Carmen Martín Gaite: una escritora de cuento

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La editorial Siruela publica los cuentos completos de Carmen Martín Gaite en una edición de José Teruel

 

 

 

 

Texto: DAVID VALIENTE JIMÉNEZ

 

Los mundos borgeanos se desarrollaron dentro de un marco literario muy concreto, el cuento. Borges pensaba: “Creo que los cuentos de hadas, las leyendas, incluso los cuentos verdes que uno oye, suelen ser buenos porque, a medida que han pasado de boca en boca, se los ha despojado de todo lo que pudiera ser inútil o molesto.” Las novelas las leía con vehemencia pero consideraba que muchas de las parrafadas que las componen no eran más que paja y artificio literario sin un fin teórico, un mero trabajo del ego artístico. Los cuentos, para Borges, eran la expresión literaria por excelencia, ya que habían logrado la perfección.

No sé si estar de acuerdo con el maestro (tampoco mis paupérrimos conocimientos literario me permiten cuestionarle); sí me atrevo a afirmar que la recopilación de cuentos, Todos los cuentos, de Carmen Martín Gaite, hecha por la editorial Siruela, horadan los sentimientos de los abandonados. Con un estilo que marca a la perfección la distancia entre el narrador y los personajes, Gaite construye, mediante una mezcla de géneros literarios, su propio mundo. Nos demuestra cómo el cuento rompe barreras y tiende puentes, pues la forma de narrar se amolda con facilidad a un lenguaje teatral (Sibyl Vane), al ensayo (Flores malvas), a la novela corta (El pastel del diablo), y también la poesía gracias a un uso del lenguaje tan vivo que las imágenes son pura fuerza recreativa de la realidad en la mente.

En los mundos de Martín Gaite, los personajes conviven con la soledad y la resignación. Caminan por las avenidas sin saber dónde ir, buscando con los ojos vacios esa esperanza que a veces inconscientemente vemos reflejada en un sencillo símbolo o en la reacción de una persona que nada tiene de especial, pero que para el solitario caminante, compone el armazón de amianto de su sentir: “Lloraban largamente los ojos de Mercedes, sintiendo la compañía de aquellos otros del espejo, que por fin la habían reconocido”, leemos en el relato la oficina. Pero si la soledad no fuera ya de por sí un mal suficiente, los personajes de Martín Gaite dormitan, trabajan, se relacionan con otras personas, o simplemente lloran, dentro de un mundo hostil, moderno, donde con desgarro enconado, el hombre tiende a agonizar entre luces de neón y asfaltos alquitranados: “Se deja escurrir hasta quedar sentado en el balcón con las manos cogidas a los hierros; mira las luces movedizas del bulevar como desde una jaula alta. Luego retrocede hasta apoyarse en el muro de la fachada, se abraza las rodillas y esconde la cara en los brazos.”

Sus historias son casi siempre trágicas, pero quizás el lector duro de corazón no sentirá ninguna pena por sus personajes, pues todos ellos cuentan con un don, cada vez menos común, la intuición. Intuyen la salida, la ven, la oyen, incluso la palpan y, sin embargo, pero el miedo no les permite rozarla siquiera con la yema de los dedos. Son cobardes, seres que viven en la frustración causada por el deseo de huir y la incapacidad de hacerlo.

El tiempo pasa para “echar nuevas imágenes encima y todo se borrará”. Al mismo tiempo, el presente, trascendental y anodino nos hace evolucionar para luego quedarse anquilosado en el pasado o regalarnos desvelos en el futuro. Por mucho que pase el tiempo, la vida seguirá su curso, desempeñará la labor de tejedora de una cortina tenue que separa nuestra mirada de la imaginación del otro.

Sin embargo, a pesar del cuadro fatalista, en los cuentos de Martín Gaite hay espacio para cosas tan elementales y deseadas como la amistad y la fidelidad:

 

“Camino adelante, camino de la muerte.

El perro le siguió” (Historia de un mendigo).

Según José Teruel, prologuistas del libro, los cuentos de Carmen Martín Gaite no tienen una enseñanza especial, no pretenden ser moralizantes o acaparar una tendencia de cualquier pensamiento; una lectura en profundidad, aparte de haceros disfrutar, os permitirá sacar lecciones de vida que podréis o no usar, eso es elección vuestra.