Jorge Herralde, toda una vida editando

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El editor de Anagrama Jorge Herralde publica Un día en la vida de un editor, un volumen donde reúne artículos, entrevistas y discursos.  

 

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

Jorge Herralde, el hombre que, como dijo Inge Feltrinelli, decidió dedicarse a ese oficio de locos llamado edición, celebra los 50 años de Anagrama con Un día en la vida de un editor, un libro en el que Herralde reúne artículos, entrevistas y discursos de agradecimiento a los diversos premios recibidos a lo largo de los años. Un día en la vida de un editor no es libro de memorias, género del que Herralde no parece ser muy amigo. Responde irónicamente cuando se le pregunta si tiene previsto escribir unas memorias, pero no descarta la posibilidad de ampliar el volumen que ayer se presentaba para terminar de recorrer hasta la actualidad la vida de la editorial de Barcelona fundada en 1969. En efecto, Herralde lamenta el haber tenido que interrumpir el libro en los primeros años del 2000 y haber dejado fuera a autores como Marta Sanz, Luisgé Martín, Milena Busquets, Miguel Ángel Hernández, Sara Mesa o Javier Montes. ¿Son los herederos de aquel dream team formado por Chirbes, Pitol, Martín Gaite, Piglia y Bolaño? En gran medida, sí, pues son las últimas grandes apuestas de este editor que, tras cincuenta años de profesión, reconoce que el ser editor era el único trabajo que podía haber realizado. La edición es la gran pasión de Herralde, en comparación “el fútbol es una pasión muy pequeña”, confesó ayer durante una rueda de prensa llena de periodistas, a los que no solo agradeció su presencia, sino que definió como familia: “En realidad, a lo largo de todas estas décadas, os he visto más a vosotros que a mi propia familia”, reconoció.

Nunca se fio de quienes auguraban el fin del libro en papel y la victoria del e-book y tampoco se dejó llevar por el desánimo, tal y como dejaba patente hace apenas unos meses en la Pompeu Fabra: “Atravesamos unos tiempos en los que todo conspira contra la lectura, contra la edición, contra las librerías (esos oasis ciudadanos). Unos tiempos de enormes complejidades e incertidumbres en tantos ámbitos, sociales, políticos, culturales. Concentración editorial cada vez más concentrada drásticos cambios tecnológicos, etc., etc.,. En esta inesperada sociedad del algoritmo. (…) Sin embargo, hay más vocaciones editoriales que nunca, y esto también es un fenómeno global, mientras que los editores independientes veteranos siguen al pie del cañón”. Herralde destacaba entonces la labor de editoriales como Minúscula, Libros del asteroide, Acantilado o Blackie Books, todas ellas independientes, todas ellas lideradas por editores que, como hizo el propio Herralde en Anagrama, arman un catálogo. “Los grandes grupos compran catálogos, las editoriales independientes lo arman”, comentó ayer el editor, que no quiso hacer demasiado hincapié en aquellos autores que dejaron Anagrama, su primera casa y donde se formaron y consolidaron, para irse a otros sellos. “Es curioso que, en los listados de mejores del año, se destacaran libro de una editorial cuyos autores provenían todos de Anagrama: Pisón, Auster y Vila-Matas”, apuntó con ironía, sin querer ir más allá y es que, como confesó el propio Herralde, no se trata de “hacer ningún ajuste de cuenta”.

El Herralde es un editor vocacional: “Existe esa leyenda de que el editor es un escritor frustrado”, le comentaba en 2013 a Ramón Lobo en una entrevista incluida en el libro. “De adolescente perpetré algunos cuentos y poemas, pero mi auténtica vocación fue la editorial. He escrito muchos textos recopilados en varios libros. Eran textos de los últimos quince o veinte años que me han requerido para revistas, periódicos, coloquios y presentaciones y que me divirtió escribir”, proseguía en aquella entrevista, donde definía todos aquellos textos como la cara B del catálogo de Anagrama. De esta misma manera “como la cara B de la editorial” ha definido Silvia Sesé, actual editora de Anagrama, el libro de Herralde, un libro en el que los futuros aspirantes editores encontrarán las claves de cómo construir un catálogo honesto, riguroso y, sobre todo, un catálogo que consigue la confianza de sus lectores. A diferencia de los grandes grupos, “que se rigen por las modas”, la editorial independiente, subrayó con énfasis Herralde, “debe regirse por la calidad” y por “una política de autor”, uno de los emblemas de Anagrama. Desde el primer momento, Herralde confió en algunos autores, cuyas trayectorias literarias y vitales ha seguido a lo largo de todos estos años, trayectorias marcadas por momentos bajos y altos, donde la confianza en la obra primaba por encima de las ventas y los números. No siempre fue fácil; los primeros años, Anagrama estuvo en el punto de mira de la censura, pero, cuan kamikaze, como él mismo se define, Herralde nunca dejó, con un compromiso que trascendía lo literario, en apostar por aquellos textos -ensayos, crónicas, novelas- en los que creía. "Despertar y compartir entusiasmos es una de las tareas del editor", comentó durante la rueda de prensa, subrayando la dificultad que supone mantener un catálogo cohesionado y siempre a la altura de las expectativas de los lectores. Un catálogo, subrayó, “cuesta muchos años de hacer, pero es muy fácil de destruir".

A la pregunta de qué le diría a los jóvenes que aspiran a convertirse en editores, no vaciló: “Si se sienten editores de verdad, les pediría que se lanzaran, que desoyeran todas las voces contrarias y se prepararan para la maratón”.