Yoko Ono reivindica más protagonismo en la vida de Lennon

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En el libro "Imagine" que ella coordina se recogen las palabras de John Lennon: "Imagine  jamás se podría haber compuesto sin ella. No fui lo bastante hombre como para acreditárselo"

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

Fotos: LIBRO 'IMAGINE'  CEDIDAS POR EDITORIAL BLUME

 

Imagine es más que una canción, es un himno a la paz que se canta en todos los continentes, que se chapurrea en todas las lenguas, que se tararea en los ascensores que suben y en los que bajan, no importa si se entiende su letra en inglés, abducidos por esa dulzura melancólica y soñadora que transmite la voz de John Lennon.

Imagina que no hay países, 
No es difícil hacerlo, 
Nada por lo que matar o morir, 
Ni religiones tampoco, 
Imagina a toda la gente 
Viviendo la pida en paz 


Imagina que no hay posesiones, 
Me pregunto si puedes, 
Ninguna necesidad de codicia o hambre, 
Una hermandad del hombre, 
Imagina a toda la gente 
Compartiendo todo el mundo… 

Imagine además de la canción es ahora también un libro en gran formato dedicado a desmenuzar de manera minuciosa la génesis, la grabación y el momento en que Lennon dio a luz la canción que hizo darse cuenta a muchos que Lennon seguía siendo Lennon más allá de los Beatles. El volumen contiene un espectacular despliegue de fotografías –algunas inéditas-, cartas y notas manuscritas del propio Lennon, además de mucho textos que recogen los días de la grabación de Imagine, pero también miradas que confluyen en él y nos ayudan a iluminar la personalidad compleja, a veces inestable, de ese cantautor clave para la música pop del siglo XX que fue John Lennon.

Hablan desde Phil Spector o George Harrison, hasta los guitarristas de estudio, ayudantes, compiladores de material, baterías, mezcladores, asistentes o hasta Mike Pinder, que tocó en una grabación la pandereta. Todos ellos dejan un reguero de testimonios, casi siempre elogiosos, quizá en exceso. El único que habla mal de John Lennon es él mismo. Se recogen incluso palabras suyas que hoy día incendiarían Twitter: “Es algo que tiene que ver con mi infancia. Un hombre muy inseguro que quiere encerrar a su mujer en una cajita y sacarla sólo cuando te apetezca jugar con ella”. Afirma (y en el libro una de las frases de esta declaración está destacada a página entera, sin duda por indicación de la minuciosa redactora, impulsora y creadora de este libro): “Todo aquello de I used to be cruel to my woman, I beat her and kept her apart from the things that she loved” (solía ser cruel con mi mujer, le pegaba y la apartaba de las cosas que le encantaban) era yo. Solía ser cruel con mi mujer, y en un sentido físico. Con cualquier mujer. Tenía la mano muy larga. Como no podía expresarme, golpeaba. Peleaba con los hombres y pegaba a las mujeres. De ahí que siempre esté hablando de la paz, ¿verdad? Son las personas más violentas las que buscan el amor y la paz”. La compiladora, impulsora y controladora de este libro es, naturalmente, su segunda esposa, Yoko Ono. Y este libro es también una oportunidad perdida.

El día que recibí el ejemplar de este Imagine, tuvo la amabilidad de traérmelo hasta casa una compañera de la Asociación Colegial de escritores de Cataluña donde ahora tiene la revista Librújula su morada. Al decirle que ese bulto de peso que me traía era un libro sobre Imagine elaborado por Yoko Ono, me dijo con una sonrisa que ella estuvo en el concierto de The Beatles celebrado en Barcelona en la plaza de toros de la Monumental en 1965 y al preguntarle cómo fue, me dijo con los ojos brillantes que, aunque era más de los Rolling, el concierto fue “fabuloso”. Pero justo al momento se giró para añadir: “pero con Yoko Ono, no puedo”. Nadie puede con Yoko Ono. Si se hiciera un termómetros para medir la impopularidad ella lo haría explotar y el mercurio se expandiría en bolitas saltarinas que llegarían hasta los seis continentes, porque seguramente en las bases antárticas los operarios y científicos polares tampoco pueden con ella. Hay quien cree que fue la causante de la desintegración de los Beatles, que manejaba a John Lennon como un muñeco de trapo con gafas redondas, que es una persona controladora y tóxica… Puede ser una leyenda negra inmerecida o puede que no. Ahora tenía la oportunidad de darle con el libro en las narices a sus detractores al hacer un generoso homenaje a Imagine y a todo lo bueno que significa. Y lo hace en parte. Pero no puede evitar, debe ser superior a ella, hacerse en primer lugar un homenaje a sí misma.

 

El libro arranca con cinco imágenes de John Lennon con ella. Y para hablar de Imagine, por supuesto, lo primero que abre el volumen, lo crucial en la grabación del disco, es la historia de cómo se conocieron Lennon y ella en la galería Indica de Londres. Allí nos explica cómo él quedo maravillado, fascinado, entusiasmado por las obras de arte vanguardista de esa artista llamada Yoko Ono. Transcribe unas palabras de él sobre esa visita a la galería y el encuentro con esas obras tan maravillosas como esta “cerca de la puerta de entrada había una escalera que llevaba a una pintura colgada del techo: era un lienzo en blanco con una cadena de la que colgaba una lupa. Subí la escalera. Al mirar por la lupa se veía la palabra YES en letras diminutas. Así que era positivo. Me sentí aliviado. Es todo un alivio cuando subes por la escalera y, al mirar la lupa, no pone “no”, “que te jodan”, ni nada parecido. Ponía YES”. Poco después se informa exhaustivamente en el libro de cómo Imagine debe todo a Yoko Ono, con palabras del propio John Lennon pidiendo disculpas por no haberla incluido a ella en los créditos: “Imagine se inspiró en Grapefruit de Yoko. Hay muchos fragmentos en él donde dice “Imagina esto” “imagina aquello”. Basta echar un vistazo a Grapefruit para ver cómo me influyó. Imagine jamás se podría haber compuesto sin ella. Y aunque sé que me ayudó mucho con la letra, no fui lo bastante hombre como para acreditárselo. Así que esta canción en realidad la compusieron John y Yoko, aunque sigo siendo tan egoísta e inconsciente como para usar su contribución sin reconocerla” Y, en la página enfrentada a estas declaraciones, una foto a toda página de John Lennon y Yoko Ono, con él abrazándola por detrás y ella delante de todo. Ya sé, ya sé, será casualidad que ella esté delante. En algunas fotografías es verdad que no está delante, puede que en alguna incluso esté detrás; como aparece docenas de veces en el libro, sale en todas las posturas y situaciones.

Aunque este Imagine arranca con una bonita declaración de intenciones de Yoko Ono (y foto de ella a página entera) donde habla de “intentar aceptar a los demás” y despliega las consignas no muy originales pero sin duda hermosas de que “todos tenemos el poder de cambiar el mundo”, en este libro no consigue transmitir esa imagen de generosidad y fraternidad que merodean sus palabras. Queda claro que no es un libro exactamente sobre John Lennon o para la memoria de John Lennon, sino sobre la importancia de la propia Yoko Ono en la vida de Lennon e incluso en su más célebre creación. Los de las bases antárticas que no podían con ella se darán la razón unos a otros.

Una de las personas que trazan un retrato más vivido y verosímil de John Lennon en el libro es George Harrison, compañero suyo en los Beatles y que participó en la grabación de Imagine: “Nos criamos juntos. Tenía unos trece años cuando conocí a John. Era un tipo duro. Su madre le había enseñado algunos acordes. John tenía una guitarra barata con una boca pequeña. Solo tenía cuatro cuerdas, John ni siquiera sabía que las guitarras llevan seis. Lo que hacía era tocar acordes de banjo con los dedos muy extendidos: “pero qué estás haciendo” le pregunté. Se pensaba que era así como se tenía que tocar, Así que le enseñamos algunos acordes de verdad –Mi y La y todos esos- y le hicimos que encordara su guitarra con seis cuerdas. John, al igual que Paul y que yo quería hacer algo diferente. Y así es como nos fuimos fortaleciendo unos a otros. John era siempre el escandaloso, el descarado, el agresivo. Era el que tenía menos pelos en la lengua”. Y dice de Lennon algo que nos da una pista de porqué era alguien especial: “cuando John Lennon sentía algo con intensidad, se limitaba a hacerlo”.

Puede uno arrugar el gesto cuando se alardea en el libro con todo tipo de fotografías y planos de la inmensa propiedad Tittenhurst Park de 29 hectáreas en Inglaterra, con una suntuosa mansión de estilo georgiano que parece la Casa Blanca con jardines inmensos y lago propio. No parece el hogar de unos hippies que aparecen desnudos en un álbum para reivindicar la sencillez y el despojamiento de las cosas materiales. Su hijo Julian, que vivía con su madre, Cynthia Powell, la primera vez que fue a ese lugar enorme ilusionado por ver a su padre se quedó pasmado de las dimensiones, del paseo en barca (se lo ve en un bote con su padre a los remos y Yoko fumando), pero también recuerda que se sintió solo e incluso un tanto atemorizado al irse a dormir solo en aquel casón. El lugar es tan lujoso que tras pasar por las manos de Ringo Starr, acabaría comprándolo el presidente de los Emiratos Árabes. Hace poco se puso a la venta por 11,5 millones de dólares. Pero no puedes evitar empatizar con John Lennon y hasta comprender esos delirios de grandiosidad y seguridad que dan las propiedades físicas viniendo de una infancia muy difícil. Explica que su padre se fue a la guerra y no volvió, y su madre fue incapaz de criarlo, así que lo hizo la hermana mayor de su madre: “mi madre estaba viva, a quince minutos andando de mí durante toda mi vida, y la vi de forma esporádica siempre. La mató un policía borracho fuera de servicio. Aquello fue otro de mis grandes traumas. Fue una época muy dura para mí y aquello me agrió el carácter muchísimo. Así, el resentimiento que experimenté de joven fue enorme.”

A lo largo del libro, en conversaciones en las que siempre interviene Yoko Ono, podemos escuchar la voz de John Lennon. A veces dice cosas extravagantes o alucinadas (menciona en alguna ocasión que toma ácido con Yoko), pero otras se abre una fisura profunda que nos lleva directamente al poeta: “toda la música que he escrito guarda relación con lo que siento, no la hago para describir tal arbusto o tal situación que se dé por ahí sino para hablar sobre mí. Es lo que han hecho todos los poetas a lo largo de los siglos. Mis canciones siempre han sido como diarios personales”.

Lennon tuvo un trágico final demasiado prematuro, demasiado absurdo y estéril, cuando un desequilibrado lo esperó a la salida de los apartamentos Dakota de Nueva York donde vivía la pareja y le disparó el 8 de diciembre de 1980. Dice John Lennon en el libro: “no me arrepiento de nada, ni del sufrimiento ni de la felicidad”. Sus canciones nos siguen acompañando y su figura sigue brillando, aunque sea con Yoko Ono al lado o delante. Siempre nos quedará el consuelo de Imagine: “Tu puedes decir que soy un soñador / Pero no soy el único”.