Paul B. Preciado: despatriarcalizar el discurso

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El filósofo Paul B. Preciado publica, con prólogo de Virginie Despentes, Un apartamento en Urano (Anagrama)

 

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 

“Permítanme decirles”, escribe Paul B. Preciado sin recurrir a la intricada y muchas veces vacía gramática de determinados teóricos que creen que la complejidad de pensamiento reside en la incomprensibilidad, “que la homosexualidad y la heterosexualidad no existen fuera de una taxonomía binaria y jerárquica que busca preservar el dominio del pater familias sobre la reproducción de la vida. La homosexualidad y la heterosexualidad, la intersexualidad y la transexualidad no existen fuera de una epistemología colonial y capitalista que privilegia las prácticas sexuales reproductivas en beneficio de una estrategia de gestión de la población, de la reproducción de la fuerza de trabajo, pero también de la reproducción de la población que consume”. En estas pocas líneas, hallamos las líneas maestras del pensamiento del filósofo Paul B. Preciado, que llega a Barcelona desde París para presentar Un apartamento en Urano, libro de difícil definición y, sobre todo, de difícil inscripción dentro de un género, aunque, ¿para qué inscribirlo en un género? ¿Acaso la huida de todo marco genérico no es sino la expresión del rechazo teórico del propio Preciado hacia todo pensamiento binario, hacia toda taxonomía, es decir, hacia toda etiqueta?

Afirmar que en literatura, como en cualquier expresión artística, la forma es contenido es una obviedad cuya repetición es a priori innecesaria; sin embargo, no está de más, señalarlo en el caso de Un apartamento en Urano, puesto que se podría tener la tentación de definir de manera reductiva dicho libro como una compilación de los artículos que Preciado ha publicado en Libération. En gran medida lo es, pero no solo, puesto que lo interesante de este libro no es tanto de dónde proceden los textos, sino el relato que construyen y decimos “relato” porque, a pesar del indudable contenido filosófico/ensayístico de los textos, Un apartamento en Urano construye el relato de una “transición”, tal y como afirma el propio Preciado. Es precisamente por ello que la editora Silvia Sesé ha decidido incluir el libro dentro de la colección de Narrativas hispánicas. “No se puede hablar de autoficción”, comenta Sesé, si bien Un apartamento en Urano se construye en torno a un yo que se va construyendo, un yo en transición. “El planeta estaba en transición, yo estaba en transición y me mudé a la capital de la transición, Atenas”, afirma Preciado, subrayando que la transición personal -los primeros textos del libro fueron escritos cuando Preciado aumentó la dosis de testosterona y comenzó su proceso de cambio de sexo- no puede no leerse sino en diálogo a la transición social, pero sobre todo, epistemológica que está realizando el mundo. Este diálogo es esencial pues está a la base del pensamiento de Preciado, para quien, en consonancia con las teorías biopolíticas de Foucault, el cuerpo individual no solo es un cuerpo social y político, sino que en el cuerpo se inscribe y se lee el relato político o, dicho en términos marxistas, el relato hegemónico. Asimismo, el cuerpo puede convertirse también en un relato contra-hegemónico, en un relato que desmiente y contradice las taxonomías sobre las que se sustenta el discurso hegemónico.

Dicho así podría parecer que volvemos a caer en la taxonomía binaria a la que se opone Preciado, pero la intención no es la de contraponer lo hegemónico y lo contra-hegemónico, sino de contraponer al discurso público, positivista, “racional” y esencialista una nueva epistemología basada en la desidentificación y, por tanto, en la borradura de las etiquetas. “Hay que abrir el campo de la representación”, sostiene Preciado, que estudió con Derrida. El llamado “padre de la deconstrucción” contestó la tradición logocéntrica y metafísica, proponiendo precisamente una deconstrucción del pensamiento binario y dialéctico. Preciado va un paso más allá, no se queda en la idea del “suplemento” derridiano y trata de huir de las aporías que más de un crítico ha observado dentro del pensamiento deconstructivo a través del concepto de transición, entendida esta no solo como forma de cambio, sino como expresión de desidentificación, como expresión de descodificación constante. “Los cambios de sexo y la migración son las dos prácticas de cruce que, al poner en cuestión la arquitectura política y legal del colonialismo patriarcal, de la diferencia sexual y del Estado-nación, sitúan a un cuerpo humano vivo en los límites de la ciudadanía e incluso de lo que entendemos por humanidad”, sostiene Preciado en la introducción de su libro, “lo que caracteriza a ambos viajes, más allá del desplazamiento geográfico, lingüístico o corporal, es la transformación radical no solo del viajero, sino también de la comunidad humana que lo acoge y lo rechaza”.

Podría decirse que Un apartamento en Urano se construye como un viaje que no busca el sentido en una meta que lo defina o defina su propósito, sino que encuentra el sentido en el viaje en sí, entendido como un estado permanente en continua transición y, por tanto, como un viaje que desmiente lingüística, política y geográficamente los conceptos de “identidad nacional”, “pertenencia”, “origen” o “raza”. “La raza no existe”, afirma Preciado, “solo existe el color de la piel”. De esta misma manera, no solo existe lo masculino ni lo femenino, sino que el concepto de “homosexual” debe también ser revisado: “¿qué significa ser homosexual”?, se pregunta Preciado. ¿Acaso la etiqueta “homosexual” no responde también a las taxonomías binarias a partir de las cuales el discurso público esquematiza y clasifica las personas? “Hay multiplicidad de sexos”, sostiene Preciado, una multiplicidad que debería hacer imposible su clasificación. Es precisamente a través de la clasificación que el “sistema patriarcal” -el régimen epistemológico y político binario- sistematiza e impone un rol a cada individuo dentro de su propia lógica. De ahí que Preciado sostenga que la clave no está en buscar nuevas etiquetas, sino en despatriarcalizar la epistemología racionalista cuya lógica nominativa y clasificatoria es la que ha marcado el pensamiento del siglo XX y de la que no han escapado los estudios queer ni tampoco el feminismo.

Por todo ello, Preciado, para quien el filósofo de hoy en día “es el explorador de su propia subjetividad”, propone la idea de la trans-identidad (política, sexual, racial…), desde la cual hacer política hoy, cuestionando conceptos como el de nación, identidad o género. “¿Qué importa quiénes somos?”, se pregunta el filósofo, afirmando con contundencia: “Estoy contra las políticas de identidad porque son una invención del patriarcado. Deberíamos aspirar a una desidentificación crítica frente a todos los patriarcados que existen: el hetero, el español, el catalán, todos”. Para deconstruir las políticas de identidad, ante todo, hay que realizar nuevas preguntas; ya no sirve preguntarse quién soy, ya no tiene sentido interrogarse sobre la propia identidad y buscar una etiqueta que la exprese. “Ya no estamos en los años ‘80”, ahora es necesario “consolidar una cultura de la resistencia basada en alianzas no identitarias y en la despatriarcalización del modo de gobierno”. No sirve, sostiene Preciado, imponer cuotas de mujeres, si no se despatriarcaliza el modo de gobierno, si no se despatriarcaliza el poder, el discurso público. No hay que poner parches, sino buscar un nuevo lenguaje y, consecuentemente, construir un nuevo y crítico discurso público.

A la pregunta sobre la factibilidad práctica de dichas teorías, sobre su aplicación práctica más allá de su formulación teórica, Preciado hace énfasis en la necesidad de volver a creer en las utopías, pues solamente creyendo en las utopías es posible creer en una verdadera transformación, pues es el pensamiento pragmático el que nos ha convertido en meros productos cuyas etiquetas nos han sido asignadas a priori. “La masculinidad es a la sociedad lo que el Estado es a la nación: el detentor y usuario legítimo de la violencia. Esa violencia puede expresarse socialmente como dominio, económicamente como privilegio, sexualmente como agresión y violación”, escribe Preciado en el último de los textos de Una habitación en Urano, resumiendo así la radicalidad de su pensamiento: la despatriacalización del poder implica tanto la cuestión de género como la cuestión política-económica. Despatriarcalizar es borrar identidades y borrar identidades es borrar conceptos político-económicos como el de Estado, es decir, es borrar los conceptos sobre los que se asienta el sistema geopolítico actual. ¿Por dónde empezar? “Empecemos, entre otras cosas, por eliminar la asignación de sexo en los DNI”, comenta Preciado, que, una vez más, regresa al cuerpo, el lugar del discurso, el lugar desde dónde hacer política, desde dónde comenzar la transformación. ¿No es algo, ahora mismo, utópico? “Hay que creer en las utopías”, se reafirma Preciado, “la batalla va a ser larga”, matiza, pero hay que combatirla.