Lobo: "Temía tanto al Servicio Secreto como a ETA"

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“Yo confieso. 45 años de espía”, las memorias de Mikel Lejarza, alias El Lobo

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Lobo

 

 

Texto: SUSANA PICOS

 

El periodista y escritor Fernando Rueda nos espera para la entrevista y al teléfono se encuentra Mikel Lejarza, el protagonista del libro “Yo confieso. 45 años de espía”, publicado por Roca Editorial. Fernando Rueda, máximo especialista español en espionaje, ha escrito la historia de Mikel, el espía conocido como El Lobo. Una leyenda de los Servicios Secretos que consiguió infiltrarse en ETA y logró la mayor operación contra la organización de la historia de nuestro país: la detención en 1975 de 325 miembros, de los cuales 178 entraron en la cárcel. Si la vida de Lejarza cambió en el momento que dejó a sus amigos y su familia para convertirse en un espía, desde la operación Lobo ya no pudo dar marcha atrás. Se convirtió en uno de los objetivos de ETA y tuvo que renunciar a su identidad, incluso a su aspecto, pasando por la cirugía estética.

No podemos ver la cara de Lejarza, pero hemos oído su voz y hemos podido leer su historia de 45 años viviendo como espía, donde nos cuenta los hechos, pero también sus miedos, sus emociones, sus dudas…y donde podemos conocer, gracias a su mujer y compañera, al hombre que hay detrás del Lobo.

En 1974 fue captado por el Servicio de Inteligencia para infiltrarse en ETA, pero ¿cómo pasa uno a ser espía? ¿Tenía vinculación con el entorno de la banda?

Yo era un muchacho que no tenía nada que ver con el mundo de ETA. Mis amigos eran más próximos a un grupo parroquial, muy alejado de la violencia de ETA. Ni siquiera tenía idea de lo que significaban las siglas de la organización. No obstante, tenía dos amigos policías y quedaba a veces con ellos a tomar algo. Siempre fuera del barrio, porque no estaba bien visto que te viesen en su compañía. Teníamos miedo de que nos tildasen de confidentes. Nunca hablábamos sobre temas relacionados con ETA y, de hecho, ellos no fueron los que me ofrecieron entrar, pero un día vinieron acompañados de dos agentes del servicio de inteligencia y estos sí, uno de ellos vio algo en mí, aunque nunca entendí el qué. Después, cuando he sido yo el que he reclutado, me he dado cuenta que el buscador se fija en detalles que uno mismo no ve. Para ser espía valemos muchos, pero nos tienen que descubrir.

En el libro cuenta cómo se va ganando la confianza poco a poco de miembros de la organización y cómo huye al sur de Francia y convive con ellos. ¿Alguna vez dudó de si estaba en el lado correcto?

Siempre lo tuve clarísimo, además ellos me lo ponían muy fácil porque eran tan salvajes y explicaban tantas burradas. Solo te diré que un día que estábamos de fiesta, se pusieron a presumir de cómo habían sacado los ojos a unos chicos gallegos. No, nunca dudé.

Fernando Rueda: Mikel siempre tuvo claro que los etarras querían matar gente y nunca dudó de eso y el problema que él tenía era otro. Cuando pasa por primera vez la muga, es decir cuando coge el camino entre montañas fronterizas para pasar a Francia, se da cuenta en ese momento que si los de la ETA le descubren lo matarán, pero si le descubre la policía o la guardia civil, que no saben quién es, lo harán también. Posteriormente empieza a pensar: en el momento que deje de ser útil para mi Servicio también se van a deshacer de mí, por lo que el síndrome que él padece no es el de sentirse identificado con los etarras, sino el de una desidentificación con respecto a todos. No se fía de nadie.

Mikel Lejarza: Hay un momento, tras la gran redada, que me escondo en uno de los pisos francos que el Servicio tenía en Madrid. Me pasé toda la noche metido en la bañera en agua fría, porque hacía una calor horrible, y con dos pistolas en la mano. Cada vez que oía una sirena de la policía estaba que saltaba. No me fiaba de nadie. Fue un momento terrible y angustioso. Sudaba de los nervios y del terror de pensar que todos venían detrás mío, que me habían dejado colgado, que había estado llamando y nadie cogía el teléfono. Me pasé toda la noche oyendo sirenas de la policía y sin saber quién iba a entrar y tirar la puerta abajo

¿Cómo era el Servicio Secreto de aquella época? ¿Qué era la operación Lobo?

El Servicio de Inteligencia en aquel momento estaba formado por muy poca gente y en pleno declive tras el asesinato de Carrero Blanco en el 73. Necesitaban urgentemente un éxito y tenían un gran desconocimiento de la organización de ETA. Me infiltraron a mí para saber algo más, pero en ningún momento pensaron que podríamos conseguir lo que logramos. La operación Lobo, denominada así por mi alias, culminó con la detención de 325 miembros de la banda. El éxito fue tan abrumador que mis superiores estaban totalmente henchidos de gloria. No necesitaban más. Se sentían super poderosos. Decían: “ahora lo sabemos todo”. Pero no solo el Servicio, también los que estaban por encima. Todos estaban contentos con el golpe maestro y poco les importaba el chico infiltrado. No es como ahora. Actualmente las operaciones están estudiadas al máximo. En aquel momento, yo solo era un muchacho que si caía durante la redada, pues mala suerte, y si salía indemne, pues bien.

¿Por qué no se finalizó la operación Lobo como usted quería? ¿Fue una oportunidad perdida para terminar con ETA?

Yo siempre he pensado que sí, que podríamos haber terminado con ella de aquélla, pero tampoco estoy en la posesión de la verdad absoluta. Creo que si lo hubiésemos hecho como yo lo pensé, hubiéramos dado un vuelco totalmente a ETA.

Fernando Rueda: Cuando el Servicio plantea hacer la gran redada y sacar al Lobo e instalarlo en un hotel en Barcelona, él dice: “a mí no me quitéis, a mí detenerme y llevadme a la cárcel. Cuando pasen unos días me dejáis escapar con un par de etarras, que no sean muy importantes, y en la huida me disparáis en un hombro y así puedo marcharme al sur de Francia”. En aquel momento, hablamos del año 75, Mikel era ya miembro de la cúpula de ETA, era el jefe de infraestructura, pero como habían hecho tantas detenciones, se podría convertir en el jefe de ETA. Su idea era promover a Pertur, el ala política, para que tuviese mucho más peso que los militares y de esta forma acabar con ETA, pero no le dejaron.

Mikel Lejarza: Los cuadros militares quedaron casi completamente arrasados, solo quedaba la rama política. No obstante, algunos de los miembros más peligrosos de la banda se escaparon, y los que huyeron fueron los que después ordenaron que se cometieran tantos asesinatos: Zabala y Pakito Garmendia. Si hubiera manejado Pertur, esos “muchachitos” no hubieran podido hacer nada. Se hubiesen integrado en la rama política y se hubiese venido todo abajo.

¿Y ahora, hemos vencido a ETA?

ETA está vencida totalmente. Saben perfectamente que volverse a organizar les costaría una barbaridad, aunque nunca podemos afirmarlo al cien por cien. La organización como tal está vencida y controlada policialmente. Cuando se hizo la guerra psicológica, ETA ya tenía los días contados. No obstante, la política influye mucho y cómo vaya el país también.

¿Tuvo alguna vinculación con el GAL?

Nunca tuve relación con el GAL pero sí que viví alguna reunión donde se juntaron personajes de nivel.

Fernando Rueda: Antes de la creación del GAL, a principios del año 82, el oficial del servicio secreto de Mikel le pide que vaya a una reunión en el hotel Meliá y se entere de lo que van a contar. Cuando va allí se encuentra con unos “empresarios” del crimen. Le cuentan lo que van a cobrar por matar según a quien. Tras esa reunión, Mikel pide explicaciones a sus mandos y pregunta qué está ocurriendo. Le dan largas y este hecho sumado a otros datos le llevan a la conclusión que se está gestando alguna cosa. Es entonces, cuando le mandan a México.

¿Se convirtió en alguien incómodo?

No lo puedo afirmar a ciencia cierta, pero parece que sí. Porque todo el empeño era sacarme de aquí como fuera. Me ofrecieron varias embajadas diferentes y terminé yendo a la de México.

Participó también en la desarticulación de Terra Lliure. ¿Es cierto que durante la investigación salió a relucir el apellido Pujol?

El hijo de Jordi Pujol, Oleguer Pujol, se movía en el entorno de Terra Lliure, pero él se marchó después a Francia.

Ha estado infiltrado en organizaciones terroristas, pero también junto a narcotraficantes, en espionaje industrial, incluso en los medios de comunicación. ¿La vida del espía tiene también un cierto glamour?

Tiene un grado de glamour y eso también lo hace más llevadero. No tanto como en las películas, pero a veces la realidad supera la ficción. Estamos hablando de personajes que se mueven en coches de lujo, con bolsas de billetes, yendo a buenos restaurantes y … de cosas que no se pueden decir. Pero también la vida del espía es mucho sufrimiento y soledad.

¿En alguna de las operaciones tuvo que matar a alguien?

Sí, estábamos en una situación de guerra. Yo me metí en el Servicio de Inteligencia casi por una cuestión de fe. Estoy totalmente en contra de las muertes y por eso he luchado como he luchado para evitarlas tanto de un lado como del otro, pero en Argel viví un episodio durísimo en un entorno de guerra y maté a nueve soldados. Aún hoy después de tantos años, sueño a menudo con ello. He pedido ayuda a mi guía espiritual y siempre me dicen lo mismo: o los otros o tú, pero eso no te consuela cuando estás en contra de las armas y la guerra. Aunque la fe me ha ayudado a seguir adelante. Cuando te encuentras en una situación límite, el espía se tiene que convertir en Rambo para salvar su vida.

Fernando Rueda: Mikel siempre pidió no tener que matar a nadie y durante su etapa con ETA por suerte nunca tuvo que hacerlo. Incluso a veces la policía le disparó pensando que era etarra y él se defendió, pero nunca tirando a matar. El episodio que cuenta sucedió en una operación en Argel en el año 1977, donde vivió una persecución a muerte.   

Portada Yo confieso¿Es posible dejar de ser espía? ¿Llevar una vida “normal”?

Algunos de mis compañeros que han pasado a llevar una vida “normal” han durado muy poco. Es tal el veneno que entra en la sangre que no sabes vivir sin él.

¿Sigue en activo?

Yo sigo en activo, como lo he hecho durante muchos años. Siempre estaré con mis oídos y mis ojos bien abiertos, procurando enterarme de todo lo que pueda para ayudar a mi país. Si es a través de mi Servicio perfecto y si no procuraré que sea por otras vías, pero siempre por mi país.

En "Yo confieso" descubrimos que tiene mujer e hijos, pero ¿cuándo el trabajo es secreto qué se cuenta a la familia cuando uno sale de casa por la mañana?

Mis hijos pensaban que yo era industrial. No tenían ni idea de lo que hacía, es más, mi hija mayor se pensaba que yo había nacido en México. Solo lo sabía Mamen, mi mujer. Sobre el año 93, cuando vivíamos en Barcelona, mis hijos se enteran y el golpe es muy fuerte. Habíamos tenido una vida de nómadas, en las que estábamos cambiándonos continuamente. Una vida difícil y complicada.

Para el Servicio, el agente ideal es aquel que no tiene a nadie, porque en un momento dado si no sirve y no tiene quien le acompañe ni quien le apoye es más fácil quitarlo de en medio. Yo era de los que pensaba que un agente solo trabaja mejor, pero con el transcurrir de la vida me he dado cuenta que no. A mí, mi esposa, mi compañera, me ha ayudado a salir adelante. Muchas de las cosas se han logrado gracias a ella. Y anímicamente también. No se puede obligar a nadie a renunciar a la familia, aunque sea una vida muy dura, sobre todo para ellos, porque uno sabe lo que tiene y a dónde va, pero la otra persona entra sin saber nada.

Cuando Mamen me conoció no tenía ni idea a lo que me dedicaba, pero tenía que enterarse y contárselo era muy difícil. ¡A ver cómo explicas a una persona lo que estás haciendo! El momento fue de película, pues un día Mamen compró una revista donde se dedicaban dos páginas centrales al Lobo y se me ocurrió decirle que era yo y la risa fue tremenda porque no se lo creía.

Se han escrito varios libros sobre El Lobo, incluso hay una película, ¿por qué se ha decidido ahora a contar sus memorias?

Yo creía que me iba a morir sin escribir sobre mi realidad, pero ahora quería dejar constancia de ella y aunque Fernando estaba con su tercera novela, le dije que había llegado el momento de escribir mi historia real. Llevaba años dándole vueltas, y quería contarla. Fernando y yo nos conocemos de hace muchos años y sabía que no iba a manipular mi historia y podría explicar los hechos, pero también mis emociones.

Fernando Rueda: Este libro en realidad es el primer libro donde Mikel Lejarza cuenta lo que él ha vivido. Los anteriores libros eran de gente que se relacionaba con Mikel y hacían su investigación y explicaban su historia. Pero esta es su versión de los hechos y también de sus sentimientos y los de su familia.