Diego Pita: "Los pequeños editores son los responsables del descubrimiento de las nuevas voces literarias"

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La editorial Tres Hermanas publica Ola de frío, la segunda novela del escritor Diego Pita

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 

Ola de frío (Ed. Tres Hermanas) es la tercera novela de Diego Pita, que en esta ocasión nos narra, a través de su personaje Javier LaCalle, una historia sobre el fracaso y la desesperación, una historia de un joven que, como dice el propio autor, no encuentra su sitio. De fondo, la Madrid de la crisis económica, un personaje más dentro de esta novela que no niega la esperanza, sino que esta se vislumbra como una meta que alcanzar.

A momentos pienso que Ola de frío puede definirse como una novela sobre el descenso a los abismos de un joven, pero también creo que es una novela sobre la supervivencia, sobre cómo ascender desde los abismos.

Tiene algo de novela de supervivencia, es cierto. Como el diario de un naúfrago en una isla desierta, de un Robinson Crusoé en el Madrid de principios del siglo XXI. De ahí la elección de la primera persona. Me interesaba la idea de escribir sobre un personaje que sale del abismo, el relato de un superviviente.

En este sentido, ¿crees que podríamos definir Ola de frío como una novela sobre la redención?

No estoy seguro. La redención es algo pasajero en la vida y en la literatura. No es algo que se pueda atrapar o retener, nunca se deja de aspirar a la redención. Es más bien un anhelo, una forma de vida. En ese sentido, se podría decir que la novela y su protagonista toman la senda de la redención.

En una entrevista, afirmabas que Ola de frío era una novela sobre la crisis personal de un individuo, no un relato generacional. ¿Se utiliza en exceso la etiqueta “generacional”?

La etiqueta generacional sirve para el marketing, para vender un producto. Toda novela habla de, al menos, una generación, es inevitable. Ola de frío también lo hace. Pero no es tema principal, es el decorado. El fondo visual y musical si es generacional. Es el Madrid de finales de los 80 y principios de los 90. El narrador era un adolescente en aquella época. Un gobierno socialista, bonanza económica y garitos legendarios. Siempre me han interesado más las películas sobre generaciones que las novelas generacionales. La literatura es un medio más introspectivo que el cine. Películas como Rebeldes, La ley de la calle, Quadrophenia o Sid y Nancy han conformado mi imaginario creativo y visual. Acabo de ver 90´s en el cine de mi barrio. Una película independiente americana que describe la vida de una pandilla de skaters en Los Angeles durante los años 90. Me ha gustado. Musicalmente hablando son la coldwave, la Neue deutsche wellle y el post-punk los sonidos que componen la banda sonora de Ola de frío. Sintetizadores, guitarras eléctricas, bajo, batería y caja de ritmos. La cita del comienzo del libro está sacada de la canción Eisbaer del grupo suizo Grauzone.

Más allá de lo generacional, ¿no crees que el protagonista refleja lo que podríamos definir como la pérdida de confianza hacia el sistema y la pérdida de toda ilusión hacia un futuro?

El protagonista ha perdido la confianza en sí mismo y la noción de futuro es algo totalmente ajeno a él. El sistema ni aparece en esta ecuación. No es un rebelde ni tampoco un nihilista. Hay una canción del grupo de rock radical vasco Eskorbuto que podría definir muy bien al personaje y su estado de ánimo. La canción es Cerebros destruidos y dice lo siguiente: “ Perdida la esperanza, perdida la ilusión, los problemas continúan sin hallarse solución…El pasado ha pasado y por él nada hay que hacer, el presente es un fracaso y el futuro no se ve. La mentira es la que manda, la que causa sensación. La verdad es aburrida, puta frustración…” Como anécdota decir que este grupo tiene una canción titulada Maldito país (España) y otra A la mierda el País Vasco. Ambas les causaron problemas.

¿Podríamos decir que Javier Lacalle refleja un proceso de desclasamiento, el de unos jóvenes que crecieron en los años de la abundancia y se despertaron en los años de los recortes?

La crisis ha marcado nuestras vidas, es innegable, pero la crisis personal del protagonista también hubiera sucedido en una época de bonanza económica. Dicho de otra manera, la crisis no es el detonante de los problemas de Javier Lacalle. Su desánimo es el de una persona que no encuentra su lugar y que está en el proceso de aceptar que es posible que nunca lo encuentre.

¿Cuál ha sido tu experiencia a la hora de comenzar tu carrera como escritor? ¿Crees que se apuesta poco por las nuevas voces y se va sobre seguro?

Hay una tendencia a apostar sobre seguro, principalmente por parte de las grandes editoriales. Pero no sucede lo mismo con los pequeños editores. Cumplen una labor muy necesaria y son los responsables del descubrimiento de las nuevas voces literarias. Un excelente ejemplo es mi editora Cristina Pineda y sus colegas de Tres Hermanas. Personas verdadera y genuinamente comprometidas con la literatura y con los libros en general.

Evidentemente, Ola de frío no se puede definir una novela sobre la drogadicción, si bien está muy presente. ¿Podríamos decir que la droga ejerce aquí el papel de vía de escape, es el modo de compensar, como un opiáceo, la desilusión y la grisura que envuelve la vida de Javier LaCalle?

Sí, es su manera de anestesiarse y de huir de la realidad y de la frustración. Es su medicina, su tratamiento para hacer frente a la tristeza y a la desilusión. Sin embargo, llega un momento en que la droga se convierte en su principal problema y no le queda más remedio que intentar salir de ella.

En una entrevista, afirmabas que te interesaban las novelas sobre Thompson y Fante porque no eran reales, pero sí auténticas. ¿Qué es la autenticidad en literatura para ti?

Para mí la autenticidad es cuando la voz del narrador es imperfecta y no trata de erigirse en una especie de Dios omnipresente y sabelotodo. Acabo de leer Viernes 13 de David Goodis, un escritor de novela negra americano de los años 50. Sus personajes son perdedores empedernidos. El argumento no es excepcional, pero los diálogos y los personajes son extraordinarios. La narración, aunque retrata un medio sórdido y sin esperanza, tiene algo de candidez e ingenuidad. Es el tipo de voz que me interesa, esa que te dice que la vida puede resultar difícil y complicada pero que merece la pena vivirla.

En la novela, Madrid es otro de los protagonistas. La ciudad es reflejo tanto de la crisis del personaje como del tiempo en el que ese vive.

Me considero madrileño y tengo una relación de amor-odio con esta ciudad. Algo de esto se habrá colado en la novela. Madrid es un personaje más del libro y, al igual que el protagonista, no está exento de sufrir cambios y transformaciones.

El cierre de la librería en la que trabaja el protagonista -algo que tú viviste en primera mano- puede leerse como una narración crítica de la ciudad de la gentrificación y de la especulación.

Madrid ha cambiado mucho desde la crisis. Ha perdido un poco de personalidad propia, se parece cada vez más al resto de capitales europeas. Aún es diferente en algunos aspectos y espero que lo siga siendo siempre.

Viviste el cierre de la librería Bandido doblemente armado. Muchas veces se pone el acento en las librerías que cierran y no en las que abren. Cuando ahora, desde París, vas a Madrid, ¿con qué ciudad te encuentras desde un punto de vista cultural?

Madrid es una ciudad con mucha energía, muy española. No se viene abajo fácilmente, es una capital con orgullo y carácter. Hay nuevos locales muy modernos e innovadores con gente entusiasta al frente. Un claro de ejemplo son las librerías Nakama Lib y Amapolas en octubre, ambas en la calle Pelayo.