¡Ha nacido una poeta, Rosa Berbel!

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Hoy descubrimos a la poeta Rosa Berbel, autora del poemario Las niñas siempre dicen la verdad 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Si tuviese que definir la poesía de Rosa Berbel (Estepa, Sevilla, 1977) en Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión), XXI Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal”, diría que es una poesía nada complaciente y muy valiosa. La poesía que contiene este poemario me lleva a escribir que ha nacido una poeta, que confiesa que ha mentido algunas veces a su madre; pero todo le es perdonado pues ella sabe que “saber lo que eres/ te nombra para siempre”.

El libro está dividido en tres partes: ‘Quemar el bosque’ (que me recuerda a Djuna Barnes), con una docena de poemas; ‘Planes de futuro’, con trece poemas; y un solo poema largo para la tercera parte, Sala de espera para madres impacientes. Berbel me recuerda a la Barnes, y no por el Bosque de la noche, aunque también, pues en el poema Microcosmos en ‘Planes de futuro’ dice: “La intimidad sostiene los cimientos/ de las casas en ruinas que nunca construiremos” y Djuna Barnes escribió en su poema Transfiguración: “El profeta cava con garras de hierro,/ En los movedizos suelos del desierto”. Ambas son conscientes de que la poesía es metáfora y buscan, persiguen en sus versos, descubrir de qué es metáfora el poeta: “Y seguimos aquí, ahora de día,/ acostumbrando el cuerpo a los milagros,/ intentando creernos/ una a una”. Berbel dixit.

Y sabiéndose poeta, joven poeta Berbel, no Barnes (12 de junio de 1892-19 de junio de 1982), ella crece en su vida con y en su poesía, son 22 años, y a esta edad todos es intenso y veloz, uno no ha tenido estos 22 años, pero si lo ve y de cerca en su hijo de esa misma edad: todo es un pulso con inseguridades y conflictos íntimos y menos íntimos: un pulso con el lenguaje que los nombra. Y la joven poeta, afirmo, logra dar el tono adecuado a su poesía, no cae en lo fácil ni en los espantos emocionales. No hay confesionalismo, ni metáforas mediocres, reflexiones juveniles sin mayor interés; no hay victimismo de género en la poesía escrita por esta mujer joven; ni autocontemplación; ni utilización del lenguaje como mero efecto decorativo; ni malditismo a raudales. Por fin una joven poeta de justa y necesaria lectura: “Luego coge a los hijos/ y se marcha.” Dime uno de los poemas de Berbel, “La infancia ha terminado”:

La infancia ha terminado.

 

En esta casa nueva,

no reconozco el orden de las cosas,

ni la lógica esquiva de la sangre.

 

Pero sé que hay lugares

en los que basta solo una palabra

para encender el fuego.

Cabe tener en cuenta que el título, que no acertado para este lector, pues me recuerda a El sí de las niñas (obra teatral de Leandro Fernández Moratín, publicada en 1805) aunque esté en las antípodas, no hace referencia justa al contenido del poemario, por más ironía que se le busque al título. Es solo mi opinión. Así, pues, creo que mejor hubiese sido titular el libro como ‘Planes de futuro’, pues este poema da cuenta de lo que vamos a encontrar en el libro: frustración e incomodidad ante esta vida que le dejamos a la juventud actual, futuros dirigentes de la misma sociedad que los esclaviza en y con sus redes sociales y les aleja de la filosofía, por ejemplo. Además, la poesía también es futuro. Ese futuro que no existiendo es perseguido y hasta cierto punto alcanzado: “Pero después del amor, de la rutina,/ la propiedad privada y el verano,/ la realidad regresa/ inconformista.”

No me queda más que reconocer que es una de las jóvenes poetas más interesantes de la actualidad a la que tendremos que seguir. Joven poeta que ve y va más allá de la realidad por medio del lenguaje y también comparte esas características que les hace ser tan singulares: inconformismo, curiosidad, creatividad y algo de idealismo. Siendo su poesía un camino muy saludable para entender este mundo tan complejo. Personas poetas que no están fuera del mundo. No me cabe ninguna duda: la poesía escrita por mujeres es el futuro, cada vez más cercano.