Burla y juego: poetas humorísticos actuales

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Poesía y humor, una relación fructífera 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

Ultimamente la risa, la carcajada a man- díbula batiente me persigue. La mayoría de los libros o poemarios que me llegan, manojo de poemas agrupados bajo un título, de autores jóvenes y no tan jóvenes, son de buena risa; pero, como este es un país donde todo vale menos lo que molesta a los de siempre o es favorecido y promocionado por ellos, pues nada, a comulgar con piedras de molino y a pasear bajo palio, que todo se verá. Si hay que tragar no se traga y a versificar: “No he de callar, por más que con el dedo”, que para eso somos los mejores del mundo escribiendo sátiras, tanto en verso como en prosa. Pues bien, esto es lo que piensa uno cuando se pone a escribir sobre la poesía humorística, jocosa, bur- lesca y/o cómica, de estos lares, que ha pretendido, pretende y pretenderá ser el estímulo ideal para leer, aunque más que en solitario, que también, en público. Y aunque a menudo uno prefiera disfrutar de esta poesía en solitario, es un gozo escucharla de la mano de sus autores, disfrutar de la oralidad de esta poesía de metáfora sencilla, que no fácil y tampoco de menor calidad. “El tono o la textura humorísticos no están reñidos con temas de diverso pelo, reflexiones sesudas, hallazgos rítmicos y verbales y, en general, con cualquier otro aspecto que se considere formante del propio hecho poético”, apunta acertadamente Pablo Macías Partida, y es que asociar lo satírico o lo humorístico con un “menor nivel” literario sería un gran error y una gran injusticia, como bien lo de- muestra nuestra tradición, empezando por Juan Ruiz, arcipreste de Hita (Alcalá de Henares, 1283-1360), con su Libro de Buen Amor, siguiendo por el Don Quijote de la Mancha y hasta llegar a nuestros días con poetas como Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962), cuya poesía vitalista y humorística tanta gracia nos hace. Todo es burla y juego.

Y es que los poetas de verso y gracejo ya no lloran lágrimas de cocodrilo; por el contrario, se ríen de todo lo habido y por haber, con versos informales, ingeniosos, de gran riqueza léxica y mayor pirotec- nia verbal, con mezcla de lo culto y popular, que no maridaje. Hablamos de poetas, no de aprendices del verso o versificadores. Poetas, mujeres y hom- bres, que juegan con verdadera maestría con el tono burlón y el ritmo de las palabras, con estrofas de pocos versos y fáciles de memorizar. Las y los poe- tas, no bípedos implumes, saben de los recursos de la retórica y los utilizan con maestría, para gozo del auditorio y del lector que se aproxime a sus versos.

Saben bien que todos esos recursos de la tan nece- saria y olvidada retórica los tienen a su disposición, han leído bien y mucho. La poesía burlesca sabe mejor del equívoco y la paronomasia, de la onoma- topeya y la polisemia, de la hipérbole y el símil, de la metáfora y la alusión, en definitiva, del doble sentido o ese juego de palabras socarrón, que otras poesías de distinto tono: que a lo más que llegan es al oxí- moron y gracias, que no es poco. Este tipo de poesía, nada improvisada, pide a gritos ser tenida en cuenta mucho más y desde Librújula rompemos una lanza a su favor, aunque no necesita defensa alguna, como el soneto, pues se defiende solo, y sola se defiende esta poesía risueña.

Diez poetas diez

En los encuentros de "Crítica y contracrítica. Comu- nicación cultural en España", celebrados en Zarago- za el pasado mayo, nos encontramos con un poeta cultivador de esta poesía que dejó asombrados a todos los que por allí andábamos. Es el profesor de Lengua castellana y Literatura Pablo Macías Partida (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1979), del que ofrecemos un breve poema inédito: “…Que rabien/ quienes pensa- ron/ alguna vez/ que yo/ a las cuatro de la mañana/ nunca/ iba a tener a nadie/ con quien hablar. // No- vecientos,/ pienso.// Y contesta,/ solicita,/ Atención al Cliente”. Como pueden leer, agudeza, ingenio, jovialidad y gracia, no le faltan.

Otra poeta que cultiva este tipo de poesía humo- rística es Mercedes Escolano (Cádiz, 1964). En sus poemas, de tono casi confidencial, en la complicidad con el lector, da cuenta de su fina ironía, incluida en los versos de tema erótico, como este poema Paso   del Ecuador, del libro Felina, calma y oleaje (Córdoba, 1986), en la senda del maestro, también gaditano,

Carlos Edmundo de Ory, a modo de homenaje o casi oleaje, de quien es este primer verso que abre el poe- ma: “Amo a un mar de larga cabellera/ cosida con viento a mi popa/ a pique nos vamos amante y yo/ en medio de esta tormenta a sus trenzas/ me prendo loco marinero/ jinete a sus crines exhausto/ la tajamar inclina su aguja aguija/ el mar se duele pero place a los tirones/ del peine entrometido engancho peino y despeino gancho/ mi ternura enhebra un hilo/ de espuma sudor pez muerto/ tiemblo jironado araño muerdo clavo/ me empavesa la espalda inyecta olor a hembra/ mi buque-hebra de acero enfila/ tiemblo jironado araño muerdo clavo/ rajando de este a oeste su melena/ con la quilla el Ecuador/ atraviesa traviesa viesa”.

 

Tema burla y juego

El siguiente poeta que también deja deja atónitos a propios y extraños es Juan López-Carrillo (L’Ampo- lla, Tarragona, 1960), quien con su libro 69/ modelo para amar (DVD, Barcelona, 2001), que aun siendo la mayoría poemas visuales con el 6 y el 9 de protagonis- ta y su pertinente explicación irónica, tiene además muy acertados poemas de humor al uso, valga como ejemplo este titulado Terapia: “A mí me hechizan/ y me enamoran/ la belleza/ y la dulzura/ de tus hermo- sos labios,/ tanto los unos/ como los vándalos,/ tanto los que me contagian/ el molesto resfriado/ como los que/ después,/ con sabor a ti,/ medicinales/ y arra- santes,/ me lo curan todo”.

También de Tarragona es la poeta Teresa Domingo Català (1967), en cuyo poemario Loliloquios (Nou Editio, Silva, Tarragona, 2004) podemos leer el poema LXIII: “Si te vas iré contigo/ hasta el infi- nito del fuego,/ hasta el desierto de hielo,/ hasta el océano indomable,/ hasta el vacío nuboso,/ hasta el lago pantanoso.// Pero ni se te ocurra/ no sacar la basura”. Nos habla de la viva vivida, tal cual es sin medias verdades ni posverdades que valgan, con la maestría del ingenio y la sagacidad de la poeta que observa y mira y ve lo que bulle a su alrededor   y juega con el lenguaje con mano firme y diestra. Admirable poetisa que dice las cosas tal como las siente. Sin florituras.

El poeta Eduardo Moga (Barcelona, 1962) es otro de los autores que con más gracia y estilo divierte   a sus lectores. Sorprendió con su antología El poeta esteta (Y un apéndice para la felación) (Emboscall, 2003), que es más bien poesía erótica, aunque no le falta humor, como para explicar que no en- tiende cómo la felación ha recibido poca atención por parte de los poetas, pues ambas, felación y poesía, presentan muchos rasgos en común: “Las dos producen un gran placer, y las dos requieren concentración, delicadeza y ritmo y, sobre todo, un uso óptimo de la lengua”. Y siguió sorprendiendo con Soliloquio para dos (La Garúa, 2006), o Dices (Libros en su tinta, 2014).

La poeta madrileña Vanesa Pérez-Sauquillo (Ma- drid, 1978) es una escritora con grandes dosis de humor en sus poemas y para muestra El sueño intac- to (Ars Poética, 2017), antología de su obra poética: “Mi abuelo lee el periódico/ y mi abuela recita su conjuro infalible/ para que deje de parpadear/ la luz de la cocina”. Virtuosismo de alto vuelo que sabe combinar con una profunda sensibilidad. Necesario aire fresco y lúcido desparpajo en su poesía. Además de la búsqueda de lo lúcido en lo lúdico, que es lo que persigue toda su poesía tragicómica, como la vida misma, como ya hizo la fascinante y gran poeta Gloria Fuertes.

Víctor Guíu Aguilar (Hijar, Teruel, 1978) es un poe- ta burlesco y agitador cultural. Escribe una poesía de aquellas que nacen de las tripas, de esa pasión surrealista buñueliana, de cine; de atroces imáge- nes desternillantes, más cómicas que trágicas, del momento actual de la posverdad. La poesía de este poeta apodado "El Mestizo" es, además, de las que interpelan, de las que asombran, y deja al lector perplejo. Y si en sus versos hay ecos reconocibles, estos están bien hilvanados, no lo duden. Uno es fruto de sus lecturas, de sus músicas, de sus gustos y sobre todo escribe de lo que ve, como buen poeta: “Andando, que andando van/ los burricos a la paja. / Bien comidos, bien servidos, / a su amo siempre le cantan”. (Versos inéditos)

Nieves Muriel (Melilla, 1977) es una poeta discreta, pero con un saber hacer en poesía que alcanza de lleno a la persona que con sus versos se atreva, pues creo que en y con su poesía nos muestra una visión del mundo, de su paisanaje, con esa mirada especial, esa gracia de la mujer del Sur, con un lenguaje cuida- do, se bate el cobre con él, y sabiendo que la palabra debe estar sujeta a ritmo en poesía, de ahí esa, su musicalidad. Además, nos ofrece y sugiere imágenes inteligentes que divierten y llegan, desde la tradición a la actualidad, y para muestra: “Mi cuerpo adorme- cido/ sabe de un pensamiento que no cede/ pasión/ no cede Infierno-/ y respira pegado a las entrañas buscando/ en el silencio de la grieta/ la grieta del si- lencio. Pasajes de/ la luz bajo la/ herida”. De su libro Carta de la sirena (Renacimiento, 2016).

Sergio R. Franco (Málaga, 1975) es el poeta del humor y la filosofía por doquier, en sus versos y en los ecos de los versos que producen en el lector: “Yo a borbotones/ yo todo el rato/ yo dos por uno/ yo sin ton ni son/ yo de soslayo/ yo sin perspectiva/ yo en desbandada/ yo a bocajarro/ yo qué palabra tan corta/ para tanto desastre”. Versos de su poemario El espanto, modo de empleo (Lúces de Gálibo, 2010), que son ejemplo de cómo el poeta presenta la rea- lidad de ese bípedo implume, aquí sí, que se cree el yo poético reinando hasta en la esquina del verso. Y esta es la forma de presentar la realidad por él vista, con versos cortos buscando el impacto, cual latigazo cerebral, con capacidad ingeniosa y fina agudeza, cual bisturí.

Sonia Marpez (Sarria, Lugo, 1987) es una poeta que escribe con la gracia de los serafines y el ingenio de los querubines. Agudeza y palabras certeras por doquier. Esta aún joven poeta, afincada en Málaga, tiene además ese duende de los grandes, que es capaz de escuchar y después versificarlo con cuatro versos que te dejan patidiuso en su lectura. La alegría que trasmite y los versos tragicómicos dan cuenta de su potencial asombroso: “Tareas pendientes. Amputar de su trono/ al doloroso pasado. // Que las olas argentas/ se lo lleven al Tártaro”, de su poemario Demolición (Ayuntamiento de Málaga, 2018). Fina ironía e ingenio. Una poesía que nos permite afrontar el futuro con esperanza.

Y, para terminar, escribir que casi todos los y las poetas que he leído tienen algún poema o poemario en los que el humor (a veces negro) es una de sus fortalezas, como Carlos Vitale en Descortesía del suicida (Candaya, 2008); la retranca, pues se ríe con y no de, que expresa Juan Carlos Elijas en Sonetos   a Simeonova (Alacena Roja, 2014); o los poemas concisos, irónicos, conceptuales y epigramáticos de Ferran Fernández con Manual de taxidermista (2015) y Guía del odio (2017), ambos en Luces de Gálibo. O la genialidad del poeta humorístico, o más bien tragicómico, Luis Miguel Madrid en Moscas tres (La única puerta a la izquierda, 2017), por ejemplo y para no ahondar más. Pero ha habido y hay muchos más poetas que cultivan esta poesía satírica, festiva y burlesca, que todavía se pueden encontrar en las librerías, desde Quevedo, Gón- gora y Lope, a Samaniego, Iriarte y Moratín, pasando por Jovellanos y el olvidado Campoamor; además de Gómez de la Serna, Alberti, Lorca y Dámaso Alonso, hasta el citado Carlos Edmundo de Ory, Ángel Gonzá- lez, Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, y David Gi- menez, el de Remolinos; y la esencial, singular y señera poeta, también mencionada, Gloria Fuertes, que pudo con todo y con todos, con su más que burla y mayor juego poético: “Dediqué mi libro a una niña de un año,/ y le gustó tanto,/ que se lo comió”.