Reivindicando al Lorca prosista

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Jesús Ortega y Víctor Fernández publican una nueva edición de Impresiones y paisajes, el primer libro de Federico García Lorca. Un libro de viajes por Castilla, Galicia y Andalucía que, en esta nueva edición, es ilustrado por Alfonso Zapico y es acompañado por material inédito. 

 

 

Texto: REDACCIÓN

Ilustraciones: ALFONSO ZAPICO

 

¿Qué papel juega Impresiones y paisajes en tanto que primer libro en la obra de Lorca? Dicho de otra manera, ¿podemos definir Impresiones y paisajes como un libro de juventud, de alguien que se está formando?

Víctor Fernández- Es un libro de juventud de un autor que está buscando su voz. Tiene un papel muy importante en el joven Lorca. En primer lugar es su presentación oficial como escritor en sociedad. Hasta ese momento sus tanteos en el mundo de las letras habían quedado en una cosa privada, en lecturas entre amigos y poco más. En segundo lugar, Lorca ha encontrado su camino tras dudar entre dedicarse a la música como pianista profesional y compositor. No se puede olvidar que el libro nace de una serie de viajes por España en compañía de su maestro Martín Domínguez Berrueta. En esas excursiones conoce a Antonio Machado que será decisivo en su salto al mundo de las letras.

Jesús Ortega- Por supuesto que Impresiones y paisajes es un libro de alguien que empieza, de alguien que ni mucho menos ha definido el recorrido de su aprendizaje como artista, no solamente porque sus textos están escritos a una edad tan temprana como los dieciocho o diecinueve años; pensemos que Lorca todavía no ha viajado a Madrid ni ha conocido la Residencia de Estudiantes, ni las vanguardias artísticas, ni a Dalí y Buñuel, ni se ha adentrado en el mundo del teatro, por tanto es un artista que acaba de comenzar, que no ha recibido las influencias más poderosas en su trayectoria y que tiene mucho que aprender. Siendo esto así, Impresiones y paisajes sirvió para algo fundamental: exponer públicamente la decisión de Federico García Lorca de querer ser escritor.

En este primer libro, ¿encontramos ya algunos de los temas que serán claves de la obra poética y teatral sucesiva de Lorca?

V. F.- Hay algo del Lorca futuro en esas prosas. Por ejemplo, su identificación con los débiles, con aquellos que se salen de lo que muchos marcan como una norma. También tenemos a un poeta, porque son prosas de poeta las de este libro, que se mueve entre la tradición y la modernidad. Esto lo podemos ver en su aproximación a la cultura más clásica española, algo que no le impide citar en Impresiones y paisajes al conde de Lautrémont.

J. O. - No sé si los temas clave, pero algunos temas profundos que atraviesan por dentro sus poéticas posteriores sí los percibo en este primer libro, por ejemplo una visión franciscana de la ternura por todas las criaturas, una contraposición entre la verdad de lo humilde y la mentira de lo institucional, una predisposición estética a lo pequeño frente a lo monumental, la idea de que el arte es una forma especial de mirar que busca lo profundo entre las apariencias, y la idea de que cualquier objeto de la naturaleza es susceptible, por humilde que sea, de ser iluminado por la mirada artística.

Impresiones y paisajes es el único libro de prosas de Lorca. Uno tendería a preguntarte, ¿por qué nunca más volvió a la prosa? Y, sobre todo, ¿qué relación tenía Lorca con este primer libro?

V. F. - Es que a Lorca parece que solamente lo conocemos como autor de versos, pero nunca dejó la prosa. Ahí están sus conferencias o sus cuentos, además de sus numerosas alocuciones. Lo que sucede es que la palabra poética, el verso, lo emplea tanto en su poesía como en su teatro, pese a que su obra más citada, La casa de Bernarda Alba, trate de ser una pieza realista, un “drama fotográfico”, como él mismo dice. No parece que tuviera muy buena relación con el libro porque apenas existen declaraciones suyas sobre Impresiones y paisajes tras la primera edición. Los ejemplares, generosamente sufragados por el padre del poeta, quedaron en casa sin apenas distribución.

J. O. - Sí volvió a la prosa. Además de sus obras de teatro, Lorca escribió un número considerable de textos extraordinarios en prosa, sus conferencias sobre el duende, sobre la pintura de vanguardia o sobre la estética granadina, por ejemplo. Lo que ocurre, quizá, es que encontró en la poesía el cauce lingüístico expresivo idóneo para el desarrollo de las potencialidades de su mirada. La poesía como arte verbal más cercano a la música. La prosa la prefería para la reflexión. Y también es cierto que nunca habló en público de este primer libro, que él consideraba muy incipiente y previo a la sacudida estética que supuso para él el descubrimiento de las vanguardias. Esta asociación de la prosa con su primer libro quizá ayudó a que no intentase publicar más libros en prosa. Pero Lorca era muy joven todavía; estoy convencido de que, de no haber sido asesinado, habría vuelto gloriosamente a la prosa.

En Impresiones y paisajes Granada está muy presente. ¿Se reconocen los paisajes descritos? ¿Encontramos ahí los ecos de una Granada y de una Andalucía que fue y no sé si sigue siendo?

V. F. - Granada tiene una presencia importante en el libro, aunque no es uno de los principales destinos de un trabajo que se mueve más por Castilla y Galicia. Lorca le dedica un apartado del libro, pero hablando de la Granada íntima, la que él conoce de primera mano y como nadie, alejada de los tópicos. Y es la línea que encontraremos siempre en el poeta cuando se refiera a su ciudad, una ciudad que en ocasiones llora su pasado y que no tiene nada que ver con la imagen más reiterada de las postales.

J. O. -La estética paisajística del Lorca juvenil está impregnada, por un lado, de la mirada noventaiochista, machadiana, azoriniana, y por otro de la mirada modernista. En cuanto a la visión de Andalucía, en ese momento Lorca todavía es deudor de una mirada regionalista, de raigambre romántica, que impregnaba las producciones artísticas del momento. Poco después, y sin perder esta raigambre, la Andalucía de Lorca se refinará de una manera extraordinariamente sofisticada, en el Poema del cante jondo y el Romancero gitano, entre muchas otras obras, hasta adquirir una inolvidable hondura.

¿Cómo empezó a escribir Lorca? ¿Cómo fueron sus inicios?

V. F. - Sus inicios son los de un escritor que busca su voz. Para eso escribe sin parar, tanto prosa como poesía o teatro. Sabemos, especialmente por el testimonio de su hermano Francisco, que en los cajones de su escritorio iba amontonando numerosos manuscritos, algunos inéditos hasta hace relativamente poco tiempo. No se puede olvidar que en sus inicios tiene un grupo de amigos que lo influyen artísticamente. Son jóvenes creadores que en muchos casos se encuentran en una situación parecida a la suya. Me refiero a la tertulia que había en el Café Alameda de Granada, llamada “El Rinconcillo”. La aparición del libro fue una sorpresa para muchos de sus amigos

J. O. - Lorca rompió a escribir en la primavera de 1916, por influencia de ese inopinado taller literario que resultaron ser los viajes de estudios universitarios con el profesor Berrueta. A principios de 1917 se puso a rellenar cuartillas furiosamente. Experimentaba una profunda crisis sexual, existencial, religiosa, identitaria. La escritura le servía como cauce de expresión y de conocimiento. No enseñaba lo que escribía a nadie excepto a su hermano Francisco. Eran prosas místicas, pero también disquisiciones fantástico-poéticas. En el verano de 1917, en Burgos, en medio de su tercer viaje con Berrueta, el joven Federico debió de tomar la decisión irrevocable de ser escritor. En Impresiones y paisajes solamente volcó una parte pequeña de lo que escribió entre los dieciocho y los diecinueve años, la parte más descriptiva, la más centrada en la mirada hacia lo exterior o, como dice Andrés Soria Olmedo, los textos más iconoclastas y sensuales, guardándose para sí los místicos.

"Machado te pondera. Me dice que te ha escrito, reconoce en ti al músico y al literato, pues que en el fondo es arte mismo. Tu prosa es musical” Le escribe Fuset a Lorca. ¿Qué influencia tiene la música en la obra del poeta y dramaturgo de Granada?

V. F. - Tiene una gran importancia. No olvidemos que el libro está dedicado a su maestro de piano. En el caso de Machado, por ejemplo, él ha conocido al joven Lorca en Baeza primero como pianista. Lo mismo pasa con Lorenzo Martínez Fuset, amigo de juventud en ese tiempo, que en el epistolario con Lorca le pregunta por su música y luego se sorprende al descubrir también a un escritor. La poesía de Lorca tiene una musicalidad que no aparece en otros poetas de su generación. Incorpora la canción, el romance o, incluso, el vals en sus versos. También escribe las canciones que acompañan algunas de sus obras de teatro. No abandonara nunca del todo la música, hasta el punto de escribir un par de conferencias en las que analiza las nanas y las canciones populares.

J. O. - Que Lorca fuera músico de formación y que no se olvidara jamás de la música fue una de las características más sólidas de su visión literaria. En Impresiones y paisajes abundan las imágenes musicales. Hasta ese momento él creía que vehicularía a través de la música sus ansias de expresión artística. El hecho de que se decantara por la literatura no hizo olvidar jamás que la música fue su primer amor.

Recuperáis este primer libro en ocasión de su aniversario. ¿Cuál ha sido la historia editorial de Impresiones y paisajes? ¿Es su libro menos conocido?

V. F. - Tuvo un recorrido muy breve porque apenas tuvo distribución fuera de Granada. Lorca envió algún ejemplar a alguno de sus amigos, pero el libro no conoció mucho eco en la prensa del momento. En vida del poeta no se llegó a reeditar y los muchos ejemplares que quedaron sin vender fueron guardados por la familia. Fue un fracaso comercial, pero eso no quiere decir que sea menos importante en el conjunto de la obra lorquiana.

J. O. - La historia editorial de Impresiones y paisajes se terminó a los pocos meses de comenzar. Nunca se agotó la primera edición, y una estantería con ejemplares para regalar podía verse todavía en los años ochenta en la Huerta de San Vicente. Hay que decir que el primer libro de Lorca fue autoeditado, igual que sucedió con el primer libro de otro gran escritor con el que tiene paralelismos, el poeta ruso Ósip Mandelstam. Y costeado por su padre, por cierto, quien no lo tenía claro y recurrió a consejos de amigos para decantarse. El libro permaneció unas semanas en unos cuantos escaparates de Granada y luego desapareció. Pero cumplió su función primordial de lanzar a Lorca hacia el mundo de la literatura.

Incorporáis materiales hasta ahora inéditos. Habladnos de ellos.

V. F. - Hemos intentado que el libro tuviera algunos documentos inéditos o poco conocidos que sirvieran para conocer su tiempo de redacción y publicación. En este sentido, el Monasterio de Silos ha tenido la generosidad de proporcionarnos copia del libro de registros en el que se indica el paso de Lorca y sus compañeros de la Universidad de Granada. Hay abundante documentación gráfica procedente de la Fundación Federico García Lorca y del Patronato García Lorca de la Diputación de Granada. Destacaría también la selección de dedicatoria que el poeta hace para sus amigos, algunas de ellas casi retratos y que, en muchos casos, son largos textos inéditos

J. O. - Víctor Fernández es, creo, el más indicado para responder a esta pregunta.

Por primera vez, se ilustra Impresiones y paisajes. ¿Qué aportan y, sobre todo, como dialogan con el texto las ilustraciones llevadas a cabo por Lorca?

V. F. - Creo que Lorca estaría encantado con el trabajo que ha hecho Alfonso Zapico. Cuando empezamos a hablar del proyecto, Jesús y yo pensamos en la necesidad de llevar el texto de Lorca a la actualidad y Zapico era la persona adecuada para modernizar la edición porque sabe trabajar muy bien la relación del escritor con el paisaje. No hay más que ver sus dos libros alrededor de James Joyce. Ha sabido leer estupendamente al Lorca viajero y llevarlo hasta los escenarios del libro.

J. O. - Los dibujos de Alfonso Zapico son estupendos. Fácilmente comprensibles, amables, con buena sombra, ayudan decisivamente a algo que Víctor Fernández y yo teníamos muy claro cuando abordamos la edición de este texto: hacerlo accesible, conseguir acercarlo a toda clase de lectores, mucho más allá de las habituales ediciones académicas donde estaba confinado.

Desgraciadamente Lorca se está convirtiendo en objeto de debate político: mientras el PSOE lo utiliza para reivindicarse como el partido que ha promovido la memoria histórica, desde algunas filas del PP han cuestionado que su asesinato fuera un asesinato político y/o homófobo. Algunos, incluso, han tildado su asesinado de “error”.

V. F. -Lorca siempre ha sido usado políticamente. Incluso en vida del poeta hubo quien quiso convencerlo para que se afiliara a un partido. Pese a todo, el peso literario de Lorca nunca se rebajará porque es su obra la que hoy nos habla, una obra que ha superado el paso del tiempo. Eso es lo que importa. Lo demás son debates mezquinos e insignificantes.

J. O. - Siempre, desde los tiempos de la Transición, ha existido la tentación de la utilización política de la figura de Lorca por parte de partidos políticos de diferente posición en el espectro ideológico. Es lo que sucede con los mitos, con los grandes personajes de la cultura. Lo que está claro es que, no solo en España sino en todo el mundo, Lorca simboliza la cultura frente a la barbarie, la inocencia y la paz frente a la violencia y la guerra, la libertad del deseo frente a las imposiciones, la igualdad entrañable de todas las criaturas frente a toda clase de discriminaciones. Lo asombroso es que va pasando el tiempo y la persistencia de la fortaleza simbólica de la figura y la obra lorquianas perduran.