“Dar valor al verso, no al espectáculo”

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Enrique Villagrasa habla sobre su nuevo poemario, “Queda tu sombra”

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Texto: Antonio Iturbe

 

Enrique Villagrasa, colaborador en los asuntos poéticos de Librújula, es también poeta. O, mejor dicho, por delante de todo, es poeta. Acaba de publicar en la editorial Huerga y Fierro “Queda tu sombra”, que se mueve entre el río de interior de Burbáguena, en el corazón de Teruel donde está su origen y tal vez su final, y el mar Mediterráneo en el que se moja los pies desde su mirador en el puerto de Tarragona desde hace muchos años.

 
Tus versos tiene hechura clásica, muchos de soneto, pero se aparece Twiter, whats’app, Facebook… ¿es compatible la belleza clásica de la poesía con la agitación de la novedad tecnológica?
Todo es compatible y todo se puede imbricar, cual teja. Belleza clásica y belleza moderna. Homero y Rubén Darío, Góngora y Juan Ramón Jiménez, García Lorca y Antonio Gamoneda. Ya lo decía Rilke: habla de lo que conoces y te es más cercano, de lo que experimentas, amas y pierdes, sin ir más lejos.


Hablas de la hierba en la tumba del cementerio de Burbáguena… ¿ya has empezado a pensar en la muerte?
Hace años que pienso en la muerte, de hecho tengo un poema titulado Amiga muerte, muy franciscano él, pertenece a Olas a la deriva (1988). Pensar en la muerte es un acto de madurez, como leer poesía. Y pensar en ella como leer poesía nos puede ayudar a gestionar mejor nuestra inteligencia emocional.

 

“Se puede buscar un poema extraño donde toda perfección  quede expresada”… ¿pero se puede encontrar o siquiera vislumbrar ese poema perfecto?

¡Ah, la perfección como la belleza, qué esquivas! Pero sí hay un soneto de Quevedo que se le aproxima, Amor constante, más allá de la muerte. Creo que es el poema que más cerca está de la perfecta perfección, la alegría, el amor, la caridad. Es esta la única virtud teologal del cristianismo que tendrá vigencia ante Dios.


Pides escuchar al río Jiloca. ¿Qué te dice?
El agua es vida y en este caso, además, el Jiloca es el río testigo de mi infancia y de mi juventud en Burbáguena. Me lo dice todo cuando paseo por su ribera y escucho su rumor. Creo que el Jiloca desemboca en Tarragona. Es la ventaja de haber nacido y vivido en un pueblo, al que pienso regresar.

 

Hay un poema, casi una salmodia, sobre la voladura controlada. ¿Pero una voladura puede ser controlada? ¿Si hacemos explotar algo no se nos puede ir de las manos?
Me pregunto eso mismo en el poema, creo que es necesario no controlar y dejar que las aguas vuelvan a sus cauces naturales. ¡Qué bonito sería un tsunami global y empezar de nuevo! Pero seamos realistas y no pidamos imposibles, o sí. Seamos irónicos brillantes y gocemos de la explosión verbal del lenguaje.

 

portada villag editCasi concluyes diciendo “gocemos, pues, de lo que se halla en silencio”. ¿La verdad no está en la información constante que nos rodea y en la bulla de las redes sociales? ¿Dónde está?
La verdad está en el silencio, ¿quién la hallará? Enfrentarse al propio silencio mirándose uno al espejo es de valientes. Lo que sí sé es que tenemos tanta información (tantas presuntas verdades) que no podemos gestionarlas ni mucho menos asimilarlas. También es cierto que cuando eres joven prefieres bar y bulla.

 

Se canta y hasta se grita a la necesidad de la poesía hoy más que nunca. ¿Pero es una bella proclama o nos lo podemos creer?  
La poesía es necesaria y justa. A la poesía sí la podemos creer. Está anda siempre a la búsqueda de algo nuevo, de esa belleza que todo lo ilumina. Es importante recuperar la esencia de la poesía, dar valor al verso no al espectáculo. Escribir un poema es, debe ser, una declaración ética y estética.