1930, edad de oro de la crónica periodística

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Del hambre de Las Hurdes a la Barcelona que esnifa cocaína. Antonio Iturbe sobre en Un país en crisis, crónicas españolas de los años 30 de Sergi Doria (Edhasa)

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

“Hay en Barcelona ciertos establecimientos abiertos toda la noche donde se hace un enorme consumo de mandanga. Algunos tienen incluso un reservado exclusivo para los habituados. Al toxicómano que acude a estos lugares se le puede reconocer fácilmente: la nariz aplastada, con los orificios muy abiertos y, en ocasiones, moteados de granillos de acné; la pupila dilatada en exceso; tics nerviosos, arañazos, plaquitas inflamatorias tensas y rojas… ¡son signos indubitables de que la cocó se ha apoderado de su organismo!”. La crónica de Gabriel Trillas Blázquez sobre el tráfico y consumo de cocaína en Barcelona es rabiosamente actual por su contenido pero incluso demasiado fresca para nuestros tiempos en la manera de contar lugares, modus operandi y situaciones que actualmente el periodismo no suele indagar. Esta excelente crónica con mucha calle y mucha información, que relata cómo se arrojan los paquetes de cocaína por la borda de los barcos en el puerto, confundidos entre pelarzas de naranja y hojas de col como si fuera basura echada a la dársena grasienta, oportunamente pescada por un barquero que casualmente pasa por allí o la manera en que los taxis se utilizan para intercambiar droga, hoy en día es imposible leer pero que se publicaba en 1934 en la revista Estampa.

Con la intención de reivindicar la edad de oro del periodismo español el escritor y periodista Sergi Doria ha compilado una muestra de crónicas extraordinarias de la época en Un país en crisis, crónicas españolas de los años 30, publicado por Edhasa. Sergi Doria hace hincapié en la idea de un país en crisis porque es algo que no se suele señalar con suficiente intensidad: “Los años 30 son tiempos de ebullición porque llega la República, pero no hay que olvidar que la República llega en plena crisis económica tras el crack del 29. Eso hizo que las reformas prometidas fueran más difíciles de aplicar en un país en recesión y las tensiones se disparasen. De ahí que en ese momento en ebullición el periodismo florezca en las grandes revistas de la época, Estampa, Crónica o Mundo gráfico o que en el diario Ahora esté en la dirección Chaves Nogales e impulse de manera muy especial el género de la crónica, porque es el que mejor cuenta lo que está pasando a pie de calle”.

Sergi Doria está convencido de que “el Nuevo periodismo no lo inventó Tom Wolfe ni el periodismo de infiltración Günter Wallraff, ya se hacía aquí en los años 30. Por ejemplo, Marga Donato, que se va ella misma a vivir en primera persona la realidad de un comedor social en esos años de estrechez y lo cuenta en La cola de los hambrientos para el diario Ahora. O Josefina Carabias, la primera mujer en España con un estatus formal de redactora, que se hizo pasar por camarera en el Hotel Palace durante ocho días y lo cuenta en una espléndida crónica que dice mucho del clasismo de la época. Como vieron que la nueva no tenía mucha idea de hacer camas, la gobernanta del hotel y las demás mujeres la ayudaron muchísimo. Era una generación de periodistas muy jóvenes, veinteañeros, que crecieron al hilo de la gran innovación que es la radio. Eran nativos radiofónicos y eso se nota en el ritmo de escritura, la frase corta y el uso de las herramientas de la narrativa para contar la verdad.”

Según Doria, “Las crónicas de la época te acercan a la realidad de aquellos años mejor que cualquier libro de historia. La crónica Una semana en las Hurdes de José Ignacio de Arcelu publicada en Estampa destapó una realidad tremenda de una España que en las ciudades se estaba modernizando pero que en el mundo rural estaba llena de carencias. Buñuel leyó esa crónica y le impresionó tanto que se fue apara allá a rodar Tierra sin pan. Los periodistas son inspiradores del cine y la literatura. Por ejemplo, Juan Ferragut, que el historiador Stanley Payne cree que pudo haber sido negro literario de Franco en los años 20, escribió la crónica de la noche de agonía del torero Sánchez Mejías en el sanatorio porque estuvo allí, viendo escapársele la vida minuto a minuto por la hemorragia de la pierna. Después, García Lorca escribiría el hermoso poema a la muerte de Sánchez Mejías. Lorca no estuvo allí, pero es como si hubiera estado, porque Ferragut puso el ojo del periodista antes de que el poeta añadiera su mirada. Y que conste que la prosa de Ferragut no es notarial, sino intensa pero respetuosa con el sufrimiento del torero que se muere, de una calidad y una potencia evocadora muy por encima de la media de todo lo que podemos leer hoy en día, incluso en firmas de postín.

Circulan en esta reunión de crónicas las voces de Josep Pla, Rosa Maria Arquimbau, González-Ruano, Ignacio Carral, Ramón J. Sender, Gaziel, Carles Sentís, Francismo Madrid… y no hay un solo artículo que no tenga chispa, información y estilo. Sergi Doria subraya la potencia y la valentía de las crónicas de Sender o el ingenioso toque de desparpajo para el retrato social de Paco Madrid, que contaba cómo en Barcelona los gitanos estaban enfadados porque se había abierto una peluquería canina y ellos se ganaban la vida dignamente esquilando perros. Doria señala que “en el periodismo actual se ha perdido la costumbre de gastar suelas de zapato”. Y también lamenta que se ha perdido algo valioso de aquellos años: “la fluida comunicación entre Madrid y Barcelona. Fotógrafos y periodistas trabajaban en periódicos y revistas de una ciudad y de la otra. La circulación de profesionales del periodismo era constante. Nada que ver con lo que sucede hoy día”.