Pedro Mairal: el escritor ligero

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David Pérez Vega reseña Maniobras de Evasión (Libros del asteroide), un texto híbrido en el que Pedro Mairal recoge diferentes textos ensayísticos y biográficos.

 

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

Ya he contado, en más de una ocasión, que Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) es uno de mis escritores latinoamericanos vivos favorito. Así que cuando vi que Libros del Asteroide publicaba un nuevo libro suyo me apeteció leerlo y se lo solicité a la editorial para hacer una reseña. Ya de paso, les pedí también su reedición de Una noche con Sabrina Love, que leí hace ya casi veinte años y que me apetecía releer. También fui a la presentación madrileña de Maniobras de evasión, que tuvo lugar en marzo de 2019 en la Casa de América. Aquí Mairal contó algunas anécdotas contenidas en el libro y algunas más sobre su existencia.

Maniobras de evasión recoge textos que fueron encargados y publicados por revistas, así como textos que aparecieron en un blog que llevaba el autor y que se llamaba El Señor de abajo; otros textos se han escrito directamente para este libro. Maniobras de evasión ha sido editado por la escritora Leila Guerriero. Según contó Mairal en la presentación, Guerriero iba eliminando textos que Mairal quería que entraran en el libro, pero que a ella –que era la editora y seleccionadora– no le convencían. Además, Guerriero le proponía a Mairal que escribiera nuevos textos para dar más cuerpo a algunos de los temas que se desarrollaban aquí.

Si bien no existe una división temática de los textos contenidos en Maniobras de evasión, si que se pueden identificar varias obsesiones temáticas. En primera instancia (después de una introducción sobre las dificultades que encuentra Mairal para tener continuidad a la hora de sentarse a escribir narrativa), se habla de la infancia, adolescencia y primera juventud. Así el volumen se abre con textos evocadores, que acaban dando una imagen entrañable y muy humana del autor, quien nunca habla de sí mismo con complacencia. Mairal de niño se sentía bajito, débil, lampiño…, un niño para el que jugar al rugby se convierte en una simulación, ya que su máxima premisa era entonces alejarme lo más posible de la pelota. Esta historia de la infancia la traslada, en el párrafo final, a su vida adulta, para concluir: «Hago como que corro con todos, pero siempre me siento al margen, soñando otra cosa, nunca me creo la vida, ese juego tan raro que practican los demás.» (pág. 21). En general, los textos de Maniobras de evasión están coronados por un gran remate, como si todo el artículo funcionara para el broche final, para que lo contado logre elevarse en una pirueta definitiva, que crea una sensación de nueva lectura sobre lo leído. Uno de los momentos más íntimos del libro es cuando Mairal nos habla de un accidente de autobús que sufrió con dieciocho años, en un viaje escolar, al sur de Argentina en el que murieron los dos chóferes que les acompañaban, al salirse de la carretera y acabar en un barranco. «Nunca había contado esto pero hoy es un día de viento y el toldo rojo que improvisé en el balcón para proteger mi escritorio del sol flamea como una bandera. La bandera que dice que estoy vivo y que lo puedo contar.» (pág. 45). Un texto muy divertido es el titulado El sobrino de Bioy, donde Mairal nos habla de lo que supuso para él ganar el premio Clarín, a los veintiocho años, con su primera novela, Una noche con Sabrina Love. El jurado del premio estaba compuesto por escritores tan reputados como Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Fue extraño para el joven Mairal recibir tanta atención de golpe, una atención llena de equívocos y de presiones. Contrasta con este texto otro titulado La poesía del hombre invisible, donde Mairal escribe sobre los primeros talleres literarios a los que asistió y recuerda a Grillo, su mentor. Además nos hablará de Mermet, un amigo de Grillo, que durante toda su vida escribió con ahínco poemas, pero que nunca hizo el intento de publicarlos, y de cuya obra Mairal y unos compañeros de taller se sienten herederos. El tema de la adolescencia y la juventud acaba en el delicado y adulto tema de la madre, que va perdiendo la memoria y la capacidad del habla.

Algunos textos del libro, como Babas del diablo o Desde el camión son encargos de periódicos o revistas, en la que estas publicaciones proponen a Mairal visitar en el primer caso un convento de clausura y en el segundo acompañar a un camionero en su ruta. Toda la personalidad y la gracia de Mairal contando están aquí, igual que en otros textos más intimistas, y no desentonan para nada. Se leen como narraciones muy amenas. «Me entregué a lo que me fueran deparando las propuestas de artículos, notas y columnas. ¿Te animas a subirte a un camión de carga para ver cómo es esa vida en la ruta? Me animo, creo que me voy a morir pero me animo. Pedro, ¿te escribirías diez mil caracteres sobre por qué nos gustan las mujeres maduras? Sí, ¿cuándo cierra? No tenía ni idea a quién apelaba ese “nosotros”, nunca me había puesto a pensar tan específicamente en las mujeres adheridas a ese adjetivo de frutería y sin embargo escribía y me salían cosas inesperadas.» (pág. 106) Aceptar este tipo de propuestas hace que otro de los temas del libro sea el sexo, en gran parte debido a que Mairal aceptará los encargos de hablar en un artículo sobre «tetas» y en otro sobre «culos». Son textos juguetones, divertidos, que buscan la complacencia masculina. Diría que para el gusto actual podrían pasara por machistas. No es que desentonen con el conjunto, porque la escritura de Mairal, en gran medida, tiene que ver con el sexo, pero me han gustado menos que otros, porque me parecen textos más limitados, aunque acaban hablando de otros asuntos, que meramente de «tetas» y «culos», y siempre se haga desde el humor. «La novela que no estoy escribiendo estos últimos meses es una sucesión de imágenes de la periferia de los congresos literarios, la espalda de las charlas de las ferias del libro, eso que pasa en las combis y en los aviones que llevan y traen a los autores, lo que se ven en los aeropuertos, o en la televisión del hotel, o en las escapadas exploratorias entre dos mesas redondas por las calles nuevas.», leemos en la página 15, y éste es otro de los temas de Maniobras de evasión. Mairal escribe sobre la trastienda de los viajes literarios, a Puerto Rico o a Cambridge, por ejemplo. A raíz de este tema también habla de fiestas y sexo, de sus conquistas o calabazas sexuales. Acaba pisando aquí un territorio resbaladizo sobre el escarnio personal, que por su exposición de lo intimo, entre el tono humorístico y autoburlesco, hacen destacar a estas páginas. De hecho, las burlas que hace sobre su condición de macho desactivan la posible lectura en clave machista.

Otro de los temas es la relación del autor con la escritura. Como ve que los plazos que le imponen las revistas o los periódicos para que entregue un texto acaban siendo motivaciones para él, en detrimento de la escritura creativa, sobre la que nadie le impone plazos que parece necesitar. También reflexiona sobre el peligro que supone para él la banda ancha de internet, que le impide concentrarse en la escritura creativa. «Llevo cinco años escribiendo en internet, trabajando no sé si para mí, o para Google o para Blogger.com. Y eso me cambió el paradigma de la comunicación de la escritura, la idea del lector, la idea de mí mismo como autor.», leemos en la página 11, cuando Mairal habla de su escritura en blogs bajo pseudónimo.

Me comentaba un lector, en Facebook, que había temido que este libro misceláneo fuese una operación comercial tras el éxito de la novela La uruguaya, pero que después de leerlo le había sorprendido gratamente. Lo cierto es que mi disposición hacia el libro fue buena desde el principio, Mairal es uno de mis autores actuales favoritos y pensaba que su libro me iba a gustar, como así ha sido. Aunque, como es lógico, en Maniobras de evasión hay textos con lo que he conectado más que con otros, me ha parecido un libro coherente (sobre todo gracias a su voz narrativa uniforme) y que muestra a un Mairal intimista y desnudo. En gran medida, los textos de Maniobras de evasión son confesionales, y el impudor con que están escritos crea una verdadera sensación de cercanía entre autor y lector. Además Mairal escribe aquí con esa aparente ligereza de sus novelas y consigue escribir páginas profundas y literarias. Sin sensación de libro menor, Maniobra de evasión engrosa con significación propia la escasa lista de títulos (siempre valiosos) del autor.

 

 

Algunas ideas de Mairal que me han gustado:

«No me gustan los textos sobreexplicados, la profundidad explícita. (…) Yo prefiero pasar por superficial, pero teniendo en cuenta que en la superficie aflora lo profundo de la vida. Y hasta diría que no existen los autores profundos sino los lectores profundos.» (pág. 26) 

«Aunque hay autores que confrontan al lector, y lo hacen bien, yo prefiero ir desplegando las escenas delante de los ojos, a la par del lector, sin obstruir el paisaje, prefiero hacerme a un lado, quedar hombro con hombro, escribir como quien va manejando un camión y lleva al lector de acompañante.» (pág. 117)