladrón misterioso, sino su amigo Pepe con ganas de poner a prueba su inteligencia. Los pequeños se despiden contentos con su historia.

Los mayores llegan alegres y eléctricos. Empiezan a sentir el tirón hormonal. Rebosan de energía y de curiosidad. Tampoco va a ser necesario tirar de nevera, ellos tienen ideas frescas de sobra. Enseguida se ponen de acuerdo en que la suya va a ser una historia de misterio: “¡Una casa encantada!”. Les encantan las historias de misterio, pero esta la van a construir ellos. El grupo de amigos va a la montaña y encuentra una casa encantada en la que vive una bruja peligrosa. ¿Salen corriendo? ¿Entran? La pregunta, en realidad, es innecesaria: “¡Entran!”. Hay que ver por dónde. Aquí hay debate de ideas. Los chicos y chicas tienen tanto afán por intervenir que se pisan las palabras y se forma un cierto guirigay. La profe decide que es mejor que intervengan por turno. Como uno de ellos se ha entusiasmado con la manera en que abre y cierra mi funda dura de las gafas (que se cierra empujada por el imán como la boca glotona de una ballena), esa funda servirá como marca: quien la tenga en la mano, tendrá la palabra. Funciona, al menos por un rato. Las ideas suben como burbujas. El agua que contiene su cuerpo es agua con gas. Alguno se sienta y se levanta. Su energía los hace estar en un baile permanente. “La bruja lanza hechizos que convierten a la gente en cerdos”. “Escapan”. “En el sótano encuentran otros hechizos para defenderse”. “La bruja los persigue y han de correr”. “Hay en la casa un puente”. “La bruja les lanza un hechizo para que les pique todo…”.

Se acerca la hora de recoger, Los mayores tendrán, como tarea creativa, que completar ellos mismos la historia y la mejor de todas recibirá, durante los Juegos Florales que organiza la Fundación, un premio. Eso les interesa. Preguntan por el premio: “¿Serán bolígrafos del banco?”, pregunta uno, temeroso. “Ya se verá”, les responde Isa. El premio, lo sabrán cuando sean mayores, es haber estado allí compartiendo una tarde de imaginación e historias con sus compañeras y compañeros atendidos por esas educadoras pacientes y afectuosas. Para nosotros, los adultos, el premio es que ellos nos enseñen lo fácil que es jugar, incluso lo fácil que es reír.