Rosa Montero & Bruna Husky: ni pena ni miedo

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Un retrato de Rosa Montero, la escritora detrás de Bruna Husky

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

Bruna Husky vive en el Madrid del siglo XXII, en una democracia en el alambre que ha unificado el planeta, o más o menos. En una ciudad donde hay barrios de ricos con aire limpio y barrios pobres donde la gente vive medio asfixiada. La sanidad privada y los que no tienen seguro propio han de depender de Samaritanos, un deficiente servicio público de caridad sanitaria. Hay otros planetas que acechan la frágil democracia de la Tierra, como los comunistas medioambientalistas de Cosmos o los tradicionalistas religiosos de Labari. La gente de color ya no está discriminada, pero el racismo es otro: hay emigrantes extraterrestres llegados de confines remotos que malviven en la marginalidad y están los otros, los replicantes, que parecen humanos, actúan como humanos pero no siempre son aceptados como humanos. Bruna Husky no una de esos tecno-humanos. Una androide surgida de un laboratorio altamente tecnificado con un cuerpo biológico humano, un cerebro como el de un humano y una memoria insertada en su cabeza diseñada por memoristas profesionales, una forma de ganarse la vida de los escritores del año 1110, trabajadores precarios en todas las épocas de la humanidad. Se “fabrican” tres tipos de tecnohumanos: administrativos, exploradores y de combate. Al principio también se creó un cuarto tipo: tecnohumanos de placer, pero se armó tal lío ético y emocional que dejaron de hacerse.

Bruna Husky es una replicante, una “rep”, del tipo “de combate”. Después de haber cumplido con su servicio militar obligatorio en lejanas colonias en las fronteras del universo colonizado donde ha visto cosas que no podríamos imaginar, ha sido licenciada y autorizada a ganarse la vida como mejor pueda y Bruna lo hace en el Madrid de 2110 como detective, pero no por mucho tiempo. Los tecno-humanos tienen un problema que no ha sido posible resolver: su vida caduca a los diez años. Bruna Husky se levanta cada mañana repitiendo de manera obsesiva un mantra: los años, meses y días que le quedan en esa cuenta atrás inexorable. Una guillotina que va cayendo milímetro a milímetro sobre su cuello esbelto. Husky tiene unas hechuras físicas imponentes por su altura, constitución atlética y fiereza en el combate cuerpo a cuerpo; el pelo rubio rapado casi al cero y una línea vertical tatuada que le parte la cara en dos y la hacen parecer aún más inquietante. Su armadura biológica es dura, pero por dentro se agita una fragilidad extrema. Ya en la primera entrega de la serie, Rosa Montero nos cuenta el porqué de esa mirada especial de Bruna Husky, que no es humana pero es mucho más humana que cualquiera de nosotros. No lleva en su cabeza una memoria estándar cualquiera sino que su memorista, un personaje turbio y escritor brillante llamado Nopal, le insertó sus propios recuerdos. Unos recuerdos dolorosos de una infancia infeliz pero que hacen de Husky alguien con una sensibilidad especial, que sabe entender el valor de la tristeza. También en ese primer episodio de la serie, Lágrimas en la lluvia, conocerá al inspector de policía Paul Lizard, un tipo aún más grandullón que ella, reservado y del que al principio no se fía. Pero Lizard se convertirá en un apoyo en medio de un mundo híper-controlado tecnológicamente pero también muy desigual y lleno de zonas oscuras. En esta tercera entrega de la serie, que no va a ser la última, Lizard desaparece sin dejar rastro y ella es consciente de cuánto lo necesita. Descubrirá que su vida corre peligro y cuando Lizard tiene ocasión demandar un mensaje como el de un náufrago en una botella, a quien se lo dirige es a esa detective replicante con altibajos emocionales: confía en ella mucho más que en cualquier humano.

Rosa Montero no sólo es la memorista de Bruna Husky, sino que es Bruna Husky. Claro que le llegaría a Husky por el ombligo, que no es rubia, ni sería capaz de torcerle el cuello a un tipo que la amenazara con la facilidad con que se abre una botella de gaseosa… pero es una mujer que ha convertido el sufrimiento en fuerza de vida. Que ha hecho de la risa su arma de plasma predilecta. Que lleva también un tatuaje, grabado en la nuca, que dice “ni pena ni miedo”. Una mujer sensible, pero de combate, en un mundo lleno de zanjas.

La primera frase del nuevo libro recoge una idea que palpita en toda la serie, e incluso en toda la literatura de Rosa Montero, que ha cumplido 40 años de oficio y pasión: “sin amor no mereced la pena vivir”. La autora reconoce que “Es cierto que el amor nos hace vulnerables, nos pone en riesgo. Pero sin amor, estás muerto en vida. ¡Sin amor, no merece la pena vivir!”. Esta serie literaria nos pone en contacto con un mundo que está a la vuelta de la esquina: con el cambio climático que nuestro egoísmo va a agravar, un poder del dinero que todo lo aplasta y una democracia puesta en entredicho por extremistas e iluminados de distinto signo, pero nos recuerda que vale la pena seguir luchando, como hace Bruna Husky, por hacer que cada día sea extraordinario.