La túnica del olvido, o el regreso de Occitania

Hits: 311

Enrique Villagrasa escribe sobre "La túnica del olvido", la última novela de Auda Gascón

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

“No sé qué silenciosa guerra vengo/ librando con vosotros,// (…) // huir de vuestra negra luz al alba,/ huir para escribir, tal vez indemne,/ esta imposible irrealidad creada”. Estos son versos de la profesora y poeta tarraconense Nuria Abad Gascón que, tras leer su primera novela La túnica del olvido (Silva) bajo el seudónimo de Auda Gascón, me vienen a la memoria; pues, de alguna manera señalan lo que nos vamos a encontrar en esta historia que se desarrolla en dos tiempos paralelos: siglo XII y XIII, el pasado medieval de aquellos días de fuego y de cruzadas, y en el XXI, o sea en la actualidad. Narración que expone, se pregunta y pregunta ¿si el hombre porque salga de su casa sale de sí mismo? ¿Y si nuestra meta es salir, no será para regresar? O ¿qué hace un triunfador de familia bien catalana del siglo XXI, viajero pero con domicilio en la Barcelona de 2011, quien lee una historia novelada, que encuentra abandona en un banco de un parque de Lisboa y se siente interpelado existencialmente por el protagonista y su aventura vital del siglo XII? Y si en el Medievo hay una adalid amada en la actualidad hay otra. En este texto discurren paralelas las confesiones conscientes sobre el pasado del narrador y las confesiones inconscientes del presente. Todo material para el quehacer demiurgo de la siquiatría más exquisita. Pero hay otras lecturas que están en esta. ¡Vayamos por partes!

Así pues, terminas de leer esta novela, en la que todo el mundo quiere, busca y persigue algo y piensas que por fin se regresa a la novela y uno se olvida de los diarios y dietarios que se publican bajo el nombre de novela y no son nada más que un culto al yo y su marca. Creo que esta maravillosa narración es un homenaje a Occitania, a la cultura, al amor cortés, al gozo y la fiesta, a la vida medieval, a las ciencias y las artes, las religiones y sus (sin)razones; y sobre todo es un homenaje a la poesía medieval y a sus trovadores y juglares. También al presente y futuro del mundo.

Así, pues, la autora valiéndose de las características propias de la novela, la crónica medieval, el relato ideológico y la alegoría narra las actividades del trovador Raimon de Miraval (Miraval-Cabardés, Francia, 1160-Lleida, 1220), o sea sus penas, angustias, aflicciones, congojas, preocupaciones, pesadumbres, tristezas, inquietudes y desventuras; pero sobre todo cuenta sus aventuras, en días de gozo y bienestar, al lado de sus nobles señores y de sus amores: de ellos y de él. En definitiva, cómo era la vida feudal, su existencia, en Occitania, cuando los cátaros y su posterior exterminio, y su reflejo actual de búsqueda en escenarios diversos y muy hechizantes: Toulouse, Tolosa; Poboleda en la comarca catalana del Priorato en la provincia de Tarragona, Barcelona, Monserrat, Artiga de Lin (Valle de Arán) y San Juan de la Peña, entre otros. Teniendo siempre en cuenta que hay una realidad histórica y una realidad en la ficción.

Que esta es una novela de amor, de vidas paralelas, queda claro hasta en la metáfora del título, pero es también una novela de huidas y regresos, de encuentros y desencuentros, encarnaciones y desencarnaciones, de música culta de aquel tiempo hasta la de ayer, como el Requiem de Brahms. Así es esta aventura existencial: un continuo naufragar, se esté en el siglo XII o en el XXI, en un pueblo con o sin castillo, en una ciudad o en una metrópoli. Pero, mientras haya amigos, amantes, que te recuerden desde cualquier esquina del verso se está presente y/o se regresa a ella, a la vida: a esa vida unas veces trovadoresca y otras juglaresca. Y, desde siempre las personas andamos buscando el camino de casa, relatado ya desde Homero en su gran poema épico, la Odisea, vistamos con una ‘túnica’ u otra: en este caso ‘túnica’ es la encarnación terrena: los cátaros creían en la reencarnación de las almas. “Siempre querían tener un buen final para estar más cerca de Dios en su siguiente ‘túnica’, Stephen O’shea dixit (Los cátaros: La herejía perfecta; Ediciones B, 2015; traducción de Juan Soler)

Si de por sí, esta ya es una apasionante trama, con un orden perfecto narrativo, en ella debe destacarse la admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva, reconstrucción que no se detiene en lo exterior sino que ahonda en las formas de pensar y sentir del Medievo, como la secuencia Fibonacci de Leonardo de Pisa. Esta novela es una narración que emerge ágil y equilibrada, que atrae desde el principio y pocas parecen las 250 páginas que tiene. Te engancha y te mete en la trama, tanto cuando cuenta la vida de Raimon, y sus enamoradas Rainbauda y de la Loba (¿tal vez hermanas?), personaje principal que brilla por su lucidez, e ideas geniales en ese tiempo tan extraño. O cuando a la par relata la experiencia de Eudald-Guilhem, un ingeniero y piloto de aviación comercial, aprendiz de detective en búsqueda constante de no sabe qué, o sí lo sabe y no lo quiere reconocer, y finalmente novicio; quien se siente llamado por el trovador Miraval, como ya hemos dicho, en este siglo XXI, y quien necesita de los servicios de Mirábilis, una pitonisa moderna, diríase, con la que se intercambian correos electrónicos. Además hay un número, el 32, el que representa las emociones y la creatividad, que ronda y de qué manera a Eudald-Guilhem.

Auda Gascón ha logrado con esta novela que la historia de esa época quepa en una cumplida, justa y necesaria, metáfora de realidad y leyenda. Con un lenguaje, cuya brillantez subyuga al lector, con ráfagas de humor e ironía, que asombran por su precisión poética, hasta en las explicaciones filológicas o matemáticas. La acción va tramando y trazando caminos entre los dos niveles del relato, creando una curiosa galerna entre el pasado y el presente, que parecen pertenecer a los mejores territorios del mito. Y dentro de este ámbito literario, con mucha más realidad que los hechos concretos descritos, narrados, la autora: toda ella es literatura, nos hace conocer a personajes de impecable identidad, originales, tiernos, duros, necesarios, inscritos en la mejor tradición de la novela medieval, como el obispo católico, trovador y poeta Folquet de Marsella (1150-1231) o el ingenioso trovador occitano de Toulouse Pèire Vidal (1175-1205), entre otros cortesanos. Novela perfecta, rebosante de nobleza por doquier. Además de una novela policiaca excepcional, con el protagonista haciendo de aprendiz de detective Guilhem y el profesional Vitriolli, que se desarrolla en la actualidad (2011), con desenlace futurista sorprendente.

Esta es pues la obra maestra, erudición por doquier, de Auda Gascón, licenciada en Filología Catalana e Hispánica, autora de distintos poemarios y de una novela corta (todas las obras escritas en catalán), quien conquistará con esta su novela mayor tanto al lector castellano como al catalán; la novela está publicada en castellano y catalán. ¡No dejen de leerla en un idioma u otro, lo agradecerán, es un buen regalo para el cerebro! ¡Estoy seguro de que tanto Chrêtien de Troyes como Jean Frissart y Umberto Eco estarían encantados con esta novela tan medieval y detectivesca!