Boquitas pintadas: la experimentación de la segunda novela

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Hoy, David Pérez Vega recupera la segunda novela de Manuel Puig, Boquitas pintadas

 

 

 

Texto: DAVID PÉREZ VEGA

 

Cuando reseñé La traición de Rita Hayworth ya comenté que junto con este libro compré en 2006 Boquitas pintadas de Manuel Puig (General Villegas, Argentina, 1932-Cuernavaca México, 1990), pero que, como no me había acabado de convencer en aquel momento la primera novela de Puig, no me acerqué a la segunda. Así que Boquitas pintadas ha permanecido en mi montaña de libros sin leer durante más de una década. Tal vez fue una pena no leer este libro en 2006, porque me ha gustado más que La traición de Rita Hayworth y quizás habría supuesto mi reconciliación inmediata con Puig. O tal vez ahora ha sido el momento más adecuado para leer Boquitas pintadas que, lo digo desde ya, he disfrutado bastante.

Sólo un año separa la publicación de la primera novela de Puig, La traición de Rita Hayworth (1968), de la segunda, Boquitas pintadas (1969), pero intuyo que ambas se escribieron durante un periodo de tiempo largo (La traición de Rita Hayworth se presentó al premio Biblioteca Breve de 1965) y que la buena recepción de la primera facilitó la publicación de la segunda. La acción de Boquitas pintadas nos traslada de nuevo a Coronel Vallejos, un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, donde también transcurría la acción de La traición de Rita Hayworth. Coronel Vallejos es un trasunto, poco disimulado, del pueblo natal de Manuel Puig, General Villegas.

Boquitas pintadas se abre con una nota de prensa: en ella se da cuenta del fallecimiento de Juan Carlos Etchepare en su natal Coronel Vallejos, el 18 de abril de 1947, a la edad de veintinueve años. A continuación el lector podrá acercarse a las cartas que Nené Fernández escribe a la madre del fallecido. Nené fue novia de Juan Carlos una década atrás y ahora, casada en Buenos Aires y con dos hijos, al leer la noticia sobre la muerte de su antiguo amor empezará a recordar aquella época de felicidad pasada en Vallejos. Pronto empezará a tomar a doña Leonora –la madre de Juan Carlos– como su confidente y le empezará a hablar de la sensación de fracaso matrimonial que la acecha. Si bien el lenguaje de la nota de prensa inicial era pomposo y grave, Nené en sus cartas parece que imita el estilo de las novelas folletinescas que escucha en la radio.

Puig denomina a los capítulos del libro con el encabezado de «entregas», dando a entender que escribe influido por la narrativa popular, sobre todo por los folletines. Lo cierto es que Puig en esta obra hará un uso continuo de recursos en apariencia procedentes del mundo de la baja cultura, pero los hará trascender gracias a la ironía. Tras las palabras escritas en las cartas de Nené, un narrador impersonal describe lo que hace Nené. Por ejemplo, en la página 15 leemos: «Cierra el sobre, enciende la radio y empieza a cambiarse la ropa gastada de entrecasa por un vestido de calle». Son anotaciones similares a acotaciones teatrales o a las que se pueden encontrar en un guión de cine. Puig quiso ser cineasta antes que escritor y, además de estar influenciado por las artes narrativas populares, también lo está por el lenguaje propio del cine. Igual que en la «Primera entrega» y en la «Segunda entrega», donde aparecían las cartas de Nené, el lector se acercaba a las acotaciones teatrales de los movimientos de Nené, en la «Tercera entrega» el narrador describe, de la misma forma aséptica, las fotos que Nené guarda en un álbum.

Puig nunca juzga a sus personajes, las anotaciones que corresponden al narrador son puramente funcionales. No hay ironía en ellas, ni condescendencia, ni aprobación. Todo esto tendrá que encontrarlo el lector en las palabras que se desprenden de forma directa de los personajes. De hecho, parece que Puig, en Boquitas pintadas, está buscando situaciones de la vida cotidiana en las que los personajes usen de forma real y constatable el lenguaje. Por eso, igual que en La traición de Rita Hayworth, aparecen aquí muchos diálogos sin ninguna acotación. Pero, sobre todo, lo que parece estar buscando el autor es reflejar el habla de los personajes cuando tienen que escribir. Además del recurso de las cartas nos encontraremos, por ejemplo, con unos recortes que Nené tiene guardados de una revista: en ellos, mediante un pseudónimo, Nené ha escrito al consultorio sentimental de la publicación para hablarle de su amor por Juan Carlos y recibir los consejos de una experta desconocida.

En la página 49 el lector llega a un capítulo titulado «Agenda 1935», donde podrá leer algunas anotaciones que Juan Carlos hace sobre su vida cotidiana. En estas anotaciones hay faltas de ortografía, algo que aparece por primera vez, puesto que Nené, a pesar de imitar el lenguaje de los folletines, escribe sus cartas con corrección. Así, por ejemplo, se puede leer: «Domingo 19, San José. Milonga en el Club, convidé a Pepe y a los hermanos Barros, dos bueltas. Me la deben para la próxima». Cartas entre personajes, notas del periódico, cartas al consultorio sentimental del periódico, esquelas en las coronas del cementerio, atestados policiales… como ocurría en la novela Drácula de Bram Stoker, donde todos los personajes llevaban un diario, Puig quiere acercar al lector a aquellas situaciones en las que las personas corrientes escriben. Cuando Puig es el narrador, como ya he dicho, usa técnicas como las acotaciones teatrales o cinematográficas, además de cuestionarios similares donde un narrador contesta qué hacen o sienten los personajes que se enfrentan a unos mismos acontecimientos. En más de un capítulo se citan letras de tangos, escritas por Alfredo Le Pera y cantados por Carlos Gardel. Los personajes escuchan estos tangos o novelas de la radio, cuyo argumento le llega narrado al lector por alguno de los personajes.

Juan Carlos es un joven aquejado de tuberculosis. También es un crápula que malgasta su tiempo en el Club jugando a las cartas, y que no siente mucho interés en prosperar trabajando, a no ser que, gracias a su encanto, consiga algún puesto privilegiado. Además es un joven atractivo que lo sabe y ejercerá de Don Juan, a pesar de ser un Don Juan aquejado de una enfermedad grave, cuya existencia él trata de negarse a sí mismo. Si bien la historia empieza una vez que Juan Carlos ha muerto, la trama principal nos lleva a una década antes, cuando en Vallejos Juan Carlos estaba ennoviado con Nené, pero también se veía con Mabel, la amiga de Nené, además de con una viuda mayor que él. Otro personaje importante será Celina, hermana de Juan Carlos, y amiga de Nené y Mabel. Juan Carlos tendrá que irse a Cosquín, un pueblo de la sierra de Córdoba, para tratar de curarse de su enfermedad. Desde el sanatorio le escribirá cartas a Nené y el lector podrá acercarse a ellas. En realidad, el lector se acercará a los borradores de las cartas de Juan Carlos, y tendrá que leerlas con faltas de ortografía, aunque sabe que Nené las leerá sin ellas, ya que antes de mandarlas, Juan Carlos se las pasará para que las corrija a otro interno del sanatorio con más cultura que él. Me gusta el recurso, aunque implica un trato un tanto cruel de parte de Puig hacia su personaje.

En la «Undécima entrega» se usa también un recurso muy propio de La traición de Rita Hayworth: la transcripción de un monólogo interior en el que habla Raba, una sirvienta que será seducida por un obrero, y tendrá que tener sola a su hijo porque su amante Pancho (un amigo de Juan Carlos) no quiere reconocerlo. Don Juan, la sirvienta engañada… Puig se sirve de recursos propios de la narración popular, pero los hace trascender totalmente. En Boquitas pintadas queda reflejada una época, con sus mitos (del cine, de la música, de la radio…) y todas las pulsiones subterráneas de una sociedad provinciana: el deseo, las costumbres, el qué dirán, el chisme, el racismo, el clasismo…Me percato de que Manuel Puig ha influido sobre uno de los autores argentinos más reputados ahora mismo: César Aira.

Me ha gustado bastante más Boquitas pintadas que La traición de Rita Hayworth. Boquitas pintadas es un libro más maduro, Puig ha ensayado recursos en su primera novela que han acabado de cuajar en la segunda. Aquí la trama tiene más peso en la construcción y el final está muy bien enlazado con el comienzo. Boquitas pintadas es una destacada novela argentina de la segunda mitad del siglo XX. Tengo ganas de seguir con las siguientes novelas de Manuel Puig.